Snow no es ningún desconocido. Se trata de alguien que fue editorialista del diario The Washington Times, portavoz de la ultraderecha norteamericana, y en los últimos años ha tenido espacios de contenido político estelares como conductor en la televisión y la radio de la cadena Fox, poderoso consorcio que dirige el multimillonario Rupert Murdoch. Tanto The Washington Times como la cadena Fox han figurado en los últimos años entre los grandes medios de comunicación norteamericanos que, alejados de la más elemental ética del periodismo, han sido convertidos en maquinarias de intoxicación mediática. Cada mentira salida de la Casa Blanca y del clan Bush, desde el fraude electoral del 2000 hasta el pretexto de las armas de destrucción masiva para lanzar la guerra en Iraq, han tenido eco y defensa en esos medios de los que proviene Snow.

Pero hay algo más sobre Snow que lo retrata de cuerpo entero: entre 1991 y 1993 fue redactor de los discursos del presidente George Bush padre (del actual inquilino de la Casa Blanca y del pensamiento neoconservador y fascista del grupo que hoy está instalado en la Casa Blanca). Snow, con tales antecedentes, no puede representar ninguna nueva voz. Es la misma voz e imagen. El retoque de esa voz y esa imagen, que ahora tratan de conformar, incluso presentándolo como capaz de discrepar con las políticas y acciones del actual Presidente de los Estados Unidos, sólo podría engañar a gente ignorante o poco avezada en política.

Snow, con modales suaves o fuertes, palabras mesuradas o despiadadas, representa, en definitiva, la ideología e intereses de los Bush y sus allegados, todos vinculados al negocio del petróleo y a la industria de la guerra.

La tarea que tiene ahora Snow no es para deseársela ni al peor enemigo. Porque defender los designios mesiánicos y megalómanos de Bush y sus seguidores es como intentar arar en medio de un océano. Ante la población norteamericana, la popularidad de Bush ha ido descendiendo, descendiendo y descendiendo. Las mentiras sobre las invasiones y guerras en Iraq y Afganistán, de la lucha antiterrorista y del desamparo a las víctimas del ciclón Katrina, durante su paso por el sur de Estados Unidos, y posterior a tal desastre; la situación de los millones de inmigrantes que empiezan a tomar las calles de importantes ciudades en protesta por las violaciones de sus derechos humanos; las medidas de terror y represión implantadas para intentar justificar las guerras genocidas en otros rincones del mundo; el desconocimiento a la Constitución y a las propias leyes de Estados Unidos; el no acatamiento de la Carta de las Naciones Unidas y a las convenciones y normas del derecho internacional, en fin, todo eso ha conducido a la actual administración estadounidense a un descrédito nacional y mundial.

Qué sepamos Snow no es ningún mago. Se trata, como ya vimos, de alguien que ha formado parte de la corte de editorialistas, comentaristas y supuestos eruditos que han usado su voz y su pensamiento durante muchos años para vitorear y aplaudir al clan Bush y sus mensajes neoconservadores y fascistas en nombre de la libertad, de la democracia y de la civilización.

Dicen los cables que otra tarea que debe resolver Snow es “los conflictos entre la prensa y la Casa Blanca que no son pocos”. No sabemos, en realidad, a qué conflictos se están refiriendo, porque la complicidad de los grandes medios de comunicación de Estados Unidos con las mentiras y las políticas de la administración Bush han sido un verdadero escándalo. Quizás se refieren a los conflictos originados por las restricciones que sufren los periodistas a la información, lo cual les impide hacer un periodismo de investigación. O a las prácticas de Bush de sobornar a comentaristas para que alaben su gobierno. O tal vez a la industria de noticias favorables al gobierno distribuidas y bien pagadas a los medios por distintas agencias gubernamentales. En fin, a las acciones de los neoconservadores y fascistas que constituyen una mancha y desacreditan el periodismo en Estados Unidos, lo que ha llevado a una creciente falta de credibilidad.

Snow ha dicho “Bush lo que necesita es una defensa vigorosa de su posición”.

Si logra convertirse en el primer ser humano que ara en el mar o si tiene un arma mágica secreta, tal vez alcance defender lo indefendible. Bush y el fascismo, es decir la barbarie, son indefendibles.

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