¿Los elogios de donde vengan?

La candidatura sí es mejor que la de A. Navarro no porque Gaviria sea un liberal muy cercano de la socialdemocracia e inspiradora del Estado Social de Derecho. Gaviria no lo niega y esto hace la diferencia. Sabemos lo que es, en cambio, de Navarro sabemos quién es, pero no qué es ideológica ni políticamente.

Por otra parte, lo que resulta sospechoso son los elogios de la derecha, del neoliberalismo, de los partidos tradicionales, y de la gran prensa. Sería estúpido hacerle coro a quienes lo acusan de ser vocero del terrorismo. Seguros de la victoria de Uribe, no desaprovechan la oportunidad de constituir su candidatura en prueba del carácter democrático de la contienda electoral y al mismo tiempo dedicarse a dar consejos a la izquierda sobre qué es lo que debe hacer. ¿Buscan asegurarse el contendor que más les conviene? Es evidente que en el caso de Lucho Garzón celebran sin cesar su inocuidad. Se comprobó que no era un peligro, afirma el editorial de El Tiempo del domingo 9 de abril. ¡Es el triunfo de la “izquierda moderada” supuestamente “moderna”!

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Siempre han insistido en la pugna entre los moderados y los radicales, representados estos últimos por Petro. Pero éste apoyaba a Navarro, candidato del PDI que a su vez respalda a Lucho, y Gaviria, de Alternativa Democrática, es lo menos parecido a un fundamentalista radical. Pero en realidad, la disputa en la coalición del Polo, es la tentación Serpista, aunque sí es cierto que algunos quieren conseguir dividendos personales con la imagen de “izquierda moderada”.

No despreciar la ventaja

No deja de ser una ventaja la positiva actitud de esos medios. En un pasado no tan lejano, los medios crearon un clima favorable para el asesinato de candidatos presidenciales y el genocidio de la Unión patriótica y otros movimientos de izquierda. Por lo menos, en esta ocasión, no se lo macartiza, ni se le declara la guerra del silencio. Si como se dice, “los electores son los medios de comunicación”, esta vez, a la Gaviria no le toca bajarse los pantalones para armar un escándalo mediático.

La vía de la construcción desde abajo, de un movimiento político combativo lograría imponerse, sin los medios de comunicación, pero en la Colombia actual el palo no está para hacer cucharas. Por fuerza hay que acudir a los medios y la campaña electoral, desde arriba, para tratar de cambiar tal situación. Por lo pronto parece que Gaviria está superando el obstáculo del silencio y la escogencia de Patricia Lara le da un espaldarazo adicional.

¿Y por qué es el mejor candidato?

Carlos Gaviria es claro desde su mensaje inicial. El gobierno de Uribe representa la conquista de la hegemonía política por parte de los terratenientes y políticos paramilitares, desde luego con el respaldo de la cúspide del gran capital. Frente a este engendro, Gaviria postula la recuperación del Estado de Derecho. Porque no cree que así exista democracia de verdad considera prioritario luchar por esos liberales derechos fundamentales y reivindicar la soberanía nacional. Otro tanto sucede con la exclusión, a punta de miseria, de más del 50% de la población. La materialización de los derechos económicos y sociales sigue siendo una gruesa deuda pendiente en este país.

Gaviria representa así, la personificación opuesta a la figura de Uribe. Excelente contraste en una campaña electoral donde lo que se pretende es legitimar un confuso proceso donde la justicia, la pena, y la reparación han perdido el norte de un Estado de Derecho. Ese es el mínimo común denominador aceptable en el mundo, en muchos sectores proclives a apoyar la paz en Colombia e incluso a diversos sectores “apolíticos”.

Pero lo más importante es el mensaje para amplios sectores de la población de que la política tiene razón de ser, cuando de problemas de fondo se trata y no de alardear maniobras electorales y triquiñuelas neoliberales, bajo el disfraz de “independientes”. Oportuno es romper el círculo vicioso del escepticismo y el clientelismo, y volver por los principios centrales de una democracia en trance.

Trampas de la virtud

Enfrentar el “mesianismo” y la des-institucionalización personalista obliga a volver por lo procedimental, a recuperar el imperio de la Ley y la Constitución. Gaviria insiste en que no se le pida lo que el país se ha vuelto endémico, es decir, a saltarse con una sonrisita cínica todas las normas que la juridicidad y la ética imponen.

Está bien que así sea, pero en temas cruciales como el Tratado de Libre Comercio, la Ley de “Justicia y paz”, la negociación política del conflicto armado, el Plan Colombia y otros, no basta con revisar, con morigerar las consecuencias y con consultarle a la población. El criterio de respetar el imperio de la Ley reza con sus convicciones, pero lo que la gente espera del candidato es que fije sus posiciones políticas de manera contundente y en consecuencia formule alternativas congruentes. Que exprese los términos de un programa sustancial y su voluntad por ejecutarlo.

El paso inmediato

Ya es la hora de aparezca un programa de reformas sustanciales que sería el contenido más importante de esta breve campaña electoral. De lo contrario, las virtudes de esta candidatura quedarían truncas si no se logra instalar en la mentalidad del pueblo colombiano una opción por la cual valga la pena luchar ahora y en el futuro. Este sería el eje del propósito actual de repolitización.

Se sabe que hay grupos de intelectuales que están trabajando en ese programa y no es posible que se les escapen algunas líneas fundamentales reivindicadas por los movimientos sociales. Por ejemplo: a) Transformación radical de la política exterior. Económica y política. Equivale a cortar con la dependencia actual de los Estados Unidos y mirar hacia otras latitudes comenzando por Latinoamérica. Implica replantear las relaciones con el FMI y la Banca Multilateral. Y un viraje en la política de endeudamiento (en este caso, también el interno). b) Reforma agraria integral y popular que incluya un reordenamiento territorial. Tiene en cuenta las reivindicaciones de los pueblos indígenas y los afrodescendientes y consideraciones de respeto al medio ambiente. c) Construcción de un verdadero sistema de seguridad social. En salud, pensiones y derechos de los trabajadores. Equivale a derogar y reemplazar la ley 100, las de reforma laboral y otras. d) Reforma urbana que implica una política de vivienda y de regulación de los servicios públicos. e) Una política estatal activa de creación de empleo.

Esto conlleva dos consecuencias importantes: 1.- el cambio de la política macroeconó-mica hoy neoliberal. 2.- abre un terreno propicio para la negociación con la insurgencia armada. Ofrecer estas reformas, con fuerza y decisión, puede levantar una escandalera, pero contribuye a darle claridad a un país que le han tratado de meter en la cabeza que el asistencialismo neoliberal es el territorio de la izquierda juiciosa.


La puñalada a la Comunidad Andina de Naciones

Las palabras del presidente venezolano Hugo Chávez han levantado una polvareda genial. Los comentaristas más moderados alegan que la frase sobre el TLC como puñalada a la CAN es simple subterfugio de Chávez para justificar su fuga hacia el Mercosur. La verdad es que el atractivo político que le plantea la Venezuela chavista ese eje de países que se liberaron de la coyunda del FMI no es despreciable. Pero tampoco es mentira que el TLC negociado es mortal para la CAN. ¿Qué industria andina puede ponerse en pie con el libre ingreso de manufacturas USA?

Hasta el día de hoy, ningún país emergente en la historia contemporánea ha podido hacer la demostración contraria. Para empezar, los campeones del proteccionismo durante siglo y medio: los Estados Unidos. Si esa es una verdad de puño, la otra es que Uribe y Toledo han firmado el TLC con profundas convicciones políticas, sin la menor consideración con la CAN y menos aún por la perspectiva latinoamericana.

¿Convicciones políticas de qué? ¿De desmontar el narcotráfico? ¿De derrotar a la insurgencia colombiana? ¿De aislar a Chávez? El clamor en los medios de que para lo primero y lo segundo la estrategia USA de la guerra y la represión están equivocadas, ¿entonces, en qué piensan? Quizá en aislar a Chávez, pero esto significa empujarlo hacia el Mercosur y de paso perder el dinámico mercado venezolano. Además, ¿las manufacturas livianas de Colombia podrán competir con las chinas en el mercado Usa, para resarcir la pérdida? Ya se sabe que no. De granos ni hablar porque los Usa nos convierten en importadores de sus granos subsidiados. En conclusión, no solo hay puñalada a la CAN, sino la apertura de un futuro económico sombrío, que bien puede meterle combustible al conflicto armado y a la inestabilidad política.