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Los expositores en el seminario "El Socialismo del Siglo XXI". De izq. a der.: Alvaro Ramis, Nicolás Maduro, Manuel Cabieses, Tubal Páez y Plinio de Arruda Sampaio.

Compañeras y compañeros, Nuestro especial agradecimiento a los hermanos de Venezuela, Cuba y Brasil que vienen a compartir con nosotros sus experiencias de lucha y a informarnos qué se discute en sus países sobre el socialismo del siglo XXI.

El seminario de hoy posiblemente abra nuevas perspectivas de trabajo que permitan explorar más a fondo el renaciente interés por el socialismo que ya se manifiesta con mucha claridad en otras latitudes. En efecto, esperamos realizar, a comienzos del próximo año, un segundo seminario con expositores de otros países latinoamericanos. En Chile hay mucha ignorancia y desinformación sobre las luchas de los pueblos de América Latina y el Caribe. Estos seminarios nos proporcionarán la información y las reflexiones que necesitamos para acometer, después que pasen las borrascas electorales, un objetivo más complejo: organizar foros para discutir un proyecto socialista para Chile, llevando esta discusión a todo el país en el segundo semestre del año que viene.

Creemos que ha llegado la hora de volver a hablar de socialismo en Chile. Ya es tiempo -y una necesidad- de replantear propuestas socialistas en nuestro país. Hay que reivindicar el socialismo como programa de salvación de la humanidad ante la devastación planetaria y la salvaje deshumanización del capitalismo.

En el caso de Chile, sin embargo, tenemos que empezar por lo más elemental: recuperar la palabra "socialismo", sepultada bajo toneladas de mentiras y tergiversaciones; hacer relucir el fulgor humanista y solidario, pluralista, democrático y participativo de su significado; y darle a nuestro socialismo del siglo XXI un contenido programático que conquiste la adhesión consciente y organizada de una mayoría capaz de defender sus conquistas en todos los terrenos en que se pretenda desafiar la voluntad del pueblo.

Recrear la alternativa socialista, desde luego, es un quehacer de partidos, organizaciones sociales, centros de estudio, etc. Pero una revista como Punto Final, sin falsa modestia, puede contribuir a generar ese proceso, a crear espacios de pluralismo y de respeto a la diversidad ideológica en la discusión de un proyecto socialista. Eso lo podemos hacer justamente porque no somos un partido, ni organización social ni centro académico. Somos simplemente una tribuna del pensamiento revolucionario. Estamos dispuestos a seguir cumpliendo ese papel, es lo que hemos hecho toda la vida y lo que continuaremos haciendo en los próximos años.

Este recinto, compañeros, compatriotas, conserva la memoria de palabras precursoras que se grabaron a fuego en la historia política de nuestra patria. El más ilustre chileno del siglo pasado juró aquí defender la Constitución y las leyes, y así lo hizo con el sacrificio de su propia vida. El presidente Salvador Allende dijo en esta tribuna: "Pocas veces los hombres necesitaron tanto como ahora de fe en sí mismos y en su capacidad de rehacer el mundo, de renovar la vida". Fue aquí donde Allende explicitó la "vía chilena al socialismo" en su primer mensaje al Congreso Pleno, el 21 de mayo de 1971. Allende definió el ideal socialista como la capacidad de los hombres de reedificarse no "como productos de un pasado de esclavitud y explotación, sino como realización consciente de sus más nobles potencialidades". Fe en nosotros mismos es lo que hoy necesitamos, para construir un nuevo proyecto socialista que incorpore crítica y creadoramente tanto las lecciones luminosas como las oscuras y bochornosas, los éxitos y también los fracasos del socialismo del siglo pasado. Un nuevo proyecto socialista debe concebirse dentro del proceso de integración latinoamericana. El motivo fundamental de nuestra unidad es lo que el comandante Ernesto Che Guevara definía como el "denominador común" de nuestros países: el Hambre del Pueblo, así, con mayúscula. El "cansancio de estar oprimido, vejado, explotado al máximo, cansancio de vender día a día miserablemente la fuerza de trabajo (ante el miedo de engrosar la enorme masa de desempleados), para que se exprima de cada cuerpo humano el máximo de utilidades, derrochadas luego en las orgías de los dueños del capital".

Ese "denominador común" es el que Naciones Unidas, con insólita franqueza, llama el "marasmo de la desigualdad" en su Informe sobre la Situación Social en el Mundo 2005, que comprueba que el mundo es hoy más desigual que hace diez años. ¡Y Chile es uno de los países con mayor desigualdad en el mundo!

Tenemos, pues, no sólo una experiencia que nos permitirá hacer mejor las cosas y eludir la trampa del reformismo socialdemócrata que quiere utilizarnos como marionetas del capitalismo. También nos sobran razones -muchas más que hace cuarenta años- para abrazar las ideas revolucionarias y canalizar nuestras energías en la construcción de un movimiento unitario y pluralista rumbo al socialismo.

El seminario que ahora inauguramos, y los que vienen, pueden ser de gran utilidad para estos propósitos. Por eso, desde ya, agradecemos a los compañeros que vamos a escuchar esta tarde.

Muchas gracias.