El resultado final de esta situación todos la conocemos: la reducción, casi hasta la desaparición de los sindicatos, su práctica inexistencia en las empresas privadas, y su concentración en empresas del Estado, a tal punto que un solo sindicato (el de los docentes) reúne casi la mitad de los trabajadores sindicalizados del país.

Para preocuparse. Más aún en un país donde el desempleo y la informalidad (es decir, el trabajo sin garantías laborales) son la norma. Pero además, para preguntarse por el qué hacer. Lo que llama la atención de este Congreso es que no se cuestione por esta realidad, asociada a la del cambiante mundo del trabajo, las nuevas formas organizativas que se da la sociedad, la relación entre el Código Laboral y el Civil (cuál de estos es el que regula en la actualidad la relación patrón – trabajador), las modalidades de resistencia que crea de manera espontánea la gente en su lucha por la sobrevivencia, etcétera.

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Aunque los temas que aborda el Congreso son básicos para poder organizar las fuerzas (política organizativa, política internacional, finanzas, afiliación internacional), no es explicable la ausencia de preguntas básicas que interroguen por la recuperación futura de las organizaciones de los explotados: ¿cómo relacionar a los sindicatos con el conjunto social y en particular con los trabajadores no agremiados?, ¿Cómo actuar para hacer efectivo el derecho a la organización y sindicalización de los trabajadores?, ¿cómo romper la dinámica de deslaboralización reinante en la sociedad? ¿Cómo hacer para recuperar el concepto del trabajo como derecho y el respeto a la jornada laboral?

Estas y otras muchas preguntas tienen cabida y son urgentes de explorar y resolver de cara al conjunto social. Por ejemplo, era necesario –antes del Congreso– realizar debates públicos en espacios comunales, en centros universitarios, en recintos de profesionales en su gran mayoría proletarizados y urgidos de organización. Debates que debían proseguir una vez realizado el evento, entregando sus conclusiones al debate público, retomando las observaciones de los interesados, abriendo la CUT, en suma, a la construcción social dinámica y moderna.

El desempleo

Un tema que con toda seguridad concita la opinión de la inmensa mayoría social es el desempleo abierto y disfrazado. No es para menos. Millones de connacionales lo padecen, hasta el extremo de renunciar a buscar trabajo por contrato y lanzarse a la odisea del trabajo por cuenta propia, que en este caso significa laborar diario en dos o tres oficios distintos, ocupar el espacio público en busca de un peso por la venta de cualquier mercancía, o la apertura de un local para venta de comestibles o para sitio de encuentro y reunión. Miles de familias viven así.

¿Cuántas de estas personas saben que existe la CUT? Una consulta barrial en las grandes ciudades, por tiendas, cafeterías, zapaterías, talleres de mecánica, y demás puntos de rebusque, pueden brindar una idea exacta de qué piensa la gente sobre el sindicalismo, cómo ven el mundo del trabajo y en que radican sus esperanzas para una mejor vida. Lo que daría pistas, por tanto, para diseñar una política de opinión pública y de sindicalización masiva.

Lo que tendría un mejor resultado si al mismo tiempo se le presenta a los consultados un plan de empleo elaborado por la CUT: trabajo digno para todos. ¿Cuál podría ser el resultado?

El desempleo es una de las mayores tragedias en que puede caer una persona de manera particular o como familia. ¿Cómo puede crecer y vincularse socialmente un joven que sabe que su futuro no reposa en ningún derecho? ¿Con que tranquilidad puede levantar una familia, madre y padre, cuando saben que no existen ingresos fijos para solventar las necesidades diarias de su hijos?

Ante este drama, que es el cuadro cotidiano en Colombia, no puede estar en silencio la CUT, reivindicando la causa de cada vez menos personas. Puede que su afán de organización interna le demande otras cosas, pero había que sacar espacio para diseñar estrategias de inserción social, que al mismo tiempo coadyuven para darle paso a otro país.

El reto es inmenso, pero el temario y la metodología puesto en práctica por la Central para su próximo Congreso, indica de nuevo que se pospone la reflexión y la acción. Con seguridad la mayoría de los trabajadores continuarán por un lado y la CUT por otro.