La “teoría de los bolos” de los neocons (neoconservadores) de EE.UU. -según la cual la ocupación de Irak podría derribar varios regímenes árabes de Medio Oriente y posibilitar la remodelación del mapa de la región, para usufructo económico y militar del imperio y sus aliados israelíes e ingleses- se ha empantanado.

La operación militar -que incluye una segunda fase para invadir Siria y luego atacar a Irán- que debía llevarse a cabo en sólo 16 días ya lleva más de un mes. Fue diseñada y planeada por los sectores ultraguerreristas de Tel Aviv, en combinación con los tecnócratas del lobby israelí -de gran influencia ideológica y económica- que controlan la Casa Blanca y manejan la política exterior norteamericana.

El éxito de la operación militar israelí es vital para EE.UU. porque de él depende la seguridad del oleoducto submarino Baku-Tiflis-Ceyhan (BTC) que se conectará al puerto israelí de Ashkelon para fusionarse al sistema principal de oleoductos en el mar Rojo, con el puerto israelí de Elliat.

BTC canalizará más de un millón de barriles al día a los mercados occidentales desde Turquía. Pero no sólo se trata de petróleo, sino también de agua y gas, ya que los oleoductos, gasoductos y acueductos darían una gran vuelta desde el mar Caspio para conectarse al mar Rojo y luego vincularse al mar Arábigo con India. Por eso, una victoria militar israelí es estratégica para “proteger” el transporte y los corredores del oleoducto en la costa oriental del mar Mediterráneo desde el puerto turco de Ceyhan.

La masacre del Líbano y el “Gran Juego” de Medio Oriente pone a Israel en una verdadera encrucijada de tipo estratégico: no puede permitirse una derrota.

En esta guerra imperial de conquista con tres frentes abiertos (Afganistán, Irak y Líbano) lo que suceda en el frente libanés inevitablemente repercutirá en el conjunto.

La tenaz resistencia de las células móviles del Hezbollah, enfrascadas en una auténtica guerra de guerrillas, combinada con una lluvia constante de cohetes Katiusha y misiles de largo alcance, logró el efecto psicológico deseado: terror en la población israelí.

Pero el salvataje imperial a su aliado se encuentra en camino. Bush y Blair acordaron que debe enviarse rápidamente una fuerza multinacional que logre el control territorial y político del Líbano mediante una ocupación “legal” con fuerzas de la ONU (o de la OTAN).

El “honroso repliegue” de las fuerzas terrestres israelíes perdidas en la ratonera de los topos del Hezbollah está asegurado. Ganar escapando es la solución encontrada por el imperio.

Pero como decía Clausewitz: “La decisión de toda guerra es la batalla y la victoria no está en el control del terreno sino en la destrucción moral y física del enemigo”. Hecho que está lejos de ocurrir.

El juego de bolos del imperio aparece comprometido. La resistencia y la lucha de los pueblos de la región pueden convertir el “triunfo seguro” del imperialismo en una derrota impensada.

# Revista “La Utpba” de agosto de 2006 (Argentina)