La Iniciativa de Acción contra el Hambre y la Pobreza presentada por el presidente de Brasil Luiz Inácio Lula Da Silva en Ginebra, a comienzos del año 2004 secundada por los presidentes de Chile, Francia, España y el secretario general de Naciones Unidas, merece el apoyo de todos los que deseamos un mundo mejor y creemos que es posible alcanzarlo”. Así inició su discurso, en Naciones Unidas en septiembre del año pasado, el presidente Hugo Chávez Frías.

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También el año pasado, pero en el Foro Social en Porto Alegre, dijo: “No se va a trascender al capitalismo dentro del mismo sistema. Será a través del socialismo que se trascenderá al capitalismo... En el primer tomo de sus obras completas Mao Tse Tung dice que la tarea principal es saber cuáles son los enemigos y cuáles los amigos... Con Lula y el Brasil, con Néstor Kirchner y el pueblo argentino, con Tabaré Vázquez y el pueblo uruguayo, se comenzarán a abrir las puertas para un nuevo futuro para América Latina”.

El presidente Hugo Chávez “nacionalizó” el petróleo, me dicen; así, cuando iniciamos una lectura en un auditorio de Pdvsa, uno de los poetas venezolanos dice a los trabajadores y trabajadoras que repletan el lugar (entre ellos y ellas un grupo de médicos y médicas de Cuba, parte fundamental de la Misión de Salud): “Es un privilegio para mí estar por primera vez en los salones de esta empresa en la que yo, tal como ustedes, soy uno más de sus beneficiarios; estar aquí compartiendo con ustedes y diciendo la palabra poética que decimos… hace un par de años era absolutamente impensado”. Al día siguiente, en la Universidad Experimental del Yaracuy, nos preguntaron -al poeta brasileño Ledo Ivo; al poeta venezolano Ramón Palomares; al poeta colombiano Fernando Rendón; al poeta español Lorenzo Oliván; y a mí-, respecto de nuestra visión de la obra Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes y Saavedra. Un libro que nos sigue hablando de la validez de los Sueños. La palabra Sueños que, en sí misma, se ha convertido ahora -con sólo nombrarla- en un acto de subversión. Un libro que nos está diciendo que para alcanzar nuestros Sueños, que son los Sueños del mundo, necesitamos de la arremetida vigorosa del ventarrón que parece acabársele el tiempo pero también de la tranquila persistencia de la gota de agua sobre la piedra; y que nos recuerda que no somos solos, que no estamos solos. “Los perros ladran, Sancho, señal que cabalgamos”. Don Quijote jineteando a su caballo Rocinante, acompañado siempre por su “escudero” Sancho Panza.

Es el humanismo, el idealismo, que me vuelve a sorprender, ahora en un país respecto del cual la prensa en Chile no comunica casi nada. Y no me parece extraño. En Venezuela se está llevando a cabo una revolución (que cuenta con la activa solidaridad de Fidel y del pueblo cubano). Allí se ha optado por la enorme mayoría de pobres y clase media empobrecida y no por la pequeña minoría libremercadista adinerada, en cuyas cuentas bancarias y cajas de fondo se instalan -como de costumbre- las ganancias anotadas en los indicadores macroeconómicos del que se jactan ciertos países (entre ellos, en este tiempo, Chile como triste ejemplo). Es el “proyecto del pueblo bolivariano venezolano que se está imponiendo al de Washington, al de George W. Bush -caballo negro, sombrero negro, bandera negra-, que pretende cortar el camino de nuestra liberación, de nuestra dignidad (el proyecto también de la oligarquía venezolana que quiere seguir entregando el país a intereses extranjeros)”, dijo el presidente en uno de sus discursos en la campaña del referéndum de agosto de 2004, que lo ratificó en su cargo con una amplísima mayoría.

Recién instalado en la pieza del hotel en el que nos alojaron a los invitados e invitadas al “Encuentro Internacional de Poesía de la Universidad de Carabobo”, en Valencia; impresionado aún por la visión nocturna de los iluminados y populosos cerros de Caracas que tengo otra vez el privilegio de observar, escucho en directo al presidente Chávez en la conversación en su programa radial y televisivo Aló, presidente. Dos días después, en otra jornada calurosa y bella, en medio de las lecturas en la Universidad y centros de trabajo petroleros y culturales, tengo un tiempo para escuchar su discurso en el velódromo de Araure, en el Estado Portuguesa. Allí, estableciendo una relación entre la realidad histórica venezolana y la obra Los miserables del autor francés Víctor Hugo, dice: “Yo fui un niño pobre, pero viví en la oscuridad de vivir con poco y no en el infierno de vivir con nada”. Y recomienda a su pueblo: “Hay que nutrirse de los monumentos de la literatura universal”. Habla de sus vivencias de infancia en Portuguesa y Guanarito, y canta una canción popular de la zona que es coreada con entusiasmo por la gente reunida para oírlo.

“Hemos tenido un gran avance político, pero tenemos que seguir batallando, no quedarnos dormidos en los laureles”, dice. “Ha habido avance social, pero tenemos que alcanzar el desarrollo económico, un desarrollo endógeno integral que debe empezar desde abajo. ¿Creen que puede haber desarrollo económico verdadero existiendo el latifundio?”, pregunta. Y agrega, “el latifundio no sólo es perverso por lo injusto sino porque es ineficiente e improductivo, porque los latifundistas lo trabajan sólo en lo que les conviene. Habiendo tanta tierra, ¿por qué tenemos que importar la carne que necesitamos? ¿Por qué tenemos que importar los cereales que necesitamos? ¿Por qué creen ustedes? ¿Porque somos flojos? ¡No!, es porque los latifundios se han acaparado las tierras y sus ‘dueños’ especulan. Por eso les digo que el latifundio es ilegal y es inconstitucional”.

Así la revolución bolivariana está iniciando su lucha en contra del latifundio. Aplicarán, dicen, un proyecto económico liberador: tierras con proyectos de producción y no sólo tierras donde los pobres vayan a vivir su pobreza en espacios más amplios. Tierras en las que el latifundista decidirá cuánta extensión necesita y en las restantes, que le serán expropiadas, podrá -si lo desea- participar también en su proyecto de producción. Hermoso tiempo de justicia se vive en Venezuela, con sus detractores, claro. Y aunque en las elecciones de octubre de 2004 hubo una importante abstención, hubo a la vez una muy significativa señal: la derrota del siempre triunfante candidato a gobernador en el Estado Miranda, líder de la oposición y ahora improbable candidato en las presidenciales de 2006