Ni las toneladas palabreras que premian el comercio del acuerdo con Chile y sus bondades discutibles y tampoco la prensa cómplice y bien pagada, alcanzan para borrar una nueva vergüenza, una más, a las que nos tiene acostumbrados la diplomacia de Torre Tagle y sus integrantes: la abdicación de los intereses limítrofes del Perú y la defensa de las 200 millas de acuerdo a sus líneas de base. Ha preferido esta dependencia pública cubrirse de vergüenza traicionera, cohonestada bajo caretas múltiples, antes que defender la posición favorable del Perú ante el apetito del país hermano del sur cuya geopolítica agresiva e impecable, tiene aterrorizados a nuestros pusilánimes diplomáticos de juguete.

¿Necesita el Perú de Chile para ir al Asia? Todo evidencia que no. En cambio ellos demandan con urgencia garantizar para el futuro cercanísimo el gas y el agua y las vías comerciales al oriente. ¿Qué mejor para ellos que alentar acuerdos de complementación económica bajo la condición sine qua non, que aquí aplauden entusiastas claudicantes de la Cancillería, de obliterar la primera e indispensable condición negociadora de arreglar, de una vez por todas, el tema límitrofe marino con Chile? En el sur se celebra, aquí ¡ni siquiera se conoce profundamente qué se ha firmado y sus alcances o sus peligros!

¿Puede sorprendernos lo ocurrido? Sospecho que no. El canciller, el demócrata, José Antonio García Belaunde, ha sostenido en sus más de diez libros publicados y guardados celosamente en la famosa Biblioteca de Alejandría, que él es un partidario de la adhesión del Perú a la Convención del Mar que cercena el Mar de Grau. Sin respeto a la historia, a la memoria de los mártires que cayeron por la patria, con la frivolidad propia de quienes no son más que diletantes limitados, este señor afirma sin vergüenza que aquel asunto, vital e inexcusable para cualquiera que entienda qué es una negociación, será tratado por “cuerda separada”. Hasta en el lenguaje se nota la no influencia de Cervantes.

Dicho sea de paso, la Federación Nacional de Débiles Mentales me envió una carta pidiendo que la transmitiese a César Hildebrandt. En su primer párrafo, letal y enérgico, sostienen ellos que: “El señor José García Belaunde no es socio de la institución, nunca ha aprobado el examen de ingreso (subir una escalera y mascar goma al mismo tiempo), por tanto, rechazamos lo incluya usted como integrante de nuestras huestes cívicas. Demandamos su pública rectificación”. Supongo que este email podrá llegar a Hildebrandt para que cumpla con la deuda de honor que tiene con el referido gremio.

Es imposible, en medio de una algarabía mediática, desdeñar los lauros de otros integrantes del gabinete. Allan Wagner Tizón, el de la seguridad cooperativa y gerencia por objetivos, también es un fanático de la Convemar. No desde ahora, desde mucho tiempo atrás su afición al país del sur le han marcado con fuego en mil y un torpes expresiones públicas reñidas con la historia y con el tenor inviolable de tratados internacionales como el del 3 de junio de 1929 y su Protocolo Complementario. Por tanto, este ex canciller entreguista está en su línea contra el Perú. Haberlo puesto en el sector Defensa puede ser un yerro de esos monstruosos que la historia reivindica para apostrofar a sus fautores. En una coherencia asombrosa e insultante, se colocó al traidor Fabián Novak Talavera como viceministro de Defensa. Su única distinción negociadora, la tiene este individuo, otorgada por el gobierno de Chile por negociar contra el Perú en 1999 cuando la traición de la que son parte muchos otros como Jorge Valdez y Fernando de Trazegnies durante el delincuencial gobierno de Kenya Fujimori.

¿Basta con la belleza para dar muestras de ignorancia histórica y torpeza monumentales como las expresadas por la ministra del TLC, oficialmente de Comercio Exterior, Mercedes Aráoz? Esta señorita pide olvido, amnesia, superación. ¿Por qué no sigue un curso de peruanidad como para entender que no hay negociación sin respeto a la historia y que nada puede hacerse si se obvian u obliteran los sagrados intereses geopolíticos del Perú? Ni entrenando podría ser más vergonzante su desapego al Perú real y milenario.

Es urgentísimo que el departamento de Imagen de Torre Tagle recomiende un dentista al canciller. ¿Notaron cómo cantaba el himno nacional y daba la impresión que padecía un intenso dolor de muelas? Eso sí: procuren que el odontólogo lleve un casco. No vaya a ser que una engullida hambrienta lo decapite.

Después de todo esto ¿pueden poemas y circunloquios fétidos disimular la vergonzosa página traidora en que ha incurrido nuestra diplomacia? ¡Imposible! Y son testigos los pueblos del Perú, el Mar de Grau, la memoria de los mártires y héroes que cayeron por la patria, sus ríos y Andes y la historia que no se fabrica sino que se hace con sangre, sudor, tierra y lágrimas.

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

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