Pregunta obvia: ¿Cómo ha recibido la emisión de la miniserie “Heredia y asociados”?

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Ramón Díaz Eterovic (izq.) y el actor Claudio Arredondo, que representa al detective Heredia en la televisión.

“Con gran alegría, desde luego. Feliz con el trabajo del equipo encabezado por los cineastas Arnaldo Valsecchi e Ignacio Agüero, y con Claudio Arredondo, Claudia Pérez, Aldo Parodi y Víctor Rojas en la representación de Heredia y sus amistades más cercanas. Entusiasmado con la recepción que la serie ha tenido y con los comentarios relacionados con la exhibición, por ser una serie diferente a lo que habitualmente ofrece la televisión. Es una serie que está bien hecha, con buena fotografía y guiones que nos acercan a un Chile más real y cotidiano. Estoy contento porque siempre pensé que Heredia era un personaje que podía incursionar en otros códigos creativos, y porque hasta donde recuerdo, después de Martín Rivas, sería el segundo personaje de nuestra literatura que protagoniza una serie televisiva de largo aliento”.

Algunas críticas plantean que el guión de la serie desvirtúa al personaje literario. ¿Qué opinión le merecen estos juicios?

“Creo que lo esencial de la personalidad de Heredia está reflejado en la serie. Tal vez no tenga todos los matices que podemos encontrar en las novelas, pero sin duda el Heredia televisivo es fiel a la matriz literaria. Lo que pasa es que cada lector tiene una imagen del personaje y al verlo en pantalla puede sentir que no calza con la idea que tiene de él. Pero eso es otro cuento. Tiene que ver con las percepciones de cada persona. Y desde luego, nadie aspira a que le guste a todos por igual”.

Pistas políticas

Una de las características de Heredia es su definición política. De hecho, los casos que resuelve están siempre vinculados a cuestiones sociales pasadas o contingentes relacionadas con los derechos humanos, el poder, la corrupción, etc. ¿Cómo se manifiesta o asume esto en la serie de televisión?

“Hay dos o tres capítulos que se centran en esos temas. Por ejemplo, ‘Desaparecida’ -el tercer capítulo- trata de una muchacha universitaria secuestrada por antiguos agentes de la CNI, los cuales siguen operando en las sombras para obtener beneficios económicos a través de la venta de órganos humanos. En otro capítulo se toca la infiltración de un partido de Izquierda por un agente de la CIA. En general, en muchos diálogos -y en la actitud permanente de Heredia- hay una posición definida en relación a las cuestiones planteadas en la pregunta”. Heredia es un tipo bastante marginal y apabullado por la vida en el aspecto económico y, además, un solitario en lo sentimental. ¿Cuánto de la idiosincrasia del chileno actual representa su personaje?

“Tiendo a pensar que no mucho. Heredia es un outsider que rechaza los cantos de sirena del sistema político y económico en que vivimos. A los chilenos, o un buen número de ellos, para ser justos, los veo seducidos por los encantadores de serpientes. Heredia no está obsesionado por el consumo, no usa celular ni tarjetas de crédito, detesta la televisión banal y cargada de silicona, la comida chatarra y otras cosas que parecen tener un espacio significativo en los intereses de muchos chilenos. Heredia es un tipo que mira a su alrededor y reflexiona. Aunque al final del día resulte solo y derrotado, no se deja pastorear como ganado. Tal vez por eso resulta incómodo para algunos lectores y va a estar siempre al lado de los jodidos, de los que no pueden ni siquiera escuchar desde lejos la música de los encantadores”.

Los bares son fundamentales en la vida de Heredia, y al parecer para la mayoría de sus personajes. ¿Cuál es la felicidad de un bar? ¿Qué se encuentra en ellos?

“El bar es un espacio donde el tiempo se suspende y en el que se encuentran personas con las que se puede conversar afectos y sueños. Son espacios que incitan a la reflexión. Que permiten descubrir a los semejantes, sin sus máscaras cotidianas, y realizar los sanos ejercicio del diálogo y la amistad. Heredia, como lo dice en su última novela, colecciona bares y citas literarias. Sus favoritos son La Unión Chica y el City”.

La sombra del poder

Pasando a su última novela, “A la sombra del dinero”. En ella se tocan temas como la prostitución vía Internet y los manejos de dinero que van a dar a campañas electorales. ¿Está tan corrupta nuestra sociedad? Se lo pregunto pensando en quienes detentan el poder económico y político.

“Sin duda la sociedad chilena actual no es extremadamente corrupta, como lo fue en la época del ratero “Daniel López” y sus partidarios, en la que se mató, robó y mintió descaradamente. Hay expresiones de corrupción en cosas como el nepotismo, la negligencia, el tráfico de influencias, los poderes fácticos y otras manifestaciones que de no ser limitadas a tiempo pueden gangrenar profundamente el sistema. Hay ciertas tentaciones de poder, que afectan a personas que, por oportunidades políticas o económicas, optan por llevarse algunos pesos a sus bolsillos. De eso trata mi novela, de la tentación del poder. Creo que en la medida que esas tentaciones se denuncien y combatan se podrá evitar llegar a estadios de corrupción mayores, comunes en otros países latinoamericanos. Y sobre eso, el periodismo y la literatura tienen mucho que decir”.

Este año los chilenos nos enfrentamos a elecciones presidenciales y parlamentarias. ¿Cómo ve el asunto? ¿Está inscrito Heredia en los registros electorales?

“Habrá que esperar que acaben de pelear las distintas coaliciones y enseguida, se verá cuáles son los candidatos que permanecen en el ruedo. Al parecer, el panorama nos muestra a la derecha dividida, disilusionada con el hombre del cambio, y con una pata en el cajón; la Concertación está tensionada en la tarea de barajar la inminente victoria y su consiguiente botín parlamentario; y a la Izquierda, se la ve dividida y corriendo el riesgo de farrearse una buena oportunidad de crecimiento. En cuanto a Heredia, entiendo que no está inscrito en los registros electorales ni le interesa por el momento. En uno de los capítulos finales de A la sombra del dinero, dice: ‘Mañana, cualquiera sea el resultado, los candidatos sacarán cuentas alegres, dirán que de un modo u otro han ganado y hasta las próximas elecciones ninguno recordará a sus electores. Las promesas volarán tras el viento y únicamente seguirán en su lugar las consignas rayadas sobre los muros de la ciudad. No pueden ser buenas unas elecciones en las que no siempre gana el que obtiene más votos. No puede ser bueno un sistema donde triunfa el que tiene más dinero para embolatar a los votantes’”.

La Concertación y la derecha (de manera fáctica) han gobernado el país durante quince años. ¿Cómo ve usted la alternativa que hoy nos plantean conglomerados como Podemos y la Fuerza Social y Democrática?

“Supongo que el desafío de esas fuerzas políticas es generar una instancia que permita la expresión unida de la Izquierda. Una expresión permanente y no sólo electoral, que supere la fragmentación y los sectarismos. No es fácil, entre otras cosas porque a la Izquierda le faltan propuestas que vayan más allá del diagnóstico y la queja, y porque es necesario un trabajo de educación de las personas, sobre todo de aquellas que no se interesan por conocer la realidad del país, por participar o crear instancias de organización democrática, y que tienen una imagen caricaturizada de la Izquierda. Hoy, el desafío de la Izquierda es educar, motivar y sumar”