De ayer a hoy las noticias son diversas e impactantes. Un embajador se gasta la friolera de US$ 25 mil dólares en el alquiler de una mansión anodina en Ginebra y, por si fuera poco, US$ 10 mil más, por el pago de servicios. El presidente electo García Pérez habló sobre el tema y sólo el tenor de sus expresiones dio cuenta que este hecho criminal no será pasado por alto. Pero nos hemos enterado que 1031 militares gringos están en Túcume, Lambayeque, dizque para ejercicios o misiones humanitarias.

Son innecesarias las referencias constitucionales o legales para rechazar, asqueados, la presencia foránea de cualquier tropa sea del país que fuere o con el pretexto que llegara: hay que repetir con los mexicanos del siglo antepasado: ¡greens go home! La clamorosa política pro-yanqui del régimen moribundo del señor Toledo da una de sus demostraciones más patéticas. ¿Lo sabe el mandatario saliente? ¿O le han sorprendido algunos de los pícaros que está –o debe estar haciendo- algún negociado en el departamento norteño aprovechando la llegada de estos soldados de Gringolandia?

Sin embargo del presunto y fenicio trato de marras, me atrevo a pensar en voz alta. Si en Mantas, Ecuador, hay una base militar norteamericana y en Paraguay ya se han aposentado los del norte, ¿no están estudiando o pergeñando algo similar en el septentrión peruano? Si así fuera ¡qué falta de dignidad la de las autoridades políticas nuestras que permiten semejante intromisión estaodunidense!

¿Son médicos, enfermeros, especialistas o científicos, los soldados que están en Túcume, bella localidad con apenas pocos miles de habitantes? Haciendo un símil con el fútbol, empresa fallida y aberrante en Perú, el país parece una coladera, nos hacen goles al por mayor y siempre hay tapaderas, justificativos, “explicaciones” geo-políticas que son más bien “geo-estúpidas”, para apoyar las trapisondas, los entuertos y contrabandos de lesa soberanía de nuestro país.

El infeliz que preside la Comisión de Defensa del Establo afirmó, con la mofletuda soltura que le caracteriza, que esta clase de circunstancias son “comunes” aquí. Lo son tanto que nadie las conoce, pasan desapercibidas o se las oculta muy mucho para que nadie se entere. ¡Cómo se nota que un cursito sobre defensa nacional, no convierte a un idiota químicamente puro, en hombre de Estado! Felizmente el pueblo peruano sepultó a aquél y a sus cófrades en la ignominia del castigo cívico y no los reeligió.

Si Estados Unidos requiere de hacer prácticas para los genocidios que suele exportar con valor agregado de armas y software letal para con las poblaciones civiles e inocentes, que mande sus soldados, tropas, helicópteros o lo que fuese, como también intromisión imperialista e ideológica, a otro lado. ¡Aquí no necesitamos de su asistencia disfrazada ni tampoco de sus arrebatos matonescos de potencia militar e imperialista!

¿Convalidará el Establo, las tristemente célebres manifestaciones de su integrante que dice presidir la Comisión de Defensa? ¿Cómo así que el Establo prolonga su legislatura para “discutir” el TLC y no se dan por aludidos ante la clara, desvergonzada y repudiable invasión de nuestras fronteras por cientos de soldados norteamericanos? ¡Estas son las incontestables contradicciones en que incurre un Parlamento que ha sido una aberración igual o peor a la que tuvimos durante el fujimorismo delincuencial!

¿Y los medios? ¿O la propaganda compra hasta las más íntimas fibras de lo que aún queda de conciencia nacional? Veamos qué ocurre. Mientras tanto, renovemos el grito: ¡greens go home!

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

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