El ministro de Defensa, Allan Wagner Tizón, declaró a El Mercurio de Chile que este país y Perú “pasen de una etapa de seguridad defensiva a la seguridad cooperativa…..explicó que este concepto se refiere a la necesidad de concebir la seguridad con una visión común…Esto tiene un trabajo muy intenso de fomento de acciones que permitan ir fortaleciendo las relaciones de confianza…..A pesar de esta postura, el titular de Defensa indicó que resulta evidente que Chile ha comprado mucho armamento” El Comercio, p. A-6/14-8-2006. Entonces ¿en su portentosa imaginación Wagner concibe siquiera que el gasto que reconoce en el vecino del sur, va a a ser echado a la basura porque a él se le ocurrió reiterar la gringada de la seguridad cooperativa que le soplaron sus asesores intelectuales de ONGs mantenidas con el dinero norteamericano que llega a través de USAID? ¿Jugando con la Defensa Nacional?

Otra de las más notables paparruchas emitidas por el ministro Wagner se refirió a la gerencia por objetivos aplicada a Defensa, como si a los hombres y mujeres integrantes de la Fuerza Armada a quienes la Constitución asigna sagrados deberes para con la integridad territorial de la nación, se les pudiera tratar como a fríos, vulgares y deleznables guarismos o trebejos de un ajedrez geopolítico que pocos entienden o que algunos quieren hacer pasar como de minúscula importancia.

En diversos corrillos, Wagner ha admitido que asumió el ministerio de Defensa 24 horas antes del anuncio oficial. Hay una macabra coherencia “intelectual” porque sólo así se explica que esté propagando dislates de ínfima categoría estratégica y que hoy ya se esté voceando (¿quiénes agilizan estos rumores?) al propio Wagner para ir a ocupar la embajada peruana en Washington. Entonces, la pregunta maciza, deviene imprescindible, otra vez: ¿jugando a la Defensa Nacional?

Pocos días atrás, el general jefe de la Fuerza Armada chilena, Izurieta, dijo que él prevía roces con Perú. No lo dice cualquiera ni lo hace de forma desavisada. Aquí puede ser común, por eso un ministro habla de seguridad cooperativa y gerencia por objetivos, causando las unánimes carcajadas y burlas en el sur. Izurieta, disciplinado funcionario castrense, no suelta una palabra si no la ha coordinado al más alto nivel. Importa un bledo que esa plataforma superior esté bajo el mando de una socialista que es más chilena que socialista y cuya visión geopolítica es la misma desde Portales en el siglo antepasado y luego de dos guerras con Perú: en 1836 contra la confederación y en 1879. Wagner no puede hacerse el bobo con estas declaraciones de impresionante peso disuasivo. ¿Alcanzará su “especialización” en Defensa y “peso político propio” para brindarle luces sobre este intríngulis? ¡Aquí parece que hay alguien que se las quiere picar a la capital de Gringolandia!

El silencio inexplicable de los partidos deviene estentórea confesión de su incapacidad de analizar al país y su relación delicada con Chile. Con el hermano país del sur, debía haber, como política de Estado, única y digna, el establecimiento, ante todo, de la delimitación marítima y el respeto a nuestro dominio en el Pacífico de acuerdo a la proyección de las líneas de base y a las 200 millas del Mar de Grau. Luego, puede venir la gran alianza de todo calibre y en beneficio de los pueblos. Pero hay temas esenciales de irrenunciable vigencia y a cuyo respeto tienen los periodistas, políticos, intelectuales patriotas que consagrar recios e indoblegables esfuerzos porque está allí la memoria de los mártires y un destino que el presidente García se encargó de recordar en el mismo Chile: ser la gran puerta latinoamericana con Brasil hacia el Asia.

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

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