A manera de adelanto, la nota sostiene:

Novato (Raúl o Alejandro) ya tiene sus años y prefiere que no se sepa nada, o casi nada de él. Mejor, las sombras. Mejor, el silencio. El anonimato de los filántropos o el de aquellos que hacen un culto del bajo perfil. O, si se quiere, de los que andan con el rabo entre las piernas. O los otros, esos que mandan a ejecutar: obras o crímenes, según lo que se necesite en el poder y en la acumulación de más poder.

Novato, ahora está sentado. Pensando. Con la mirada en un horizonte imaginario. Y no quiere que lo interrumpan. No quiere que lo molesten. Piensa. Suma. Resta. ¿Cómo que con la UTPBA no se jode?, pregunta sin levantar la voz. ¿Quién dijo que con la UTPBA no se jode?, vuelve a la carga. Pregunta pero no espera ninguna respuesta. Piensa. Suma. Resta. ¿Qué, acaso son incorruptibles? ¿Y quién dijo que no le tienen miedo a nada, que nunca se disciplinan? ¿Quién carajo dijo que con la UTPBA no se jode? Novato levanta un poco la voz. No puede creer que alguien le haya dicho que con la UTPBA no se jode.

Puede que a Novato no le entre en la cabeza eso, lo de la UTPBA. Entre otros motivos, porque Novato (Raúl o Alejandro) está acostumbrado a otra cosa, viene de una cultura política muy singular y, además, conoce gente que se la banca, gente de la cana, boxindangas, lumpenes listos para cualquier mandado, pequeños y grandes hampones, algún que otro general retirado, a empresarios chic y a bárbaros que por unos pesos fueron capaces de mandar al horno a sus santas madrecitas.

¿Cómo que con la UTPBA no se jode? No hay caso, a Novato eso de que con la UTPBA no se jode, no le entra en la cabeza.

En nuestra próxima publicación, antes de que el libro salga a la venta, podrán disfrutar del primer capítulo de: Novato, la mano que mece la cuna. No se lo pierda, con la UTPBA no se jode.