Estimaciones para saber cómo salir de casa, qué ropa ponerse, cuándo cruzar la calle, cuánto dinero llevar, qué hacer con los veinte minutos que te regala Metrovías. Cuántos trabajos para sobrevivir, dos salarios en blanco (1.100 pesos promedio), o tres si es cuentapropista (630 pesos promedio), o cerca de seis si trabaja en negro (390 pesos promedio).

Estimaciones naturales, las menos; sociales y culturales, la mayoría. Todas de apariencia cierta y espontánea. Muchas veces a la hora de estimar, paso previo a escoger una alternativa para solucionar un problema, ocurre que no hay entrenamiento suficiente para utilizar el conocimiento acumulado y pensar por uno mismo.

En el complejo mundo del trabajo, los “índices estimados”, población económicamente activa, desocupación, canasta básica para familia tipo, línea de pobreza, horas trabajo-productividad, etc., son soporte de opciones que configuran la calidad de vida de los trabajadores. Superado, aparentemente, el determinismo mágico del mercado, los actores vuelven a tomar cartas en el asunto, pero la base heredada después de cada terremoto, hunde el piso del “poder” adquisitivo para la mayoría.

Esto está fehacientemente comprobado, aunque los bienes de lujo, hechos a pedido con precios irracionales garantizados, todavía encuentren pequeñas multitudes en los parques temáticos.

Se convida a los trabajadores un lugar, previa pelea, en la mesa cuadrada con tres patas de la bienvenida discusión salarial. El desafío pretende colocar en la masa de asalariados incluidos dentro de la negociación (apenas el 40% del total) el peso del control inflacionario y el sostén de los mayúsculos márgenes de rentabilidad empresaria, sobre la base de no modificar la flexibilización laboral y el deterioro real de los ingresos impuesto desde mediados de la década del ‘70.

Estimaciones comunes y falsas que ponen un techo al debate y contribuyen a perpetuar la criminal distribución del ingreso. Pero, como concluye Paenza, “cuando uno tiene que operar en escenarios diferentes…uno empieza a deslizarse por caminos más desconocidos. Como en todo, uno se entrena. Y aprende”.

(1)Del artículo publicado en Página/12, 14/04/2006.

# Revista La Utpba de mayo de 2006.