Cómo explicar esta cruzada implacable de imágenes manipuladas, de palabras que se disparan en la oscuridad de la ignorancia, de la complacencia, de la convicción infame que repite como un taladro la historia que nos cuenta el poder mediático, para saciar hasta la última gota de sangre su voracidad inhumana.

Solícitos, algunos periodistas corren arrastrados tras la inquietud del poder real. Allí van como “Chirolitas” (1), intentando matar casi cincuenta años de Revolución cubana, justificando masacres en el Líbano y en la Franja de Gaza; repitiendo estadísticas -cuando menos dudosas-, “equilibrando”, desde una moralina repugnante, la prohibición vergonzosa de abortar un embarazo producido por violación a una joven discapacitada.

Allí van, algunos periodistas, corriendo con su micrófono húmedo de tanta saliva envenenada. Allí van, omitiendo, tergiversando, mintiendo.

Van con su supuesta prudencia democrática a vociferar los peligros del “populismo” que en Venezuela ofende a los estrategas del sistema criminal que gobierna el mundo.

Allí van, soldados de una causa aberrante, de un sistema despiadado. Van, como soldados de la obediencia debida, devenida en práctica profesional. Ellos son los cadetes de los verdaderos sepultureros de la libertad de prensa; nosotros, desde la profesión y en la lucha política y social, los enfrentamos para construir otra historia.

# Revista “La Utpba” de agosto de 2006 (Argentina) (1) “Chirolita” fue un muñeco, de cierta fama, manejado por Mr. Chasman, experimentado ventrílocuo.