Ha dicho el titular de Relaciones Exteriores, José García Belaunde que en cuanto al irresuelto tema de la delimitación marítima con Chile hay “un manejo diferenciado de la agenda para poder desarrollar y enriquecer la relación”. Esta maraña palabrera pretende esconder lo que todos ven pero que nadie tiene pantalones de denunciar: ¡otra vez, con desdoroso afán verborrágico, Perú desaprovecha la ocasión de llevar al país hermano del sur hacia una definición fronteriza marítima y en defensa objetiva e irrenunciable de nuestras 200 millas! El canciller cree que todos somos idiotas.

¿Qué tiene el Perú?: gas, agua, tierras, frutas, espacio, 26 millones de habitantes que, disciplinados y ordenados en un proyecto nacional, tienen un peso objetivo y formidable que causan terror en otros lares pero que tal como está, desunido, desorientado, sin orgullo concreto o histórico definido, es como sostiene el patriota Alfonso Benavides Correa: “una presa apetecible”.

Si hay que negociar, una consideración fundamental de cualquier guerra comercial es el saber con qué contamos y de qué carecemos. Y con ello alimentar nuestras fortalezas y pelear contra las debilidades. Si hay que buscar un entendimiento con Chile, lo mínimo que hay que hacer, es jugar con las herramientas valiosas que poseemos y que el país del sur no, y entonces buscar, con dignidad entrambos, un acuerdo para los próximos cien años pero en términos de respeto a la historia y a los tratados internacionales como el del 3 de junio de 1929 y su inseparable Protocolo Complementario que está pendiente porque la traición que se hizo en 1999 en Arica es un tema oscuro y sucio y que tiene en ¡nada menos! que el viceministro de Defensa actual, Fabián Novak Talavera, a uno de los fautores que debiera recibir todo el castigo que se da a quienes traicionan a la patria.

Perú debe partir de un concepto sencillo pero importantísimo en la vida común y corriente: tiene que preocuparse no de la competencia ¡sino de su propia incompetencia! Chile hace lo que tiene que hacer. Potencia sus fortalezas y aprovecha muy bien de los quintacolumnas y cómplices que alienta o sufraga si eso conviene a su juego geopolítico. ¡Es lo lógico cuando hay determinación y objetivos claros! Las respuestas tienen que ser, también enérgicas y con idéntico propósito vigoroso, para crear sinergias fuertes y en igualdad para las mutuas entidades nacionales. Ser aduladores contumaces no da sino la medida de cómo tienen podrido el cerebro ciertos empresarios y políticos que tienen por deporte de sus tristes vidas el ser los eternos “chi cheñós” con los del sur.

El canciller García Belaunde sigue el molde clásico que Torre Tagle ha perpetrado contra el país casi siempre: debilidad, falta de amor propio y obsequiosa y coqueta producción palabrera y farsante para disfrazar las cobardías bajo toneladas de palabras que no dicen nada pero que continúan la oprobiosa senda de perdedores eternos en un tema que podría resumirse en algunos giros sintéticos: Delimitación marítima y respeto a nuestras 200 millas por gas y comercio. Entonces la ecuación sí puede ser interesante y todos ganan. Ahora sólo ganan los australes. ¡Y aquí somos el doble de población y un país inmensamente más rico que Chile! Adolecemos, eso sí, de una pobreza de diplomáticos pusilánimes, oportunistas, episódicos, frívolos, bocatanes y cuya única virtud, si por tal podemos entender la cosmética, consiste en mantener modales cortesanos y etiquetas antediluvianas que a ellos se antojan como patrones fundamentales. ¡Pamplinas!

¿Y qué dicen los políticos, los intelectuales, los periodistas? ¿Es más importante el comercio, el enriquecimiento de empresas que pagan mal a sus trabajadores pero que quieren ganar a raudales con sus TLCs, que una negociación equilibrada y con decoro del hombre y mujer peruanos que aspiran tan sólo a ser parte protagónica de su historia? ¿Es a nivel de mercachiflería el propósito de este gobierno que empieza a imitar al toledismo hasta en sus taras más abyectas y entreguistas? Un ejemplo: si la empresa suizo-peruana, postora única, que “ganó” la licitación de 12 aeropuertos, va a invertir apenas 125 millones en una decena de años, quiere decir que lo que produzcan aquí y con el apoyo estatal, va a ser su “inversión”. Entonces ¿qué gana el país porque del cuero salen las correas como leí en un oportuno y valiente análisis reciente? Nuevamente ¡pamplinas!

¿Creerá el canciller García Belaunde que todos somos idiotas? Me da un gusto increíble decirle y notificarle que se equivoca tremendamente. Y que si los idiotas piensan como idiotas y creen que todos son de su condición y que con ello garantizan el silencio cómplice, entonces, hay que echarles abajo el sueño porque habemos peruanos con voz bronca y firme. Aunque no nos publiquen en los diarios ni salgamos en radios ni televisión. Más importante es el respeto a la historia, a la dignidad y al orgullo de 26 millones de peruanos genuinos y no fabricados o baratos como los que abundan siempre en los predios oficiales que gobiernan el país.

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

hcmujica.blogspot.com

Documentos adjuntos