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Este sábado 8 de julio los mexicanos mostrarán su capacidad de movilización por la defensa del voto y contra el fraude de Estado que se quiere imponer tras las elecciones presidenciales del pasado domingo.

Miles, quizá más de un millón de personas — como sucedió para atajar el desafuero de López Obrador en el año 2005 — saldrán a las calles de forma pacífica y se concentrarán en el Zócalo de la ciudad de México para escuchar el informe de la Coalición por el Bien de Todos sobre los sucesos de la “semana trágica”.

Ya desde todos los rincones del país, fundamentalmente del sur, se aprestan los ciudadanos y las ciudadanas a manifestarse también en las principales plazas públicas de los 32 estados de la República. Como nunca antes desde 1988, la movilización pacífica postelectoral va adquiriendo resonancia y sumando descontentos acumulados de años de ver mermadas las condiciones de existencia de millones de personas y hoy concentradas en un acto de lucro político, técnico, mediático y cibernético. No se trata ahora de reivindicaciones locales o sectoriales, sino de una lucha política de carácter nacional que aporta, como otros esfuerzos de lucha (la otra campaña zapatista y el diálogo nacional), a la concientización de la población y, evidente, a su resuelta participación política.

Lo que estamos viviendo es la decisión de hacer respetar la voluntad de millones de personas en riesgo de ser despojadas de su decisión de elegir a quien creen, por convicción y voluntad, resolverá los problemas que nos aquejan, sobre todo en lo económico y lo político, independientemente de las valoraciones que se tengan en torno a López Obrador, si es o no de izquierda, capitalista o anticapitalista.

Mientras otros esfuerzos que se hacen desde el espectro de la izquierda y hayan decidido no participar en las elecciones, este movimiento ciudadano naciente postelectoral podría hacer coincidir las manifestaciones sociales en tiempo-espacio actuales para revertir el intento de fraude y derrotar a los verdaderos enemigos de México, quienes se han dedicado a saquearlo y lucrar tanto voluntades como recursos ajenos.

Es la hora de abrir el abanico multicolor de quienes nos hemos opuesto al PRI como motor de la idiosincrasia nacional y al PAN como legado conservador de los intervencionistas en la historia pasada, pues son ellos quienes encarnan el actual cuerpo dirigente del Estado neoliberal, auspiciado por los empresarios conectados a los circuitos económicos transnacionales, al ejército dirigido por incondicionales de la ultraderecha, a la Policía Federal Preventiva de cuño represor, a la embajada estadounidense que vela por su candidato real (o mejor dicho por el nuevo funcionario del exterior que no cobra y que dirigió la secretaria de Energía para aderezar la reforma de ese sector), por los intelectuales y medios de comunicación del sistema y por los políticos tecnificados e incrustados en todas las instituciones de la democracia dura, del orden y el progreso de las post modernidad mexicana.

La unidad en la acción y la oportunidad de la izquierda para llevar adelante un proyecto alternativo de nación al neoliberalismo está dibujándose en el horizonte cercano, siempre y cuando exista la madurez política para ello y la compresión cabal de la coyuntura que momentánea pero significativamente podría lograr llegar a tal punto crítico de recambio a favor de la ola democratizadora que se viene levantando.

En pocos años se han forjado muchas experiencias de resistencia, muchas luchas ganadas y momentos de aprendizaje colectivo han tomado lugar, por lo que podemos evitar una derrota que nos obligue a ir para atrás en un contexto mucho más adverso y más represivo, en medio de un sentimiento generalizado de perdida e impotencia como pasó en 1988 cuando Cuahtémoc Cárdenas desconfió de la respuesta popular para defender su victoria.

Sólo la respuesta organizada, masiva y pacífica puede salir avante en esta etapa que puede durar apenas unas semanas e irse tan rápido como los acontecimientos se desarrollen porque los dueños del poder también se mueven y no permitirán que les toquen sus intereses. Es ahora o nunca el buscar decantar las fuerzas y concentrarlas en un punto: el PAN, actual sostenedor ideológico y político del régimen.

Por eso es importante la declaración de Marcos, quien dijo en un programa de Radio Insurgente: “Queremos pasar una información que recibió la Comisión Sexta. Según la información habría habido un fraude en las elecciones para presidente de la República. Se había operado en el IFE, Instituto Federal Electoral – en complicidad, o con el patrocinio más bien, de la presidencia de la República – una reserva de un millón a un millón y medio de votos que iban a ser administrados para beneficiar al candidato de Acción Nacional, Felipe Calderón... Nosotros no estamos en la onda electoral, pero por una cuestión ética, moral, como zapatistas, si vemos algo que está mal pues lo tenemos que decir, y lo que estamos viendo es que están haciendo un fraude allá arriba.” (http://enlacezapatista.ezln.org.mx/...); esta declaración podría ser la base para construir un frente de fuerzas coyuntural para esta etapa y para este tema en específico de luchar contra el fraude.

El PAN y los golpes de yunque

“El cuarto de guerra”, código de combate utilizado por el comité de campaña de Felipe Calderón Hinojosa, pestañeaba nervioso por los resultados que durante todo el día miércoles le dieron la ventaja a Andrés Manuel López Obrador y que desdecían los resultados preliminares.

Pensaron los legionarios de la espada ultraconservadora, Manuel Espino, Juan Molinar Horcasitas, Rogelio Carbajal, Arturo Sarukhán, Alejandra de la Sota, Gerardo Priego, Josefina Vázquez Mota, César Nava y el propio Calderón que tenían ganada la partida y lo único que habría que esperar eran las bendiciones de las televisoras y los medios masivos de comunicación. Pero por más 24 horas la tensión crispó los ánimos y comenzaron a surgir las declaraciones públicas para aventajar en la opinión pública la victoria virtual del panista.

Flanqueado por Espino y Florencio Salazar, Calderón aseguró contar con 100 por ciento de las actas en su poder que le daban 14 millones 870 mil 170 votos, lo que lo convertían en el presidente electo. Pero, al ser cuestionado por la seguridad de sus resultados y ser interpelado para dejar contar voto por voto, se negó rotundamente. Insistió en expresar su rechazo a la apertura de los paquetes, actitud que deja muchas sospechas y más porque dice ya tener el triunfo en la bolsa.

El PAN da golpes con el yunque mediático, convertido en arma blanca para consumar el fraude, mientras los medios masivos en deuda con Fox y los panistas que votaron una ley a su favor, están dispuestos a lavar la imagen de su candidato y endemoniar a quienes demanden lo contrario. En la política como en la televisión la máxima Si no estás conmigo, eres mi enemigo es slogan publicitario.

Fuente
Rebelión.org (España)