Los conflictos surgidos a partir del decreto de nacionalización de los hidrocarburos en Bolivia dio lugar a una seguidilla de reuniones y declaraciones de los mandatarios latinoamericanos. Tras estas marchas y contra marchas se dejan ver dos modelos opuestos de integración: uno pensada a favor de los pueblos y otro con el ojo puesto en los intereses de las transnacionales. ALBA o MERCOSUR en su versión original, como modelos a seguir en el proceso de integración son las dos categorías que identifica el titular de CLACSO, el politólogo Atilio Borón.

-¿Qué cosas deberíamos ver a partir de las medidas anunciadas por el gobierno de Evo Morales? Me refiero a la nacionalización de los hidrocarburos y la anunciada reforma agraria, que parecerían poner en la agenda política otros horizontes al momento de pensar la integración.
- Lo de Evo es muy importante por varias razones. En primer lugar porque es un hombre que está dispuesto a cumplir con las promesas electorales que le había hecho a su pueblo. En segundo lugar por la significación que tienen esas medidas, tratando temas cruciales como la cuestión de los hidrocarburos, la cuestión de la propiedad agraria, de forma tal que ese es uno de los ejes de nuestra observación. El segundo eje es ver lo de Venezuela. Y el tercero es el conflicto creciente entre el gobierno de Brasil, y los gobiernos de Venezuela y Bolivia. En gran parte un conflicto que se presenta por la actitud del gobierno del presidente Lula, de hacer una defensa a capa y espada de Petrobras, que es una empresa que está actuando al margen de la ley en Bolivia, contrabandeando petróleo, que era una cuestión que se sabía pero que ahora adquiere otra relevancia. Lula está adoptando una política muy torpe, de un nacionalismo mal entendido, que lo lleva a defender una situación indefendible, y al mismo tiempo revelando su preocupación porque el presidente Hugo Chávez ha adquirido una gravitación y un protagonismo en la política latinoamericana que disputa muy seriamente la pretensión de protagonismo que tiene el gobierno brasileño y que nunca se ha materializado.

-¿Detrás de estos liderazgos se encuentran también los rasgos que se le quieren imprimir al proceso de integración?
- En el fondo hay dos esquemas de integración alternativos. Hay un proyecto que es el MERCOSUR, que es un proyecto fundamentalmente dirigido a satisfacer las necesidades de las grandes empresas que operan en el área, facilitando sus negocios en el espacio ampliado de Argentina, Brasil, Uruguay, y Paraguay. Y hay una visión diferente que es la visión del ALBA, la visión que tiene el presidente Chávez, que es la de un proyecto de integración que sea de los pueblos, no una integración de las transnacionales, que tenga una significación política directa y eso evidentemente va en contra de lo que ha sido el proyecto originario del MERCOSUR que hoy en día se enfrenta a una muy seria crisis.

-¿Estas disputas alrededor del tema de los hidrocarburos, o por la instalación de las pasteras de celulosa en el río Uruguay, ponen en entredicho el proceso de integración y amenazan con volcarlo, o son propias de un proceso que avanza?
- Yo creo que lo ponen muy seriamente en cuestión. Lejos de ser una crisis de crecimiento es una crisis de identidad, que tiene que ver con que el proyecto del MERCOSUR está muy amenazado por los Estados Unidos y sus iniciativas, que no pudiendo enfrentarse directamente a Argentina y Brasil en el terreno comercial, porque estos países le opusieron una resistencia muy fuerte dadas las condiciones que originaría la aprobación del ALCA en países como estos, lo que hacen los Estados Unidos es favorecer el desmembramiento paulatino del MERCOSUR a partir de ir sacando los países más chicos. Lo que se está haciendo ahora es propiciar un acuerdo bilateral con Uruguay, después seguramente le tocará el turno a Paraguay y lentamente lo que va a ocurrir entonces es que el MERCOSUR va a quedar reducido al eje Argentina-Brasil con la probable inclusión de Venezuela si es que Brasil de alguna manera no sabotea ese proceso y termina de darle la puntada final que acabaría con el MERCOSUR.

-¿Cuál es el rol que está jugando el gobierno argentino en esta situación que tiene que ver en este proceso?
- El gobierno argentino dentro de todo esto no está jugando un papel muy importante. Creo que en gran medida porque, por una parte, Argentina se siente muy tributaria del apoyo muy decisivo que el presidente Chávez le ha dado a Kirchner en el tema de la deuda externa, con la compra de los bonos argentinos. No nos olvidemos que en el momento que Argentina necesitaba apoyo, Chávez lo dio y muy generosamente y de una manera muy significativa y eso significó que Argentina pudo planear, de alguna manera, su operación de liberación de la deuda externa y de los compromisos con el Fondo. De modo que por más que el protagonismo de Chávez no le cuadre muy bien al gobierno argentino, éste no tiene más remedio que admitirlo y aceptarlo. En segundo lugar, porque a diferencia de Brasil, Argentina no tiene empresas nacionales, y mucho menos empresas del Estado que estén operando en Bolivia. Eso le permite a la Argentina distanciarse un poco de este conflicto que me parece que es lo mejor que se puede hacer, aunque habría que tratar de intervenir, en el sentido de moderar, las ambiciones brasileñas y hacer que respeten la decisión de Evo Morales, que es una decisión justa y totalmente razonable. Y que se atenúen las críticas a Chávez evitando de esa manera que se le haga el juego a los norteamericanos que lo que quieren es aislar a Chávez, y lo que Lula está haciendo es contribuir al aislamiento de Chávez. Por eso creo que Lula está totalmente equivocado en su planteo.

-¿Con respecto al tema del petróleo, qué pensás que puede hacer el gobierno argentino?
- Lo que debería hacer es lo que viene proponiendo desde hace un tiempo el grupo Moreno, que dirige Pino Solanas. La Argentina debería plantearse seriamente la recuperación de su control sobre las fuentes del petróleo, dejando de lado el argumento leguleyo y pretendidamente constitucionalista, de que son las provincias las que detentan la propiedad del subsuelo. Es una aberración que la apoyó el presidente Kirchner durante la reforma constitucional de 1994, porque él era gobernador de Santa Cruz y le pareció un magnifico negocio. Ahora creo que ese negocio se ha vuelto en su contra, pero lo que yo siempre digo: la Constitución no es un mandato divino, no es que bajó Moisés con las tablas desde el cielo y les digo a los gobernantes “tienen que hacer esto”, sino que es un producto histórico, producto de una asamblea constituyente que fue la que permitió la reelección de Menem. Lo que hay que hacer ahora es un nuevo referéndum sometiendo ante la opinión pública la necesidad de que los hidrocarburos vuelvan al Estado nacional. Ese referéndum seguramente va a ser ratificado con el voto abrumadoramente mayoritario de la población. Somos el único país en donde la propiedad de los recursos como los hidrocarburos está en manos de particulares, de manera tal que me parece a mí que es una situación anómala que hay que ponerle fin cuanto antes.