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Mural(fragmento)Omar Gasparini

La verdad y la realidad no deben ser sólo reveladas, San Juan. Ni impuestas, Goebells. Ni violentas, Stalin. Ni oníricas, Freud, menos aún negociadas, caso Lusinchi vs. Granier. Popper las tiene por convenidas entre grupos interesados en el conocer. Baudrillard, las delata como productos del comercio y la violencia mediática.

Hemos pasado en forma vertiginosa —considero, por rutas y trochas mal trazadas— de una sociedad donde la verdad era un valor que, además de deseable y casi indiscutible, era condición necesaria y suficiente para realizar nuestras diarias transacciones entre personas. Sin embargo, hemos ido a caer a otro territorio ambiguo donde la irrealidad y la mentira parecen ser la moneda de cambio legal.

En los medíos privados, el lento deslave de la verdad se está produciendo por etapas. En este período corto pero muy intenso de los últimos siete años de la vida social venezolana se ha saltado de una sociedad de lo casi real informativo a otra de la video-ficción. Así, descubrimos el diseño que los medios y sus propietarios privados han escrito sobre el camino hacia un nuevo ideal. Es previsible que esta ruta debe desembocar otro estadio social que ahora se organiza bajo el sello de las ideas de la llamada "ciencia ficción". Puro y necio "relativismo". Recurso simplista para gambetear y estafar la verdad.

No creemos que este sea el final, pues se prevé el próximo escalón en el descenso de la moral y la ética. Otra manera de hacer teatro con la verdad.

Este modo de actuar pretende marcar un camino con vericuetos, y triquiñuelas, para esconder lo real, lo objetivo. Allí los límites entre la realidad y la ficción se separan, se dispersan y, por momentos, aparecen indiscernibles. La pregunta es: ¿Existe la verdad en esta coyuntura de la vida social de país? ¿Es necesaria? ¿Tiene sentido? ¿Se reconoce su papel en la construcción de nuestro proceso socializador? ¿Los ciudadanos propietarios de los medios y de la conciencia de nuestros comunicadores sociales sueñan, reconocen y aceptan la verdad como recurso constructivo de lo social? ¿O, sencillamente la desprecian, ultrajan, desatienden y burlan el concepto de la realidad? ¿O la crean a su imagen y semejanza?

Quizás ahí esté la clave del modelo que sueñan los propietarios de los medios. Asombra ver esas mezclas, hibridaciones, simbiosis, asociaciones y hospedajes entre la falacia y el poder realizados en los medios para presentar no la verdad …sino su verdad. Imponer su realidad. Castigarnos con su soberbia. Embobarnos con sus fábulas. Ilusionarnos con sus novedosos enredos que embolatan a la hora de hacernos —queramos o no— partícipes de la buena nueva que nos traen —diariamente y con demoníaca sevicia— sobre su lectura del país. Ese carnaval de chismes, patrañas y hablillas informativas no tiene sino un fin, ocultar con miles de tramoyas y guarimbas: la verdad. Confiscarla. Obviarla. Degradarla.

Peor aún, impúdicamente, inventarla y acomodarla a su voluntad e intereses. Imponernos con la intimidación, rudeza, harta soberbia e impudicia de sus noticias, reportajes, crónicas, artículos, notas, documentales, cuñas, creer que solo es valida y existe la realidad creada por sus medios. Estamos ahogados, inundados con sus poses, sus formas y la violencia de su estilo negador de todo. Pesimistas militantes de la fatuidad.

Pedantes llenos de ignorancia y soberbia. Sordos y ciegos ante la voluntad y resultados de una acción que se dirige, quiéranlo o no, acéptenlo o no, al indiscutible mejoramiento de la capacidad de raciocinio de este vasto y menos aventajado sector de la sociedad que ahora ha dicho, ¡No! ¡¡No creemos!, ¡a pesar de tus esfuerzos e intimidación, no convalidamos nada de lo que tus noticieros y tarifados voceros nos dicen!

Sigan tratando de trastocar la realidad, con toda la prepotencia que sus instintos clasistas les dictan. Blasfemen, nieguen y maldigan lo que se está construyendo en el país. Hagan una y mil veces más el ridículo con sus cuentos y falacias y ollas noticiosas. Habiten esa podredumbre que es su estulticia impúdica. Huyan ante las verdades de lo que realmente está pasando en el país. Sientan el paso del gentío por la Cota Mil.

Búrlense y nieguen que ahora hay mas gente que sabe leer. Quemen la sensación de seguridad de aquellos que puede acudir a buscar quién los sane, quién los apoye y eduque. Mas grave y profundo aún, prohíban que esa gente, que Uds. desprecian, por fin tengan una esperanza y un camino que les produce amor y sentido cooperativo con sus iguales. Esa es la verdad. La única verdad. La verdadera e incontrastable verdad. Esa no pueden trocarla con falsas, mentirosas, vacías e inventadas maquetas de la realidad. Sus sábados sensacionales de burla e infamia, sus shows con ruines y degradantes premios, sus entrevistadores mentirosos que sólo ultrajan y desmoralizan a la gente, todos… todos no son sino vacíos artilugios, actos contra la verdad.

En fin de cuentas no se trata ni de la verdad revelada, cita introductoria, o la creada artificialmente por los medios. Lo único valido es la certitud de una amplia masa que opina, expresa y responde unívocamente a un nuevo estilo de la acción y la política. La verdad, pues, está en la gente que por fin sabe cómo defenderse de esa batahola de majaderías que Uds. emiten y escriben y repiten hasta el cansancio.