Como se conoce, los organismos genéticamente modificados OGMs/OVMs o transgénicos, son organismos portadores de material genético procedente de otras especies y que han sido transferidos mediante técnicas de ingeniería genética, que permiten la manipulación de los genes, con lo cual se llega a modificar las limitaciones que impone la naturaleza a las especies vivientes: plantas, animales, hongos y bacterias.

Sobre este problema han surgido varias interrogantes de orden biológico, social, económico y geopolítico en los países que cultivan variedades transgénicas y comercializan sus productos, o están para iniciar este negocio. ¿Qué genes se activan o desactivan? ¿Cómo influyen el o los nuevos genes en el funcionamiento del genoma de una planta, animal u otro organismo? ¿Cómo incide en la comunidad ecológica la inclusión de los nuevos genes? ¿Qué implicaciones económicas tiene el cultivo, transformación y comercialización de variedades transgénicas?

En este escenario de incertidumbre estimo necesario el análisis de este tema partiendo de las vivencias recientes del hermano país de Argentina, y por la coyuntura histórica que atraviesa el Ecuador frente a la posible firma del TLC.

La soya transgénica en Argentina: una lección para no olvidar

En 1996, la conocida empresa multinacional de origen norteamericano, Monsanto, introdujo en Argentina la forma transgénica de soya denominada Roundup Ready, RR, por la particularidad de ser resistente al herbicida glifosato que se vende con el nombre de Roundup. El argumento para la promoción del cultivo de la soya transgénica es que requiere menos aplicaciones del herbicida, menos costos y por lo tanto mayor rendimiento.

La Monsanto es la segunda empresa productora de semillas más grande del mundo y la tercera empresa agroquímica mundial; controla cerca de 90% del mercado de semillas transgénicas en los Estados Unidos, país en el cual los agricultores utilizan sus semillas de maíz, algodón y soya en casi la mitad de sus cultivos. (1)

Al parecer Argentina fue elegida por la transnacional para experimentar en forma extensiva la soya transgénica RR; para ello no patentó sus semillas en el país sudamericano, con lo cual los agricultores difundieron libremente la semilla en todo el país y Monsanto vendió el herbicida a un tercio de precio usual de venta en otros países.

Estos y otros factores contribuyeron a la extensión de las superficies de soya en ese país. En pocos años tuvo un crecimiento excepcional, lo que determinó un cambio de perfil en la agricultura argentina. Según las estadísticas especializadas, la soya pasó a ser el primer cultivo del país rioplatense, con 15.2 millones de hectáreas, lo que representa más de la mitad de las tierras cultivables. Se habló de la llegada de un nuevo “oro verde”, similar a la fiebre del algodón y de la caña de azúcar. (2)

La soya transgénica representa el 90% de los cultivos en Argentina, lo que se ha denominado la ‘sojización’ de la agricultura argentina. La participación de la soya en el total de granos se duplicó entre 1996 y 2005, con una venta de 2 000 millones de dólares anuales de derivados de soya, según un estudio publicado en Le Monde Diplomatique, 04 - 2006.

Este crecimiento exponencial del cultivo y procesamiento de la soya, remarca el estudio, devino de la inserción del gen resistente al glifosato en los genomas de una gama de variedades de soya producto del excelente fito-mejoramiento desarrollado en Argentina. Esta combinación permitió mejoras sustanciales en el rendimiento y bajos costos de producción; pero además fue determinante el hecho de que el transgén RR resistente al glifosato, ha estado y está en dominio público en Argentina, es decir, pudo ser utilizado por las empresas semilleras para desarrollar sus propias variedades con este gen, sin contar con el permiso o efectuar el pago de una compensación a la empresa Monsanto.

El Modelo de Intervención en el Cono Sur

La estrategia de la empresa transnacional, según la prensa argentina, fue dejar deliberadamente el transgén RR en dominio público (pues no presentó una solicitud de protección en tiempo útil); esto favoreció la libre disponibilidad de las semillas transgénicas y su difusión, así como la venta del herbicida. De esa manera se benefició de la venta de semillas y del herbicida Roundup; pero también con la difusión de la soya transgénica a todo el Cono Sur. Así, Argentina se convirtió en la puerta de entrada para la región por la apertura a las inversiones extranjeras y por la permeabilidad a la aceptación de variedades transgénicas rechazadas en otras partes del mundo.

El modelo aplicado por la transnacional en Argentina ha funcionado por 10 años, con altos beneficios derivados del posicionamiento en uno de los países de mayor producción de soya en el mundo, la participación en la venta de semillas y glifosato, y las regalías de las empresas semilleras argentinas, aún en ausencia de patente. Pero además la transnacional viene exigiendo a los agricultores el pago de 15 dólares por tonelada, valor que los agricultores consideran exorbitante y que de ser aplicado llevaría a la ruina a miles de productores, ante lo cual el gobierno argentino ha rechazado la pretensión de la transnacional (3).

“En represalia, la empresa amenazó y luego concretó solicitudes de detención de barcos con harina de soya argentina en puertos europeos, con el argumento de que contienen el gen RR (lo que nadie discute ), por lo que tal importación infringe sus patentes europeas sobre dicho gen y su expresión en células y plantas modificadas. La empresa multinacional no oculta sus intenciones: llevar a juicio a importadores europeos de harina de soya argentina para que sean éstos los que paguen un “plus” por la tecnología incorporada por el gen RR, sea voluntariamente (mediante licencias contractuales) o por sentencia judicial. Dada la espada de Damocles que significa tener un juicio por cada embarque de producto, se corre naturalmente el riesgo de que los importadores europeos migren a otros oferentes o bien de que se sometan al pago de una regalía cuyo costo terminarán trasladando a los productores y exportadores argentinos. “El perjuicio para Argentina, resultante de este ejercicio abusivo del derecho de patentes, puede ser enorme”, advierte Carlos M. Correa, investigador del Centro de Estudios Interdisciplinarios de Derecho Industrial y Económico, de la Universidad de Buenos Aires. (4)

“El conflicto jurídico que enfrenta a la multinacional Monsanto, por una parte, y a los productores y exportadores y el Estado argentino, por otra, está lejos de ser un simple entredicho comercial. Lo que la empresa pretende es controlar de cabo a rabo -y después cobrar por ello a cada paso- todo el proceso de producción y comercialización agrícola” (5).

En medios especializados de Argentina se habla de un litigio estratégico en el cual “la acción judicial se utiliza como una herramienta de presión para generar riesgo e incertidumbre y logra una rápida sumisión a condiciones comerciales que no tienen fundamento legal. El objetivo de la empresa multinacional es torcer el brazo al gobierno argentino e imponer una solución a su medida, fuera de lo que el derecho argentino y el derecho internacional estipulan”. (6).

Esta historia que está viviendo la hermana República de Argentina debería ser estudiada por los agricultores y agroexportadores ecuatorianos ahora que la “negociación” del TLC se la quiere cerrar a cualquier costo para el Ecuador.

(1) Consumers International y Tribuna Ecuatoriana de Consumidores y Usuarios. Dossier: Consumidores y Transgenicos. 15-03-2000. (2) Pierre-Ludovic Viollat. El caballo de Troya transgénico. Le Monde Diplomatique, Buenos Aires, 04-2006. (3) Carlos M. Correa. Monsanto vs. Argentina. Le Monde Diplomatique. 04-2006. (4) Ibid. (5) Carlos Gambetta. Mutinacionales y Estados. Le Monde Diplomatique. 04-2006. (6) Ibid.