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Desde 1988 una asociación denominada Commission on Presidencial Debate organiza reuniones públicas, que se retransmiten por televisión, para dar a los candidatos la oportunidad de presentarse a los electores. La asociación ha establecido un reglamento que limita ese derecho a los candidatos que hayan obtenido al menos el 15% de los votos en cada uno de los cinco principales institutos de sondeo. Por consiguiente, solamente participan los candidatos de los partidos republicano y demócrata, garantizando así a la clase dirigente que ningún partido emergente pueda venir a perturbar este cártel.

Estas reuniones públicas se denominan «debates» aunque los dos participantes no se dirigen la palabra entre sí sino a un periodista que se las otorga alternativamente. El objetivo de este procedimiento no es impedir los ataques personales -los oradores no vacilan en vilipendiarse sin mirarse- sino ofrecer la apariencia de un marco homogéneo dentro del cual se ofrece a los electores la posibilidad de escoger.

La escenografía es similar a la de la publicidad comparativa: cada marca presenta su producto y denigra al competidor sin nombrarlo. Siendo así, el periodista abre una de esas reuniones con estas palabras: «Sin mencionarlo [Kerry y Bush] por su nombre, explíquenos en qué se diferencia usted de su adversario». Una de las características de ese procedimiento es la de poner el mayor cuidado en mostrar que los productos de las marcas rivales son comparables. De la misma forma, los oradores despliegan entonces tanta energía para garantizar que responden a la norma como para exponer las diferencias en cuanto a sus capacidades.

El resultado es una serie de monólogos alternos completamente surrealistas. Tres reuniones de ese tipo pusieron ante el público al presidente Bush y el senador Kerry y otra al vicepresidente Cheney frente a Edwards, el candidato demócrata a ese puesto. Pero, no nos enseñaron nada nuevo. George W. Bush afirmó que nunca ha cometido errores y John Kerry que él mismo no habría cometido los errores de su rival si hubiera estado al mando. Bush subrayó que él era el comandante en jefe de la guerra contra el terrorismo y que había cambiado el régimen en Irak con esa perspectiva y Kerry precisó que él apoyaba la guerra contra el terrorismo pero que la habría dirigido de otra manera y que la continuaría si fuera elegido.

O sea, se discutió cuál detergente dejaría la ropa más blanca pero no si habría que cambiar de lavadora.

Solamente abordaremos en este artículo cuestiones de política internacional y de defensa que son de interés directo para nuestros lectores, dejando de lado asuntos internos que -hay que reconocerlo- se prestan menos a nuestra demostración. En lo tocante a los impuestos y la salud, los telespectadores pudieron observar en efecto un intercambio más clásico que se parecía, por momentos, a un verdadero debate.

Las intervenciones expresan ante todo la complicidad de los candidatos y su habilidad en el manejo del mismo discurso nebuloso, a compartir una verdad preestablecida de la que saben que es falsa invocando sin embargo diferentes variantes en la forma de manejarla. Vamos a resumir sus declaraciones y a expresar claramente lo que ellos dejan entender.

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Los candidatos se refieren frecuentemente a los atentados del 11 de septiembre de 2001. John Edwards mencionó que, si bien ambos partidos estaban de acuerdo en que todo cambió a partir de aquel momento, la administración Bush rechazó la creación de una comisión encargada de investigar cómo tuvieron lugar los atentados y las responsabilidades de cada cual. Esta manera de evadir el problema ilustró, según Edwards, una falta de agresividad. Había que cortar algunas cabezas para mantener la credibilidad.

Los candidatos atribuyen los atentados del 11 de septiembre a Osama ben Laden y su organización al-Qaeda. De ello concluyen que ese hombre debe ser el blanco principal. Para Kerry, sin embargo, es un error no haber arrestado a Ben Laden. Se cometió un error al subcontratar a los señores de la guerra, demasiado divididos para ser eficaces, y confiarles la búsqueda en las montañas de Bora Bora. Para Bush, esto no es un fracaso sino una cuestión de tiempo. A lo cual responde Kerry que al-Qaeda ha aprovechado ese tiempo para propagarse por 60 países y hacerse más peligrosa aún. Usted tenía que haber buscado otro pretexto que no fuera la impotencia de nuestros ejércitos en la captura de Ben Laden para justificar nuestras acciones en todos los frentes.

Cheney se congratula por la realización de elecciones democráticas en Afganistán y declara, antes del conteo de los votos: «Tenemos al presidente Karzai en el poder». No teman, hemos fortalecido nuestra credibilidad dando una imagen democrática a la ocupación de Afganistán, aunque sea amañando las elecciones para tener la seguridad que el presidente no se pondrá en contra nuestra.

Los candidatos están de acuerdo en reconocer que aprobaron el ataque contra Irak en base a informaciones erróneas. Creían que Estados Unidos se encontraba bajo la amenaza de Saddam Hussein, pero en realidad Irak no tenía armas de destrucción masiva. Sin embargo, no es menos cierto que la guerra fue un elemento positivo ya que «el mundo está más seguro sin Saddam Hussein», declara Bush. Estamos de acuerdo, no teníamos ninguna razón válida para invadir Irak, pero se nos presentó la oportunidad de demostrar nuestra y de intimidar a todos los que se oponen a nuestra hegemonía en el mundo entero.

Kerry denuncia el costo financiero y humano de la expedición contra Irak recordando el interés económico y estratégico de la ocupación, con el petróleo y la construcción de bases militares permanentes. Le reprocha a la administración haber actuado dando una mala imagen de Estados Unidos por falta de preparación. «[El éxito de esta operación] es importante para Israel, es importante para Norteamérica, es importante para el mundo, es importante para la lucha contra el terrorismo», señala. Propone salir del atolladero dejando el problema en manos de autóctonos que habría que entrenar y ampliando la coalición. Bush observa que eso es exactamente lo que su administración está haciendo y Kerry asiente asegurando que él mismo lo hará mejor. No porque hayamos entrado ilegalmente en Irak nos vamos a ir ahora, pero para que este asunto que planificamos con Israel sea rentable tenemos que cargarle el costo a los demás y cuidar nuestra imagen. Lo que hay que saber es cuál de nosotros dos sabrá rentabilizar más rápidamente esta inversión.

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Los candidatos tienen la misma seguridad de que Estados Unidos vencerá en Irak, sobre todo porque los iraquíes están del lado de los estadounidenses. Cheney designa al enemigo: «Zarqaui es responsable de la mayoría de los atentados con coches-bombas que han matado o herido a miles de personas. Es él el que sale decapitando personas en los noticieros. Se trata, sin dudas, de un hombre malo». Esta resistencia popular es catastrófica para nuestra imagen, así que inventamos un chivo expiatorio para esconder el problema. Todo lo que está mal en Irak es culpa de Zarqaui.

En cuanto a Corea del Norte, el problema nuclear no es más que una entrada en materia. Kerry insiste: «Quiero que haya conversaciones bilaterales que pongan los problemas sobre la mesa: desde el armisticio de 1952, las cuestiones económicas, los problemas de derechos humanos, el desarme convencional, el asunto de las zonas desmilitarizadas y las cuestiones nucleares». Al contrario, Bush afirma que ese método unilateral no ha dado ningún resultado y que está condenado al fracaso ya que Estados Unidos no tiene ningún medio de presión directo sobre Corea del Norte, a diferencia de sus vecinos. Aconseja por tanto la continuación de las negociaciones multilaterales en el seno del Grupo de los Seis. Tenemos que terminar la guerra de Corea y países como China, que era nuestra enemiga, no deben interponerse en las negociaciones. Por otro lado, ya que somos incapaces de cerrar el caso es mejor endilgar la responsabilidad de nuestro abandono a otros.

Kerry afirma que la mayor amenaza de hoy es la proliferación nuclear que hace posible que «los» terroristas pueden dotarse de la bomba. Primeramente, «hay todavía más de 600 toneladas de materiales nucleares no controladas en la antigua Unión Soviética y Rusia». Rusia misma podría convertirse en una amenaza si la dictadura se consolida allí. «El señor Putin controla ahora todas las estaciones de televisión. Sus opositores políticos son encarcelados». Además, Irán está a punto de convertirse en una potencia nuclear.

Edwards define los blancos de otra manera: «Es muy importante para Norteamérica castigar a los sauditas que no han sido objeto de acciones públicas por haber financiado el terrorismo desde el 11 de septiembre. Y es importante que Norteamérica mire de frente la situación en Irán, porque Irán representa una amenaza enorme para Israel y el pueblo israelí. (…) Irán es el patrocinador más importante del terrorismo en el planeta». Debemos concentrar nuestros ataques sobre los tres Estados petroleros más grandes que son Rusia, Arabia Saudita e Irán. Utilizaremos una vez más el pretexto de las armas de destrucción masiva, en fin únicamente el de las armas nucleares. Mientras que la situación no se estabilice en Irak, tenemos que proteger a Israel que es nuestro portaviones en la región.

Nueve de diez divisiones activas de las fuerzas estadounidenses están implicadas en la ocupación de Irak. Estados Unidos no puede, por consiguiente, abrir nuevos frentes. Kerry propone crear dos nuevas divisiones para recuperar una capacidad de intervención externa. Además, duplicará el número de Fuerzas Especiales para las acciones contra blancos no estatales y aceptará dirigir una fuerza de intervención de la Unión Africana que podría desplegarse específicamente en Darfur. Bush dice lo mismo. Nuestros proyectos coloniales necesitan de más tropas que financiaremos buscándolas allí donde sean necesarias.

Durante los cuatro shows televisivos, los comentaristas europeos hicieron esfuerzos por adivinar quién había ganado y analizar las preferencias de los consumidores estadounidenses. Lo más útil es escuchar lo que dicen los oradores y comprender en qué están de acuerdo.