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Un siglo de izquierda y abstención

Una historia de lucha contra el poder oligárquico y de persistencia por la justicia y la libertad. Durante más de un siglo las ideas socialistas han buscado espacio en el país. En su desarrollo, por décadas, la izquierda ha intentado a través del voto, con alianzas o como propuesta independiente, acceder al Gobierno, para bien de todos. El esfuerzo no ha surtido frutos. Falta un perfil estratégico mejor definido, y una comunicación más directa y efectiva con los excluidos.

| Bogotá (Colombia)
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Primeras elecciones directas en Colombia, 1914. Gana el conservador y oficialista, José Vicente Concha, con el 89% de 331.410 votos totales. La abstención fue 57% del voto masculino de alfabetos mayores de 21 años y con un ingreso superior a 300 pesos. El 87% de la población era analfabeta y 95% de los habitantes era pueblo raso y pobre. Ese mismo año fue asesinado el general Uribe Uribe, partidario de un liberalismo socialista. ¿Historia que se repite obsesivamente y con grandes márgenes de abstención?

Año 2006, el candidato de derecha Álvaro Uribe, es reelegido con más de 7 millones de votos, 62% del total. La abstención es del 55%, a pesar de estar establecido el voto universal. El candidato Carlos Gaviria alcanza más de 2,6 millones, la votación más alta en la historia de la izquierda: 22,5% del total. ¿Qué explica, entonces, la persistencia de la abstención a lo largo de un siglo, no obstante que el paí¬s se urbanizó y los niveles educativos aumentaron?, ¿Cómo se explica este ascenso de la izquierda parlamentaria sin una significativa disminución de la abstención?

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Un siglo de izquierda

En Colombia, a partir del siglo XIX, tres grandes vertientes ideológicas y de lucha política surgieron a la vida nacional. El liberalismo propiamente dicho, de estirpe jacobina, librecambista y librepensador, frecuentemente con nexos masónicos y llamado en su época “draconianos”; el radicalismo de los “gólgotas”, partidario más del progreso social que del político, compenetrado de un socialismo de características filantrópicas; y, el conservatismo, que tuvo en los terratenientes católicos y en algunos comerciantes temerosos de las ideas revolucionarias su mejor expresión.

Muy temprano arraigaron las ideas socialistas en el país, en paralelo a su nacimiento en Europa. Estas encontraron el terreno abonado en los sectores populares excluidos urgidos de atención gubernativa, de planes colectivos de trabajo y de requerimientos de derechos sociales para todos. En efecto, hacia la mitad del siglo XIX, la lucha aliada de los campesinos y obreros del oriente colombiano, hermanada con la lucha de las sociedades políticas de artesanos de Bogotá, y la actividad periodística de intelectuales comprometidos con los intereses populares, bebieron intelectualmente de las experiencias teóricas y practicas del socialismo europeo.

Joaquín Posada y Fernán Piñeros, intelectuales cartageneros radicados en Bogotá, fueron los precursores de la divulgación del socialismo de izquierda en Colombia a través de su periódico El Alacrán, que inició su publicación un año después de publicado el Manifiesto Comunista de Marx y Engels, en 1948. Incluyó desde el principio artículos que defendían los principios elementales del comunismo. Otras publicaciones, en plena mitad del siglo XIX neogranadino, confirman la propagación del socialismo: El Neogranadino y El Repertorio. Manuel Murillo Toro, desde su periódico El Neogranadino, hacía tiempo atrás una constante difusión del ideario de Girardian, Proudhon y Luis Blanc.

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Aparte de la agitación de estas publicaciones, se debe mencionar el libro de Manuel María Madiedo “La ciencia social o del socialismo filosófico, derivación de las armonías del cristianismo”, cuyo contenido registra los avances teóricos del socialismo en el país. Con el golpe dictatorial del general Melo, el 20 de marzo de 1854, las ideas socialistas alcanzaron el poder en Colombia por primera vez, derrocados nueve meses después por una reacción furiosa de oligarcas. Desde entonces estos han dominado, sin contemplaciones al momento de ejercer la violencia para contener cualquier amenaza a su hegemonía.

Durante las tres primeras décadas del siglo XX, las ideas socialistas mantuvieron un importante activismo, impulsadas por el movimiento obrero, campesino, indígena, los primeros trabajadores públicos, junto a la intelectualidad comprometida. En 1919 lanzaron el Manifiesto Comunista y crearon el primer partido orientado por ese ideario. En 1922 apoyaron la candidatura del liberal Benjamín Herrera, quien obtuvo 256.000 votos, esto es, 38,2% del total. El candidato conservador, Pedro Nel Ospina, gana al obtener el 61,8% de los sufragios, esto es, 409.131 votos. La abstención fue del 25%.

La década de 1920 fue candente en cuanto a la agitación del movimiento izquierdista. En 1925 la difusión de las ideas socialistas se convirtió en delito y el Gobierno presentó al parlamento el proyecto de pena de muerte para quien las divulgara. En la celebración del 1 de mayo de 1928 el Gobierno encarceló a 8 mil dirigentes obreros, campesinos e intelectuales de izquierda, ante el temor de una conspiración armada para derrotar el gobierno del Conservador Miguel Abadí¬a Méndez. En 1929 ordenó apresar a todos los dirigentes socialistas, expirando de este modo la “década de oro” del socialismo, en medio de la tortura y el asesinato de sus militantes.

Al calor de las huelgas y las luchas populares, en 1930 se constituyó el Partido Comunista (PC), el cual fue declarado ilegal durante el gobierno liberal de Enrique Olaya Herrera (1930-1934). El gobierno de Alfonso López Pumarejo lo legaliza y pactó alianzas con los dirigentes comunistas para impulsar las reformas liberales y cambiar la Constitución en el año de 1936. En 1934 Alfonso López Pumarejo fue candidato único a la presidencia, elegido con 918.808 sufragios, 3.401 en blanco y 39% de abstención. Gaitán no se presentó pero sí alcanzó 400.000 votos. De haberlo hecho habría obtenido la tercera votación.

El asesinato de Gaitán en 1948 marca el inicio de una época de barbarie de la oligarquía nacional contra los sectores populares que se prolonga hasta la década de 1960: 300.000 asesinatos políticos y cerca de dos millones de campesinos desplazados por la violencia, en un país con una población ligeramente superior a los 11 millones. Sectores liberales y conservadores apoyan el golpe militar que el 13 de junio de 1953 llevó al poder al general Rojas Pinilla.

En menos de un año se desmontó la guerrilla liberal y el Partido Comunista, la única fuerza de izquierda con alguna organización es declarado ilegal. Tras el derrocamiento de Rojas, en 1957, la oligarquía instala el Frente Nacional que excluía del gobierno a quien no fuera liberal o conservador, institución que permaneció hasta 1974.

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Cerradas todas las opciones legales para la oposición socialista, en un momento en que los vientos eran favorables a la insurgencia en Latinoamérica, y en un período en que el terrorismo de estado desataba su furia asesina, la respuesta fue el levantamiento armado de campesinos, indígenas, sectores populares urbanos y universitarios. Las farc surgieron en 1964, el eln en 1965 y luego el epl, resultado de una división del PC.

En 1962 la izquierda parlamentaria apoyó la candidatura del Movimiento Revolucionario Liberal, de Alfonso López Michelsen: y lograron 354.560 votos, equivalente a 13,5% del total. La abstención fue del 51%. Posteriormente, el candidato regresó a su partido de origen, el liberal. Al finalizar la década, en 1970, el candidato de la Anapo, el exdictador Rojas, apoyado por la izquierda, gana las elecciones pero sucumbe ante el fraude electoral. Hoy ya se sabe que fue consumado en Barbacoas bajo el cuidado de José Elías del Hierro. Rojas se niega a reclamar el triunfo, como lo exigía su ala izquierda. Este hecho dio origen a la organización insurgente M19 que emergió a la opinión pública en 1974.

En 1972 se creó la Unión Nacional de Oposición (UNO), producto de la alianza entre el Movimiento Amplio Colombiano (MAC), el PC y el Movimiento Obrero Independiente (Moir). Esta unión de la izquierda lanzó la candidatura de Hernando Echeverri Mejía, en las elecciones de 1974. Obtuvo 137.000 votos, esto es, 2,6% del total. La abstención se colocó en 42%. Alfonso López, ahora candidato liberal, ganó con cerca de tres millones de votos, 56% de la votación neta.

En las elecciones de 1978, el candidato del PC, Julio Cesar Pernía, logró tan solo 97.234 votos, 2% del total. La abstención alcanzó 55%. Julio Cesar Turbay, candidato liberal triunfador, obtuvo 2,5 millones de sufragios. En su Gobierno se abolieron todos los derechos y libertades políticas, desató un régimen de terror, los derechos humanos fueron violados y todos los militantes de izquierda fueron perseguidos.

En 1982 el candidato de una coalición de los sectores de izquierda, Gerardo Molina, consiguió menos de 100.000 votos, 1,5 % de las papeletas efectivas. La abstención se mantuvo en 50%. El candidato ganador, Belisario Betancur, frente a la tensión social y amenaza de guerra civil, abrió por primera vez la posibilidad de una negociación política con los grupos insurgentes. El experimento político nacido de la tregua da lugar al surgimiento de la Unión Patriótica (UP), que en las elecciones de 1986, con su candidato Jaime Pardo Leal, llegó a 350.000 votos, el 4,9 de la votación. La abstención aumenta igualmente a 54%. Posteriormente, Jaime Pardo es asesinado por el establecimiento, y luego la UP es víctima de uno de los más desgarradores genocidios en la historia colombiana contra un partido político.

En un nuevo proceso de negociación política de la guerra civil colombiana, el M19 se desmovilizó y se presentó a las elecciones de 1990. Su candidato, Carlos Pizarro, fue igualmente asesinado. Tras el crimen, Antonio Navarro asumió y obtuvo 740.000 votos, el 12,6% de la votación. La abstención se elevó a 57%. En las elecciones posteriores para la Constituyente, el M19 obtuvo el 27% de la votación.

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En los comicios de 1994 y 1998, los votos por los candidatos de la izquierda cayeron nuevamente a cifras cercanas a los 200.000, lo que relativamente significo 3,8% y 1,6% del total, respectivamente. Entre tanto, la abstención de 1994 fue de las más altas en el siglo XX: 65%. En 1998 la abstención bajó a 42%, en un periodo de narco escándalos en la clase política y de mayor polarización violenta de la sociedad colombiana.

En el año 2002 la izquierda volvió a presentarse relativamente unida mediante la alianza Polo Democrático Independiente (PDI), alcanzando el candidato y dirigente sindical Luis Eduardo Garzón, 800.000 sufragios, el 6,1% del total. La abstención igualmente aumentó a 54%. El año de 2003, el PDI ganó la alcaldía del Distrito Capital.

Para las elecciones presidenciales del año 2006, dos fuerzas de izquierda se unieron, el PDI y la Alternativa Democrática (AD), dando cuerpo al Polo Democrático Alternativo (PDA). El candidato, como se menciono al inicio, alcanzó más de 2,6 millones de votos, esto es, 22,5% del total, la más alta en la historia de la izquierda colombiana. La abstención, por su parte, se mantuvo en 55%; por tanto. Por tanto, el triunfo del candidato de la derecha, Álvaro Uribe, fue muy precario, no llegó al 30% del censo electoral. Hacia el futuro, el reto del PDA es convertirse en una verdadera fuerza política representante de la izquierda colombiana y de todo el movimiento y luchas populares, o quedarse en una simple maquinaria parlamentaria y electoral, símil de los partidos del establecimiento.

A pesar, de los avances de la izquierda en las últimas elecciones, la estructura política del país registra pocas variaciones durante el último siglo. La abstención se mantiene en una cifra promedio del 54%, similar al 55% de la población que en las encuestas responde no tener ninguna preferencia política. La izquierda, según las encuestas de preferencias políticas, representa un 5%, la centroizquierda 6%, la centroderecha 11% y la derecha 23%.

Dentro de la cultura política colombiana, los grupos hegemónicos han desatado una ideología anticomunista que legitima su asesinato y exclusión. A esta campaña sistémica de intolerancia, han contribuido la jerarquía de la iglesia católica, los medios de comunicación y la propaganda estatal.

Un siglo de abstención

A lo largo del último siglo, cerca de la mitad de los potenciales votantes se abstiene en Colombia. La postura política que encuentra ilegítimo el sistema democrático colombiano es una minoría, a lo mucho el 5% que se declara de izquierda radical. De igual manera se observa que cuando aumenta la votación por los candidatos de las fuerzas de izquierda no se registra un descenso equivalente en la abstención. Lo más posible es que en las alianzas, sectores de la izquierda liberal sean desertores de su partido y prefieran el candidato de las fuerzas socialistas. Existe un continuo traspaso de votos entre los partidos de izquierda y el partido liberal, entre las fuerzas de centroizquierda y centroderecha, que explican los significativos y permanentes subibajas en los resultados de los candidatos de la izquierda colombiana.

¿Qué es, entonces, la abstención? Históricamente se afirma que el censo electoral está inflado, por que no se tiene en cuenta los problemas de inscripción y registró, la resta de los muertos y el descuento de los miembros de la Fuerza Pública. En la zona rural, además, siempre ha existido dificultades de transporte y lejanía; en la urbana, acceso complicado a las mesas de votación. A esto se agrega el fenómeno de la reciente diáspora colombiana que se estima en cuatro millones de personas viviendo en el extranjero, teniendo en cuenta que su participación electoral es mínima.

El problema estructural de la abstención está fuertemente relacionado con la exclusión, la violencia, la pobreza y la ignorancia política que sufre más de la mitad de los sectores populares. Las tendencias a lo largo del último siglo muestran una fuerte asociación entre la pobreza y la abstención. De igual manera, en los momentos más cruciales de la violencia la gente encuentra significativo su voto pero los desplazamientos forzosos y las zonas de orden público impiden a los afectados ejercer su derecho político.

Además, según los resultados electorales, el voto está ligado a la educación y a la posición socioeconómica del votante. De acuerdo con las encuestas, en la clase alta vota el 66%, en la media el 50% y en la baja 33%. Los ricos saben que sus intereses están en juego con la definición del gobierno, los pobres solo conocen del estado la represión y la exclusión, nada tienen que ganar ni perder con las elecciones.

Los abstencionistas son personas con escaso nivel educativo, tienen como máximo grado el bachillerato. A mayor edad también hay mayor interés de votar, en particular después de los cuarenta años; entre los que no votan, un 24% está entre los 18 y 25 años, y el 29% entre los 26 y los 35. Los que menos votan son en primer lugar las amas de casa, segundo el estudiante y tercero el desempleado. La abstención se registra, según regiones del país, en el Chocó, el Valle, Cauca, Nariño y en la zona cafetera.

La abstención disminuye cuando aumenta la polarización en el país porque activa el llamado al voto eficaz. La gente siente que hay un empate y que su voto ayuda a romper esa paridad. Igualmente, en medio de la crisis persiste la ilusión que un determinado gobierno puede dar solución a los problemas estructurales.

Al final, el reto que la izquierda tiene ante sí, para ser gobierno, es claro: educar políticamente a los sectores populares, conquistar el corazón y la conciencia de las amplias masas excluidas del país, por décadas escépticas, individualistas y sin esperanza de futuro.


Socialismo Tres rupturas, tres compromisos

El socialismo supone una ruptura con el sistema dominante en una triple dirección: 1) desaparición de las relaciones sociales de producción capitalista, la propiedad privada y el Estado burgués; 2) un cambio en los comportamientos ciudadanos, las disposiciones de la gente, su ética y su cultura, y, 3) la autoemancipación de las personas y la autogestión de las comunidades.

En general, el socialismo sostiene tres compromisos fundamentales e interdependientes: el compromiso con las ideas de autogobierno y autogestión, la defensa de la comunidad y la ética igualitaria. Frente a la crisis del “socialismo real”, nuevos principios se han agregado al ideario clásico: democracia radical, opción libertaria en lo personal y social, y ecologismo biopolicentrista (en reemplazo del antropocentrismo, en la defensa y respeto por todas las formas de vida).

En América Latina, la izquierda ha pasado por cuatro etapas. La primera corresponde al período revolucionario de los años 1910 a 1935, bajo la influencia de la revolución mexicana y soviética. Los marxistas tienden a caracterizar la revolución latinoamericana como socialista y antimperialista simultáneamente.

La segunda se conoce con el nombre del período stalinista, de mediados de los años 1930 a 1959, en que la interpretación soviética del marxismo es hegemónica y, por tanto, también la doctrina de Stalin sobre la revolución por etapas, que define la etapa latinoamericana como democrática-nacional.

La tercera etapa, entre las décadas de 1960 y 1980, nace con la revolución cubana, y de ella se desprenden corrientes radicales cuyos puntos de referencia comunes son la naturaleza socialista de la revolución, la necesidad de la lucha armada y la abstención electoral beligerante.

Tras la crisis y derrumbamiento del “socialismo real o de Estado”, viene la cuarta y actual etapa en la cual surge una izquierda parlamentaria, su objetivo no es la revolución sino la toma de gobierno, más cercana a la social democracia, ecléctica y pragmática, sin sujeto político definido distinto del “pueblo”, defensora de una economía mixta, acepta las reglas del sistema mundo capitalista, del capitalismo global y sus complementos ideológicos, el multiculturalismo liberal-democrático, la fragmentación del sujeto, la crisis de los metarelatos y propende por un estado social y democrático de derecho.

Libardo Sarmiento Anzola

Libardo Sarmiento Anzola Economista, filósofo y master en teoría económica. Escritor e investigador societal independiente

 
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