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No quise hacerlo sola, mi experiencia en la música, la vivencia como maestra , y los estudios de Derecho no eran suficientes para la ambición de obtener un libro con los testimonios de las participantes, libro que con certeza va a modificar varias visiones sobre el tema, entonces hurgando en la memoria recordé a la escritora Tania Roura a quien conocí en el escenario durante un evento donde coincidimos, un domingo, en la Plaza de la Independencia, y ella aceptó la invitación de ser la parte que le faltaba al proyecto.

En este lugar y con ellas aprendí a valorar, aún más, los mínimos detalles de afecto, de ternura, de respeto. Aprendí a darle más importancia a las miradas, al abrazo, al regalo sencillo como la taza de café que, de sus limitadas provisiones, nos brindaba Omaira. Aprendí a escuchar las historias dramáticas, lo insólito, a entender que todo lo humano es como viene dado y a no juzgar. Por ello un día las invité, a pesar de su desilusión y hastío, que descubramos en nosotras esas invisibles cosas llamadas virtudes, que nos hacen ser únicas e intransferibles, para descubrir que por dentro todas somos buenas, pese a las circunstancias que nos toca afrontar en la vida, que no han de transformarnos en monstruos sino en mujeres con más experiencia. La ternura y la esperanza serán siempre los sentimientos que afloren y nos conecten con la amistad y la solidaridad, para estar juntas apoyándonos mutuamente y hacer llevadera esta convivencia que el destino nos la ha planteado.

Cuando dimos por concluido el Taller, organizamos un programa artístico, las vimos disfrutar a plenitud, estaban bellas, con sus mejores trajes, las vimos sonreír, hubiera querido que ese momento sea eterno. Mientras sonaba la música y el baile se hacía más dinámico, yo les brindaba un abrazo, ese abrazo que para mi era despedida pero para ellas era otro más de los que a diario les daba y salí, como huyendo, porque mi corazón estaba triste, había que dejarlas detrás del portón negro, límite de la libertad y los sueños, las llegué a querer tanto, y me reconocí, en ese instante, cobarde por no haber sido capaz de decirles adiós como ellas me enseñaron a decir las cosas mirando a la cara , quise llevarme esa imagen de fiesta. Ahora las tengo en mi corazón como un regalo hermoso de amor que me ha despertado miles de sueños, ideas, y por supuesto una fuente infinita de creatividad para inventarme las canciones que me hacían falta para cantarlas en cualquier lugar, y por haberme devuelto la alegría, porque con ellas me volví niña cuando jugábamos y me volví mujer cuando nos contábamos los secretos que no se los contamos a nadie.

Gracias Tania por tu entrega, tu aporte y tu paciencia. Gracias mujeres maravillosas que participaron con entusiasmo en el Taller de Literatura, que a partir de sus testimonios, cuentos y otros escritos hayamos logrado una forma de expresión de sus incertidumbres, penas, sueños y esperanzas y que ahora afloren las virtudes que están dentro de cada una para que entendamos que es un privilegio la vida y que cuando nos encontremos en cualquier parte del camino recordemos con ternura esta experiencia única de habernos conocido y compartido como una familia los días lunes, martes y jueves de los meses de mayo a octubre del dos mil cinco.

Gracias “Pajarita” donde quiera que te encuentres -ese nombre me diste cuando te pregunté cómo te llamas-, fuiste la primera en alentar este proyecto. Gracias Lcda. Teresa Chávez, por entender las necesidades humanas y por la apertura brindada.

El taller se realizó con el auspicio de la Subsecretaría de Cultura, el Consejo Nacional de Cultura, la Comisión de Equidad y Género y el Instituto de Capacitación Municipal, éstos últimos del Municipio del Distrito Metropolitano de Quito.

Agradezco de manera particular a la Casa de la Cultura Ecuatoriana «Benjamín Carrión» y al Centro Cultural «Manuela Sáenz» por el apoyo para la presentación del libro “Detrás del Portón...La Ternura” .


Testimonio

Por María Rosario

Cuando yo era una niña de apenas tres añitos, me quedé huérfana de padre y madre, éramos siete hermanitos, por los cuales éramos mi hermanito el mayor que se llama Pedro, la que le sigue Victoria, María, Beatriz, Jorge, Narcisa y yo, Rosario. Primeramente mis padres han sabido trabajar en el Cuartel Eplicachima, mi madrecita de cocinera y mi padre de jornalero, ahí nos ha llegado a tener a nosotros; mi padre ha estado separado de mi madre cuando el tiempo ha seguido pasando y pasando, mi padre ha regresado a visitarnos a nosotros, mi madre le ha dejado entrar y se han reconciliado, al otro día mis padrecitos han quedado antes de irse de viaje a Latacunga, mi madrecita les ha estado diciéndoles a mis hermanitos los mayores que sea lo que sea nos cuiden a nosotros los pequeños, como si mi madrecita ya ha estado presintiendo la muerte. Han salido un día para amanecer un sábado, no se si es al regresar a la ida que han tenido un accidente en la carretera, los militares le han avisado a mi tía a la hermana de mi padre que están en la morgue y mi hermanita en el hospital Beatriz. Yo no les conocí a mis padres, luego del traslado de mis padres los patrones de mis padre y mi tía Orfelina, nos han llevado a un orfanatorio que queda en la Recoleta, a mi y a mis tres hermanitos, mas porque los otros ya han tenido uso de razón, mi hermana la Bacha mientras tanto sufriendo en una cama del hospital, sufriendo de cuantas operaciones, que ella tiene puesto platino en los piecitos , mientras nosotros sufriendo con las monjas porque yo tenía tres años y mi hermanita tenía un añito me acuerdo que las monjas eran malas, me pegaban, me hacían que le cambie de pañales pero como yo no podía me ensuciaba todito y me pegaban, me agarraban del pelo, me orinaba, nos hacían lavar los colchones, me bañaban en agua fría y un día le dije a mi hermano el Jorge, el también era pequeño, le dije ¿ñaño a vos te pegan? y el me contestó sí, a mi también me pegan y un día nos escapamos y nos agarraron a media cuadra, nos llevaron y nos bañaron y nos pegaban y así pasaron los años, creo que tenía no me acuerdo bien siete años o ocho, bueno, más o menos creo que tenía esa edad. Un día vino mi tía y yo le conversé que las monjas muchos nos pegaban y mi tía nos robó a mi y mis hermanitos y nos llevó a la casa de ella, pero mil veces mejor hubiera estado en el convento, pero qué sabíamos que mi tía era mala. Pasaron los días y nos hacía trabajar, las manitos nos vertían sangre y no nos tenían compasión, a mi hermanito le mandó a limpiar zapatos, si no traía plata le pegaba, los trecitos nos abrazábamos y nos poníamos a llorar y decíamos mamita ven a llevarnos porque mi tía es mala mamita, ven mamita linda, nosotros te queremos mucho, no nos dejes; y luego mis hermanos mayores no sabían que mi tía nos robó.

Un día vinieron mis hermanos a avisarle a mi tía que nosotros estábamos perdidos y mi tía les contestó – no se asusten, aquí están los guambras, unos señores les trajo y me pidieron harta plata y yo les di dijo, si ustedes quieren llevarles, me pagan todo y pueden irse. Eso no es todo, como mis hermanitos no tenían plata le dijeron a mi tía, no sea malita la otra semana venimos para pagarle y llevarles a mis hermanitos, dijo bueno, pero que no pase de la otra semana, si no me tienen que pagar más, y se fueron llorando y nosotros también nos quedamos llorando. Cuando estaban mis hermanos era bien buenita pero se iban no nos daba ni de comer. Y así pasaron los días y les conocí a mis dos primos la una se llamaba Susana y el se llamaba Gustavo y ellos eran también bien malos nos pegaban y nos decían ustedes son huérfanos no tienen papá ni mamá, ustedes son solos, bienechito. Nosotros solo llorábamos, mi tía era tan mala que nos hacía dormir debajo, bien metidos en la cama de ella, nuestros cuerpitos eran bien rojo de lo que nos picaba las pulgas, tan mala era que un día me quiso hacer violar con el hijo de mi tía, me dijo acompáñale al Gustavo a hacer pipí, y yo dormida , dormida le acompañé, pero eso ha sido solo una trampa para violarme; yo salí gritando y entré corriendo asustada y le grito tía, tía y ella se hizo la dormida, yo de la desesperación le jalé las cobijas y me dice: qué pasa, qué pasa?, guambra loca, yo le dije tía el Gustavo me quiso violar y ella me dijo no dirás a nadie, yo le dije yo le voy a avisar a mis hermanos y ella me pegó y me dijo como tus hermanos ya no van a venir ustedes tienen que trabajar duro y feo de ahí me cogió en diente. A las cinco de la mañana nos hacía levantar para mandarnos a trabajar a la montaña a coger maíz al partir, no nos daba ni café, así pasábamos hasta las doce que nos brindaban tostado con papitas cocinadas con un vaso de agua hasta las seis de la tarde que nos alzábamos del trabajo, ahí nos daban un pancito y una tacita de agua de cedrón, llegábamos cansados, cargados lo que nos regalaban una porcioncita de maicito y mi tía nos decía -¿solo eso traerían guambras vagos? Ahí nos pegaban, al otro día adoloridos de nuevo teníamos que irnos a trabajar ahí casi me muero, el caballo se cayó sobre mi, me aplastó, le cogieron de la soga si no me hubiera ido a la quebrada. Le conversé a mi tía, le dije casi me muero, y ella me contestó bienecho guambra carishina ¿yo cómo voy a ser carishina si apenas tenía ocho años? Todo mi cuerpo era verde ensangrentado pero no fue capaz de regalarme un vaso de agua, pero con la fe de Dios me curé.

Luego como ella, o sea mi tía tenía una cantina , viendo que el trabajo de nosotros no le resultaba nos dijo: bueno, ya no se van a ir a trabajar, van a quedarse aquí para que me ayuden a mi. Nosotros no sabíamos qué íbamos a hacer, luego ella nos dijo: ciernan la chicha y sírvanle al señor en una jarra, como ella vendía comida y trago le ayudábamos a servir a la mesa. Cuando los señores que estaban tomando, se quedaban dormidos mi tía les metía la mano y les robaba lo que tenían y nos decía “así tienen que hacer ustedes, robarles”, nos enseñó a robar y así me enseñé a coger la plata fácil.

LANZAMIENTO DEL LIBRO EN QUITO

Este viernes 19 de mayo, a las 18:30 horas, en el Aula Benjamín Carrión de la Casa de la Cultura Ecuatoriana. Participarán: la autora, tallerista y reconocida artista Sandra Bonilla y las internas de la Cárcel de Mujeres de El Inca, participantes del Taller Literario y coautoras del libro.