No es para menos. La multiplicación de votos por la izquierda en las elecciones de mayo pasado, precisa que un importante sector de la sociedad no comparte las orientaciones del actual Gobierno. Pero por otro, resurge con variados tintes el activismo, representado por mujeres y hombres de distintas edades, que cargan entre otros sueños, el surgimiento de un nuevo proyecto colectivo (movimiento, partido o frente) que se proponga de verdad comunicarse con los no organizados, con los excluidos, con los negados, con los exiliados, emigrados y asilados, con un mensaje central: rescatar la dignidad de los colombianos, alcanzar la justicia y la paz, para lo cual es indispensable ser gobierno y ser poder.

La necesidad de un nuevo liderazgo

Como se reconoce sin mayores discusiones, en Colombia es insuficiente, parcial o se vive y sufre un vacío de liderazgo nacional y del enlace de sus distintos factores. Un vacío de «liderazgo legítimo» con raíz popular en ciudad y campo que es la condición que podrá comunicar a la sociedad una capacidad de movilización y freno al autoritarismo, la prolongación del conflicto y a la parainstitucionalización en marcha.

Superar este vacío es el reto mayor del Polo. Para lo cual es urgente alcanzar la unidad interna. Pero también obtener la mayoría de edad con la recuperación de la calle como lugar por excelencia para la protesta social.

Pero en esta brega no se está sólo. Para lograr el anhelo de un salto democrático, institucional, con ruptura del poder y su naturaleza oligárquica, hace falta integrar los diversos componentes de ese liderazgo, los cuales una vez interrelacionados, propician tanto el movimiento social, como el “desde abajo” de la inclusión, de la ‘verdadera reforma política’, y superan la ruptura geográfica “cultural-de régimen” campo-ciudad que en la actualidad obra a favor de los citadinos: tanto oligarcas, como de las capas medias y pobres cooptados en la formalidad participativa de ‘ciudadanía’ que alcanzó su tope máximo de siete millones de votos como estribo a Uribe y su prolongación del conflicto, sujeto a la intervención extranjera y ascendente si Uribe lo “solicita”, como ya lo dijo Bush.

Entonces, para superar los trágicos días que ensombrecen a Colombia, no basta con arribar apenas a unas definiciones de estatutos, ‘unidad’ y canales de obediencia y mando, sobre los mismos temas recurrentes que el debate de izquierda discute en repetidas ocasiones y largas décadas, bien sean de utopía total o de pragmatismo sin acción ni convicción de poder.

A las tesis presentadas en la Mesa de Unidad del Polo Democrático Alternativo, realizada el pasado 10 de agosto con asistencia de 30 delegados como deliberativas para el Congreso: (i) Oposición y gobierno alternativo (ii) Política internacional (iii) Asuntos regionales (ordenamiento territorial) (iv) Elecciones regionales y locales de 2007 (v) Relaciones partido – gobierno (vii) Relaciones partido – población (viii) Plan de lucha contra gobierno Uribe; es necesario adicionar, al menos y con tareas:

- Veeduría internacional e inscripción permanente de los colombianos en el registro electoral (*).
- Territorio y cultura nacional, nuevas formas de relacionamiento, de ver y comprender.
- Papel de las Fuerzas Armadas y de su entorno poblacional directo a inmediato y mediano plazo.
- Desempleo, lucha contra el analfabetismo e ingreso general de la población a los diferentes niveles de educación.
- Mecanismos de reconocimiento político para obtener un cese multilateral de fuegos del: (apoyo y presencia internacional, Ejército, paramilitarismo e insurgencia) como fundamento de Refundación de la República y acogimiento igualitario de nuestros pueblos originarios.
- Organización de la comunidad colombiana en el exterior como factor decisivo de apoyo político y electoral en una polarización política.

Democracia representativa vs Democracia radical (polarización política)

Como superación de intentos anteriores, Carlos Gaviria dio un vuelco en el proceder visible de la izquierda con representación en las corporaciones desde 1991: con la mayor votación obtenida cerró la puerta para los provechos personales y advirtió tajante a Uribe: no habrá consulados ni ministerios.

Esta nueva forma de hacer política, que retoma las mejores enseñanzas de las luchas que se libran por la izquierda en todo el Continente, nos sintoniza con importante movimientos y partidos de la Región. En cada una de sus naciones la América Nuestra ya no es la misma y Uribe con su capital electoral de guerra, comienza a percibirse como la excepción y la mancha. En algunos meses, con desempleo y desplazamiento, en la sociedad y en sus movimientos, quedará al desnudo que con guerra y Tratado de Libre Comercio el país no encontrará beneficio alguno. Para ese momento, la Historia necesitará un PDA maduro en unidad y constituido como motor del conjunto de las fuerzas y esfuerzos nacionales por la unidad, la dignidad y la soberanía.

Nota: el presente suplemento es el primero de cuatro que el periódico desde abajo publicará como apoyo al Congreso del PDA. En cada uno, además de una entrevista en extenso con uno de sus dirigentes, se encontrarán lecturas referenciales para el debate ideológico, político y organizativo que se deberá enfrentar en su máximo evento. Próximo número: Entrevista con el Presidente Honorario del PDA, Orlando Fals Borda


Introducción

Su ascenso de imagen puso en carreras a los digitadores de los Estados Unidos y de los paramilitares que fraguaban el mensaje de Álvaro Uribe. Su aceptación en sectores populares sorprendió tanto a la clase política de derecha como a la de izquierda. Hoy después de los resultados del 28 de mayo, Carlos Gaviria es tropiezo para las aspiraciones individuales y grupistas que durante los últimos quince años y desde diferentes proyectos no han constituido un legítimo liderazgo político y social.

A la cabeza del Polo Democrático Alternativo (PDA) desafía con una caracterización acerca de su situación interna y de sus perspectivas. “Hay una tendencia política que le interesa el Polo como maquinaria electoral y hay otra tendencia interesada en construir una propuesta ideológica coherente de izquierda, que recoja matices, poco fundamentalista, pero sin perder la identidad de ser una propuesta de izquierda”, dice. Tras varios intentos así respondió nuestras preguntas que se escuchan en el debate abierto por la esperanza de un país diferente. Sobre el Régimen Político

«desde abajo»: Doctor Gaviria, ¿Cuál es el peligro más grave que la sociedad colombiana afronta en los próximos cuatro años a partir de la reelección?

Carlos Gaviria: Pienso que la aplicación de unas reformas en contravía de las necesarias que el país necesita en cuanto a lo social y lo político. «da»: ¿… una sociedad hacia una mayor privatización del Estado?

C.G.: No solo eso. Sino, una intensificación de la pobreza, una intensificación de la desigualdad y un ahondamiento de la miseria. «da»: Y visto el peligro, ¿cuál sería entonces el riesgo más grave que afronta la sociedad una vez reelecto Uribe?

C.G.: Mira, en esto considero que la intensificación de la propuesta de Uribe va a consolidar el statu quo, con su consolidación o intensificación de la pobreza, la miseria, la distribución injusta de la riqueza, que a mi modo de ver constituyen las raíces del conflicto.

«da»: ¿Y el riesgo desde el punto de vista de las libertades públicas?

C.G.: Sin duda, un deterioro mayor de los derechos humanos, y una intensificación de la guerra sin resultados positivos para la sociedad

«da»: ¿Qué implica entonces, una propuesta desde el Polo, de un gobierno que resuelva estos problemas de tipo estructural?

C.G.: Bueno, voy a repetir cosas que dije en la campaña: pienso que si la Constitución del 91 se propuso como camino a la paz, la ampliación de la democracia con un catálogo más ambicioso de derechos y la vigencia de los derechos económicos, sociales y culturales; de este modo disponemos de los instrumentos adecuados para ejercitarlos como camino hacia la paz, pero; si la propuesta del doctor Uribe va en contrario –porque considero que así es el estado comunitario– la propuesta del Polo Democrático seria, debe ser, cumplir la promesa incumplida de la Constitución.

«da»: Pero en la Constitución del 91 hay contradicción: por un lado el Estado de Derecho y, por el otro, la puerta abierta para privatizar y dejar en manos privadas su responsabilidad social.

C.G.: ¡Claro! Lo que ocurre es la promesa incumplida del Estado Social de Derecho que implica, a mi modo de ver, el abandono del modelo político y económico neoliberal y por tanto que la posible incongruencia que se advierte entre la parte garantista de la Constitución y la parte que se refiere al manejo de la economía y la Hacienda Pública puede ser enfrentada de una manera distinta a como la enfrenta el actual Gobierno. Ahora, si fueran necesarios cambios constitucionales esos cambios tendrían que referirse a esa materia.

«da»: ¿Cómo, ya que usted es voz del derecho constitucional?

C.G.: Les cuento una anécdota, para mí muy significativa: Cuando yo hacia parte del sector o grupo de la sociedad civil que tuvo acercamientos con el eln, les pregunté a sus comandantes –que insistían mucho en una Convención Nacional y en una Asamblea Constituyente– si no les daba temor que de esa Asamblea resultara una peor constitución, y me dijeron esto: “A nosotros la Constitución actual nos gusta. Tenemos dos objeciones, una que no participamos en su elaboración; y otra en segundo lugar –si pidiéramos la reforma de un artículo o la incorporación como diría Echeverri de un articulito (me lo dijeron textual Galán y Torres en la cárcel de Itagui) un articulito que dijera, ‘la política económica del Estado colombiano no es el capitalismo...’”

«da»: Pensando en nuestros lectores quisiéramos saber acerca del régimen político colombiano y la serie de definiciones que dan sobre el mismo las distintas tendencias políticas, desde “autoritario” hasta “fascista”. ¿En pocas palabras, cómo definiría usted el actual régimen?

C.G.: Me parece muy importante. Yo lo definiría como un régimen autoritario, para no utilizar el calificativo de ‘fachista’ que se utiliza muy a menudo, con el objeto de descalificar a un régimen autoritario, de la misma manera que desde la derecha al que no comparte los objetivos del gobierno se califica de comunista. Es fácil calificar de ‘fachista’ al contradictor de la derecha, pero hay que ser más responsable en el uso del término. Pienso que éste es un Gobierno autoritario, con vocación cada vez de mayor autoritarismo, mas no me atrevería a calificarlo de fachista.

«da»: En ese escenario ¿qué factor desempeña un poder de facto como el paramilitarismo?

C.G.: Creo que el paramilitarismo desempeña un papel muy decisivo en este momento. Mi temor es que cada vez este papel sea, digamos, de mayor envergadura y más difícil de detectar. Porque la Ley de Justicia y Paz encubre la acción de los paramilitares que pasan de la superficie, de un movimiento fácilmente detectable, a ser un movimiento subterráneo con mayor incidencia en el rumbo que se le imprima a la dirección del Gobierno. O sea, todos los días un mayor autoritarismo y consolidación de lo que Uribe llama el ‘estado comunitario’, que a mi juicio es la negación del Estado Social de Derecho, el mayor deterioro de las libertades públicas, el mayor desconocimiento de los derechos individuales y la mayor cooptación por parte del Gobierno de los otros poderes.

«da»: ¿Y cómo ve usted el poder real que tienen los paramilitares en los municipios y los departamentos?

C.G.: ¡Que significa, como lo veo! Es evidente: el poder de los paramilitares en muchos municipios y regiones del país. Un poder que va a servir como soporte para ahondar el programa del proyecto de Uribe…

Los retos del Polo y una ‘vededuría internacional’

«da»: …eso plantea un problema grave para cualquier fuerza que, siendo nueva en el país, pretenda fortalecerse y ganar audiencia y organización real…

C.G.: Sin duda. He dicho que hacer política en Colombia en este momento es muy peligroso. Y si la política es de oposición es más peligroso aún. Paulatinamente, será mucho más riesgoso y mucho más difícil hacer política de oposición.

«da»: Entonces, ¿cuáles serían las perspectivas del Polo en ese contexto?

C.G.: Hay que aceptar el reto de hacer política en esas condiciones, pero en especial contando con la solidaridad de la comunidad internacional. En Colombia es necesaria una veeduría permanente de la comunidad internacional. Así lo plantee y lo conversé recientemente con dirigentes de la izquierda española, que ven la situación de una manera bastante singular.

«da»: ¿Desde el Polo, cómo se ejerce o se ejecuta la oposición a este gobierno?

C.G.: La oposición hay que ejercerla en muchos escenarios: en primer lugar en el Congreso, pero es evidente que allí somos muy débiles como minoría –bastante significativa– en relación con la mayoría uribista. Apenas contamos con 18 congresistas y en una eventualidad coyuntural podrían lograrse algunos más que se opongan a ciertos proyectos del Gobierno. Pero no puede ser una oposición permanente. La oposición del pueblo vamos a tener que hacerla, por una parte, a través de lo medios de que disponga el Polo y, en segundo lugar, vamos a tener que hacer movilizaciones pacificas, desde luego, porque cada vez las movilizaciones van a ser más riesgosas, pero tenemos que hacer movilizaciones de modo permanente

«da»: ¿Cómo operaría el acompañamiento, la solidaridad y la veeduría internacional?

C.G.: Bueno, creo que los canales no son difíciles de hallarlos. En España, donde estuve recientemente, exploramos esa posibilidad, la manera en que los partidos políticos afines, e incluso algunos gobiernos democráticos, podrían tener representantes permanentes en Colombia ejercitando esa veeduría. No como veeduría formal –del tipo de la Oficina del representante de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos en Colombia– pero sí una veeduría eficaz que pudiera ser a través de la representación de los partidos o pudiera ser a través de algunas Ong’s internacionales, algunas de las cuales ya han cumplido ese tipo de misión en el país, pero que ahora desean adelantar su función de manera más permanente y, digamos, más honda y efectiva.

«da»: En relación con lo mencionado sobre España, ¿la visión expresada allí es extraoficial o tal vez hay una versión oficial crítica acerca de la situación que vive Colombia?

C.G.: Me gusta mucho esa pregunta. Justo, uno de los temas que les plantee como de gran preocupación para nosotros es que la visión oficial que percibimos en los países europeos, en la Unión Europea, es la visión oficial del gobierno español. Sin embargo, encontré que en muchos sectores, por ejemplo la Izquierda Unida, la visión que se tiene de Colombia no es la oficial, es una visión totalmente diferente. Y algo más, encontré que los dirigentes del Partido Socialista expresan mayores preocupaciones que las que pueden expresar los funcionarios del Gobierno socialista. Para el socialismo español hay una situación ambigua. Por una parte tienen buenas relaciones con el Gobierno, pero por otra, alcanzan a identificar serios riesgos en la propuesta de Uribe y por tanto tienen preocupaciones que comparten con nosotros sobre lo que puede ocurrir en Colombia.

«da»: Pero también pueden ser contradicciones entre el diagnóstico político y el peso de sus negocios económicos en Colombia...

C.G.: …Sin duda. Lo dije expresamente en una entrevista para la Radio difusión española, que hasta ahora incluso lo que se ha visto en el Partido socialista es mayor preocupación por los intereses de los inversionistas españoles, no únicamente en Colombia sino en Latinoamérica en general, que por la suerte de los países y concretamente por la suerte de los pueblos.

«da»: Volviendo sobre el Polo, ¿qué es como proyecto y qué diagnóstico hace de su fuerza?

C.G.: El Polo es una organización política en formación que aún no ha decidido su rumbo, en el sentido de que no hemos determinado si será una federación de partidos o si va a ser un partido al modo del Frente Amplio de Uruguay. Es uno de los problemas que tenemos que afrontar de aquí al Congreso de noviembre, y que debe ser definido en ese evento.

«da»: ¿Eso explica el silencio del Polo frente a la opinión pública, tras la elección de mayo?

C.G.: No solo eso. También, una especie de vacío que se produjo entre las elecciones y el día de hoy. Hay muchas circunstancias que lo explican: Primero, la dirección que venía era interina, pero a partir de las elecciones se dispuso que en el Polo hubiera una nueva directiva. Esa modificación orgánica generó reticencias ante unas aspiraciones burocráticas que yo no entendía. Y no entendía porque cuando uno tiene el sueño de construir una organización política cree que debe relegar a un segundo plano cualquier otra ambición. Sin embargo, con el paso de los días uno se da cuenta que no es así. Son cosas que desconciertan, pero cosas con las que hay que contar…

Además, hay tantas, muchas instancias en el Polo…El Comité Ejecutivo apenas volvió a reunirse el 25 de julio. Mientras tanto, no había autoridades nuevas del Polo y las anteriores estaban en receso. De tal modo no había un vocero oficial ni instancias legitimadas como para hacer ese tipo de pronunciamientos.

En segundo lugar, apenas fui nombrado la semana pasada Presidente, Samuel Moreno Rojas, el anterior presidente, estaba por fuera en el mundial de fútbol, y así el Polo no tenía vocero.

«da»: ¿Es usted optimista en que las 12 o más fuerzas políticas que confluyen en el Polo puedan constituir un programa único de izquierda por Colombia, no solo como acuerdo de táctica electoral sino como perfil o visión estratégico programática y de voluntad de poder para el país?

C.G.: Yo sí lo creo posible. Un catalizador positivo de ese proceso de unidad es la percepción común que tenemos del efecto que puede producir la prolongación en Colombia del proyecto Uribe. Eso nos va a obligar no solo a asumir una actitud unitaria en la coyuntura electoral sino a elaborar un proyecto sólido que se le pueda oponer a Uribe.

«da»: Doctor Gaviria, ¿Qué es mejor: un partido, un movimiento político o un frente amplio? De estas tres opciones, ¿cuál es la mejor o más posible?

C.G.: A priori, yo no me casaría con ninguna de ellas. Provisionalmente, me parece que lo más adecuado por la situación actual, por las organizaciones que conforman el Polo Democrático Alternativo, por los partidos que hacen parte de él, sería una organización estilo Frente Amplio en Uruguay, que preservando la identidad de ciertas organizaciones políticas las obligara a suscribir, digamos, un programa común. Un enunciado en el cual lo que mantiene la unidad del Frente es la adhesión a ciertos postulados que se identifican como esenciales para un movimiento, dejando libertad para que cada una de las organizaciones mantenga su propia identidad y además consolide su propia unidad sin atentar contra la total del Frente Amplio.

«da»: Con perspectiva en la consolidación del Polo, ¿cuál es el reto fundamental a superar? C.G.: El reto es abandonar unos debates tradicionales que han impedido anteponer los propósitos esenciales a los factores de identidad y juego interno de cada una de las organizaciones…

«da»: Concretamente…

C.G.: Todavía hay discusiones vigentes entre el Moir y el Partido Comunista y organizaciones como Presentes por el Socialismo, etc. Esas diferencias dentro de una organización pluralista pueden ser importantes teóricamente, incluso pueden ser fecundas, pero anteponerlas o avivarlas con exageración puede resultar anacrónico y peligroso. El gran reto que tenemos nosotros es entender que esos debates, al menos, deben ser pospuestos.

«da»: Hay una tendencia histórica en la construcción de identidad de la izquierda a partir de la intransigencia, de las distintas opiniones que se unían contra un adversario. Ahora, ¿cómo ve esa tendencia cultural en el Polo y la posibilidad de construir identidad colectiva?

C.G.: A partir de la identificación del verdadero adversario, esa identidad colectiva se puede construir. Claro que no es fácil. Ese es el reto: entender que el verdadero adversario a enfrentar es la propuesta del establecimiento que, en este momento, se encarna en el proyecto de Uribe.

«da»: Retomando la caracterización del régimen, ante el reto de lograr una acción nacional cada vez más pública y amplia, ¿cuáles serían los aliados prioritarios del Polo?

C.G.: Bueno, la coyuntura lo va diciendo. No pienso que de momento podamos decir cuáles son los aliados que podamos buscar. Veo, advierto, alguna tendencia en los sectores más democráticos del liberalismo con disposición a apoyar nuestra propuesta.

«da»: Decía usted que había que hacer mucha movilización con precaución. El año próximo se cumplen 30 años del paro cívico contra López (indudable, dos regímenes distintos), Se podría pensar en celebrar ese paro ahora que hay más motivos. ¿Qué piensa al respecto?

C.G.: No me comprometería, desde ahora, con un mecanismo determinado. Por ejemplo, un paro idéntico al que se hizo en esa época. Aunque si me parece pertinente conmemorar ese movimiento que fue muy significativo y como dice su pregunta; ahora, se hace más necesario porque la protesta está más justificada que en la época de López. Nosotros tenemos que adiestrarnos en manifestaciones fuertes pero pacíficas…

«da»: ¿…cuál, dénos una referencia?

C.G.: He dicho que para mí son paradigmáticas las manifestaciones de los indígenas: marchas pacíficas, cuyas únicas armas son los bastones de mando que llevan, como símbolo de autoridad y mando. Pienso que debemos imitar un poco las movilizaciones indígenas, dejando con entera claridad que son pacificas y por tanto no hay derecho a criminalizarlas. La tendencia va a ser esa.

Hacia el Congreso del PDA

«da»: En la perspectiva del Congreso y una vez usted como Presidente del Polo, ¿cuál es el objetivo fundamental que se propone al frente de la colectividad?

C.G.: La consolidación de la unidad, eso es lo primero. En eso, estamos. En eso debe converger todo el Congreso. Tengo la esperanza que en el Congreso la unidad se consolide en un grado mucho mayor del que tiene ahora. «da»: ¿Cuáles son los temas fundamentales a debatir y a aprobar en el Congreso para que esa unidad salga avante?

C.G.: Bueno, creo que son dos: el programa, un tema eminentemente ideológico, y la organización, acerca de qué tipo de organización queremos y vamos a ser.

«da»: En la perspectiva de ese evento, ¿cuál es la mecánica establecida?

C.G.: El jueves (10 de agosto, n.n.) tendremos un día entero de reunión dedicado al Congreso. Justo para definir cómo vamos a proceder. Si hacemos una campaña previa de afiliaciones, quiénes van a elegir a los delegados y si vamos a combinar la elección directa con las designaciones, porque el Congreso de por si ya será muy numeroso. Hay muchos miembros del Polo que van por derecho propio, por ejemplo, los ex alcaldes, ex gobernadores, concejales, ediles y ex congresistas.

«da»: En esa misma perspectiva, una pregunta con dos guiones: primero, ¿cómo hacer para que el Polo convoque a los dos millones seiscientos mil votos reunidos en mayo?, y segundo, ¿cómo hacer para que pequeños o grandes partidos, movimientos o grupos sociales lleguen al Polo como organización?

C.G.: Nosotros debemos pensar en dos cosas: por una parte, fortalecer la organización, pero por otra, ser concientes de que muchas personas que pueden votar por la propuesta del Polo no quieren militar en él, entonces tenemos que tener flexibilidad suficiente para mantener a esos ciudadanos como nuestros aliados sin forzarlos a que sean militantes.

«da»: Eso en cuanto a los ciudadanos, y en cuanto a las agrupaciones sociales y políticas pequeñas o grandes que quieran ingresar al Polo.

C.G.: Ese en un punto por discutir. La tendencia que en este momento prevalece es que sea un partido de afiliados y, por tanto, quienes pertenezcan a una determinada organización puedan afiliarse personalmente sin necesidad de que la organización se afilie.

«da»: Sin perjuicio de que la organización se afilie, dan las dos alternativas…

C.G.: Claro…

«da»: ¿No le parece que entre más haya posibilidad de que pequeñas organizaciones confluyan o se afilien, más crece el Polo?

C.G.: !Claro¡ Tenemos que manejar con mucho tino una flexibilidad muy grande. Infortunadamente, tengo noticias que en algunas regiones todavía –creo que ni siquiera a nivel nacional– no se ha asimilado muy bien esta filosofía y hay una suerte, una tendencia a excluir gente cuando en este momento tenemos es que llamar afiliados, aliados, auque no sean militantes, para reforzar o consolidar una propuesta.

«da»: Doctor Gaviria, ¿qué lectura tiene de los gobiernos democráticos, de izquierda, que se abren paso en América Latina?

C.G.: Creo que es un fenómeno sumamente importante pero que puede ser peligroso. ¿En qué sentido? Escucho en muchos sectores que el péndulo de la historia regresó y que la izquierda viene para América Latina. Por tanto, que a nosotros nos va o llegar un gobierno de ese cuño como caído del cielo…

«da»: …como una bondad del capitalismo…

C.G.: La lección por aprender de ese fenómeno es que en los países donde eso ocurre, el fenómeno fue precedido de movimientos populares fuertes y nosotros lo que tenemos que hacer en Colombia es propiciar y estimular ese tipo de movimientos. Movimientos que son los que dan lugar a que sigamos ese rumbo, mas no pensar que nosotros no somos actores de la historia sino receptores pasivos de un fenómeno que en Colombia ocurrirá inexorablemente.

«da»: ¿Así como se han dado contactos con partidos de izquierda en Europa, también se han realizado con los partidos y movimientos políticos de Latinoamérica?

C.G.: Desde luego. Precisamente hoy 9 de agosto tratábamos ese problema. En algún momento hablé que íbamos a tener un gabinete no ‘a la sombra’ sino a la luz, donde todo el mundo pueda conocerlo. La idea de gabinete se ha modificado en parte, en el sentido de que en lugar de un ministro vamos a tener grupos, sectores de trabajo en cada una de las áreas necesarias y más significativas…

«da»: …fundamentales…

C.G.: …una de ellas es la de relaciones internacionales. No únicamente como propuesta de relaciones de Colombia con los demás países y el mundo globalizado, específicamente, con los países vecinos, sino las relaciones del partido con organizaciones afines en Europa, América Latina, en todas las latitudes que sea posible, pero específicamente en América Latina.

«da»: La nueva situación de América Latina genera hechos novedosos como la confrontación entre el modelo de integración de EE.UU. y el modelo de integración de otros países, como en el Cono Sur. Colombia ha quedado en el modelo del Tratado de Libre Comercio, ¿cómo hacer ante ese yunque que se avecina sobre nuestro país?

C.G.: Bueno, ya me habla de la política nacional de integración…

«da»: Si, es la dinámica que viene para Colombia, aprobado el TLC ¿qué hará el Polo?

C.G.: El TLC creará hechos difíciles de superar pero no totalmente irreversibles. Creo que una integración con países latinoamericanos, con países afines, se dificultará con la celebración –pienso por ejemplo en la Comunidad Andina– de tratados bilaterales de libre comercio de cada uno de los países, pero creo que esa situación puede ser transitoria. Si un movimiento como el Polo llegara al poder, esa integración a pesar que presentaría dificultades, de todas maneras seria posible y en todo caso habría que inventarla.

«da»: Se habla que Colombia comienza a jugar un papel de peón entre la política internacional de los EE.UU. y los demás países de la región…

C.G.: Eso es evidente. Es decir, en todos los planos, en el internacional, en el nacional, Uribe ha creado y va a crear otros hechos bastantes difíciles de superar. En la campaña decía, con un poco de caricatura pero creo que es cierto, que Uribe nos iba a situar otra vez a finales de siglo XVIII: nos va a poner a pelear por derechos elementales, por libertades fundamentales, por los derechos de primera generación (la libertad, de locomoción, la libertad de expresión, la libertad de prensa), cuando eso lo pensábamos ya consolidado. De ahí en adelante seguiríamos avanzando. Igual, ocurrirá en materia de relaciones internacionales: nos va a devolver a épocas anteriores, que resultarán un lastre contra una política internacional diferente, pero que de todos modos se debe formular.

«da»: Por último, como no podemos depender de los medios de comunicación tradicionales ¿qué piensa el Polo acerca de la comunicación, se propondrá tener medios propios?

C.G.: Orlando Fals me comentó revivir Alternativa, pero no creo en eso, después de los diferentes intentos. La gente relacionará Alternativa como revivir la época pasada. El momento necesita más un medio nuevo, más atento a las circunstancias y necesidades actuales, pero no tengo claro aún cuál tipo de medio deba ser. Recibo propuestas de amigos que espontáneamente dicen que lo fundamental es un diario, pero eso es impensable, tal vez un semanario…

«da»: ¿Se inclina por alguna, por otra referencia?

C.G.: Yo recuerdo la importancia que tuvo, al menos desde mi experiencia personal, La Calle, cuando el Movimiento Revolucionario Liberal (MRL). Quienes no estábamos con el Frente Nacional, con el bipartidismo, con la alternación, veíamos en La Calle un órgano maravilloso. Tenía una nómina de buenos escritores: Indalecio Liévano, Jorge Child, Felipe Salazar Santos, el caricaturista era Merino. Uno esperaba el fin de semana para leer La Calle, había buenos artículos sobre economía, tanto de Child, como de Miguel Herrera y artículos del propio López. Fue un medio que cumplió una tarea importantísima y sirvió de catalizador de ese movimiento –el MRL– y de una cierta unificación ideológica.

«da»: ¿Usted militó con ellos?

C.G.: Nunca fui militante pero simpatizaba y me parecía que en ese momento era un movimiento promisorio, progresista. Yo identificaba al MRL con La Calle. En este momento es necesario que el Polo tenga un medio de comunicación a través del cual la gente se vincule con él, que genere esa misma expectativa con la que nosotros esperábamos La Calle. Esto aún no se ha discutido dentro del Polo. Alfredo Molano tiene la idea de que en este momento es mucho más importante la radio y que por tanto deberíamos valernos de las emisoras comunitarias…

«da»: …El problema es más de fondo…

C.G.: Si. Nosotros tenemos un problema y es que todavía somos más conocidos en la ciudad que en el campo. Uno compra las revistas Semana, Cambio, pero resulta que eso tiene una distribución restringida, no le llega a mucha gente. Por ejemplo, Gustavo Petro me comentó que la campaña para el senado se la hizo Daniel Winograd, un tipo que sabe mucho de eso, y le preguntó a Gustavo: ¿usted qué es lo que quiere? “Pues que me conozcan donde no me conocen”, y entonces Daniel le respondió –olvídese de El Tiempo y esas cosas. El Tiempo circula entre determinada gente que ya tiene una actitud política asumida, en cambio haga un periodiquito bien hecho, bonito, barato en su publicación, que circule en grandes cantidades, 10 millones de ejemplares, y que el periodiquito sea tan bien hecho que la gente quiera guardarlo...