Este pasado 26 de mayo, en la capital jujeña, los pañuelos blancos con Hebe de Bonafini a la cabeza, inauguraron las actividades y festejos por los 30 años de lucha de las Madres, que comenzando en el extremo norte del país, culminará el 30 de abril de 2007 en Buenos Aires cuando se cumplan los 30 años de lucha sin claudicaciones de las Madres de Plaza de Mayo.

La jornada en Jujuy comenzó a las 17 horas, en una conferencia de prensa donde más de una veintena de medios locales y nacionales, se hacían eco de este “festejo” de las Madres por tantos años de lucha revolucionaria. “Creemos, las Madres, que hicimos mucho y seguimos haciendo, un periódico, una revista, una universidad, una radio, una biblioteca, un café literario, y en el futuro dos escuelas primarias, para formar a nuestros chicos con otra cabeza... En fin, son cosas que hay que festejar, y decidimos hacerlo en todo el país, con los compañeros de las distintas organizaciones y los artistas locales, con todos aquellos que luchan y quieren a las Madres, acá lo quisimos hacer junto al Perro (Santillán) y los compañeros”.

En la rueda con los periodistas, la Presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo estuvo acompañada por Carlos “Perro” Santillán, Juan Carlos Bejarano (SEOM), Maria Eugenia Villada (Madres y Familiares de detenidos desaparecidos de Jujuy) y Ariel Ogando (Wayruro Comunicación Popular). Durante la conferencia, el Perro Santillán se refirió a la llegada de Hebe a Jujuy. “Para nosotros es un inmenso placer y un enorme compromiso la llegada de Hebe a nuestra provincia, y fue también una gran alegría saber que arrancaban los festejos por los 30 años de lucha de las Madres, aquí en Jujuy, en nuestros galpones recuperados, galpones que abandonados luego de la privatización menemista fueron ocupados por el trabajo, el arte y la militancia de los compañeros de los barrios”.

Luego una importante columna de varios centenares de manifestantes, marchó recorriendo el centro de la ciudad y la Plaza Belgrano, para terminar en los galpones recuperados del Centro Social y Cultural Tupaj Katari. Allí Hebe de Bonafini recibió el saludo y los presentes de la agrupación Avelino Bazán.

En tanto, a las 20 comenzó el festival artístico con el despliegue de las murgas “Falta un Tono” y “Resinante”. Durante la función, Valeria, de Resinante, dio unas cálidas palabras de bienvenida a Hebe. Enseguida el grupo de teatro de los galpones recuperados brindó una emotiva presentación en la que evocaron la lucha y el valor de quienes se enfrentan al poder a pesar de las adversidades. Hebe, por su parte, pronunció un emotivo discurso en el repasó al arduo trabajo y la pelea de las Madres, haciendo hincapié en que “la lucha siempre tiene que estar acompañado de alegría, de arte, de cultura, como acá, en estos galpones, que de estar abandonados fueron recuperados con alegría y pasión, para el trabajo, la música y la cultura”.

A lo largo de las casi cuatro horas de fiesta transitaron por los galpones el Coro de la Universidad Nacional de Jujuy, Chajmiri, músicos de folklore, cumbia y hip hop de los Galpones Recuperados, el Bacha Bouid, el reconocido poeta “Duende” Garnica y los chicos de “Duro contra el muro” y “Cabarette”.

Vivir construyendo la justicia

Me da sed hablar de las Madres de Plaza de Mayo. Como si las palabras se sublevaran en la punta de la mano que las escribe y se negaran a salir, porque cada vez que florecen en el aire o el papel, el silencio o el poema, comprueban su total incapacidad para nombrar la gracia de las Madres. La garganta se me pone ronca si digo algo sobre su maravilla. Cuando pienso fuerte en ellas, transpiro.

El poeta Raúl González Tuñón gozó, en vida, de un privilegio singular: haber publicado sus propios trabajos en una editorial que llevaba el nombre de uno de sus libros, La Rosa Blindada. Sus versos pueden ser leídos en una colección de poesía argentina llamada como uno de sus poemarios: Todos Bailan. A las Madres de Plaza de Mayo les sucede algo similar. Su derrotero en las luchas populares argentinas, latinoamericanas y por qué no mundiales, es faena de la compleja historia del país. A su vez, su mérito es haber reinventado y dislocado drásticamente su concreto tiempo histórico. Según ellas mismas explican, las Madres fueron paridas a la lucha por sus propios hijos, en un acontecimiento descomunal que prueba la absoluta insolvencia de la muerte en estos lares del sur.

Las Madres son contemporáneas de sí mismas. Su numerito es lo que da de calcular la raíz cuadrada de su propio producto. Efecto y causa de su tiempo, las Madres de Plaza de Mayo hicieron de su subjetividad (su ternura), una nueva marca identitaria de la historia argentina (un dato objetivo del país). Ya no se podrá abordar el análisis de nuestra historia sin tener en cuenta el aporte fundamental de las Madres al presente y futuro de la Patria. Su práctica de amor determinó la conciencia de rebelde ingenuidad de nuestras clases subalternas, que hizo eclosión, por caso, aquel 20 de diciembre.

Así, entonces, arriban las Madres de Plaza de Mayo a su 30º aniversario. Por esos días, ellas estrenan una grilla apretadísima de festejos por sus tres décadas increíbles de lucha. El viernes 26 de mayo arrancan en Jujuy y piensan llegar hasta Tierra del Fuego, regando con su fuego la tierra arrasada del país. La novedad de la movida, que será cultural en el sentido más amplio del concepto -abarcando política, denuncia social y expresión artística-, es que las Madres, si bien serán las homenajeadas, se correrán del centro de la escena para poner su cuerpo, el prestigio de su trayectoria, y el blanco profundo y perfumado de su pañuelo, al servicio de los pueblos de cada localidad que visiten en su recorrida. Habrá en cada actividad una conferencia de prensa en la que disertarán representantes de movimientos sociales del lugar, que expondrán su problemática, y la actuación posterior de números artísticos locales, que reproducirán estéticamente, en lenguaje simbólico, la visión propia del país, de la vida, de la historia, según su concreto lugar en el mundo. A 30 años del inicio de su lucha, adultas definitivamente, lúcidas como un experimentado y soñadoras como noche estrellada de la pubertad, las Madres de Plaza de Mayo concluyen que ellas son su pueblo, que su pueblo son sus hijos, y que sus hijos son la memoria y potencialidad de su país. Nuestro país. La sustancia de las Madres son los trabajadores, las mujeres y varones violentados económicamente por el capitalismo. Ellas no están “junto” al pueblo, sino que ambos se habitan “como la madera en el palito”, al decir del poeta Juan Gelman.

No creo que las luchas populares argentinas de estos siglos, hayan logrado una consigna más conmovedora que “Vivir combatiendo la injusticia”, precisamente porque quienes la inventaron –las Madres– aún hoy continúan combatiéndola, con sus entre 80 y 92 años de edad. Con una salvedad: en estos momentos cruciales del país ese combate adquiere la forma de una “construcción”. Es tiempo de “vivir construyendo la justicia”, plantean las Madres. Construir apasionadamente, como si esta vez fuera la última, con la certeza de que más temprano que nunca el misterio de la justicia y la felicidad de nuestro pueblo ocurrirá por primera vez y será para siempre.

Demetrio Iramain