JPEG - 17.8 KB
Foto archivo durante el plenario de la XIII Cumbre, Kuala Lumpur, 2003.

Como si sus decretos, leyes y bandos militares fueran de estricto cumplimiento para el mundo, Washington utiliza su renovada doctrina de Seguridad Nacional —hecha pública el 16 de marzo último por el presidente George W. Bush—, para justificar ante la opinión pública estadounidense y sus aliados el reforzamiento de los principios geopolíticos imperiales bajo el argumento de las crecientes amenazas que les pueden llegar desde esos calificados por ellos, “oscuros rincones” del Planeta contra los que , por supuesto, pusieron en marcha una sangrienta y macabra cruzada de muerte. ¿Qué si no son las guerras genocidas y de agresión llevadas a cabo con toda saña contra Afganistán, Iraq y Libano; el apoyo incondicional que brinda al régimen sionista de Israel en su masacre contra la población palestina y las desaforadas amenazas contra Irán, Zimbabwe, Corea Democrática, Cuba y Venezuela?.

De lo que se trata es de reforzar, avalado por el derrumbe de las Torres Gemelas, en Nueva York, los principios imperiales de intervención, ocupación masiva, de supremacía del Norte sobre el Sur, de consolidación del hegemonismo unilateral y de arrasar como ya lo hizo una vez Roma con Cartago a todos aquellos que se le oponen.

Incrementada bajo la justificación de la lucha contra el terrorismo, la doctrina estadounidense mantiene en el centro de su política injerencista a todos aquellos que se oponen a sus diktados así como a los territorios que por poseer riquezas naturales devienen rehenes de su política de derroche y consumismo y cuyos gobiernos, en algunos casos como el de Venezuela, Bolivia o Irán, estorban a su estrategia de dominación.

Es, en medio de esta agravada coyuntura internacional, caracterizada por un brutal unilateralismo, que desprecia y pisotea los principios consagrados en el Derecho Internacional sobre todo aquellos relacionados con los sagrados conceptos de soberanía, independencia e integridad territorial, que se hace impostergable la unidad del Sur en tanto constituye el blanco de las operaciones imperiales de intervención, de aplicación de sanciones y medidas coercitivas unilaterales y de cuantas campañas de calumnias puedan allanar el camino a una agresión contra estos. Precisamente, por representar las necesidades y aspiraciones de la inmensa mayoría de los miembros de la comunidad internacional (116 miembros plenos), es que le corresponde al Movimiento de Países No Alineados (MNOAL) la responsabilidad histórica de preservar y revitalizar sus principios fundacionales, más vigentes que nunca antes, y poder avanzar en una agenda que pueda, desde posiciones propias, enfrentar la tendencia de exclusión y absorción del Sur que caracteriza las relaciones internacionales en estos momentos.

Será aquí, en La Habana, del 11 al 16 de septiembre en que ese importantísimo e insustituible grupo de concertación política se reúna para celebrar su XIV Cumbre que a nivel de Jefes de Estado y de Gobierno analice, reflexione y adopte un plan de acción que se corresponda con el nuevo escenario mundial para insertarse, desde su diversidad pero de manera monolítica, en la agenda internacional en defensa de los intereses del Sur.

El MNOAL es hijo del derrumbe del sistema colonial y alternativa a la bipolaridad mundial, responsable de los pactos militares surgidos entonces y por lo cual algunos trataran de circunscribir su papel a la existencia equidistante de estos. El MNOAL, sin embargo, es mucho más que eso.

Sustentado sobre diez principios fundacionales —los llamados Principios de Bandung—, su quehacer y actuación mundiales no se agotan. Tras la desaparición de uno de los bloques: la Unión Soviéticas y la comunidad socialista en Europa del Este, la agenda del MNOAL continúa inconclusa porque hoy más que nunca están amenazados el respeto a los derechos humanos fundamentales, los objetivos y principios de la Carta de la ONU, el respeto a la soberanía e integridad territorial de todas las naciones, el reconocimiento de la igualdad de todas las razas y naciones sean grandes o pequeñas, el respeto a defenderse que tiene toda nación, la abstención al uso de pactos de defensa colectiva en servicio de intereses particulares, la abstención de realizar actos o amenazas de agresión, o de utilizar la fuerza contra la integridad territorial o independencia política de cualquier país, la promoción de los interese mutuos y de la cooperación, el respeto de la justicia y de las obligaciones internacionales.

En consecuencia, el Movimiento tiene hoy más vigencia que nunca aunque algunos desde su fundación pretendieron vaciarlo de contenido y alcance y, más cercano en el tiempo, a finales de la década de los 80, hicieron todo lo posible por sepultarlo bajo el argumento de que el “fin” de la Guerra Fría lo hacía improcedente.

Aquella fue una de las grandes mentiras tras el derrumbe del campo socialista y la desintegración de la URSS. El criterio de que el Movimiento de los NOAL no tenía razón de ser por cuanto las causas que le dieron origen —el enfrentamiento entre los dos bloques militares existentes entonces, la OTAN y El Pacto de Varsovia—, ya no existían. La vida demostró la falsedad de tales argumentos. Llegar hasta aquí, 45 años después de fundado en Belgrado, Yugoslavia,el 1ro de septiembre de 1961, no ha sido fácil.

La lucha para preservar y revitalizar ese insustituible mecanismo de concertación política con que cuentan los países del Tercer Mundo, constituye hoy una necesidad toda vez que muchos de los principios fundaciones se ven en peligro por la acción hegemónica que pretenden ejercer Estados Unidos en primer término y también la Unión Europea. Lejos de debilitar o de poner en duda la necesidad de su existencia y tareas, los acontecimientos mundiales ocurridos a partir de la década de los 90 no hicieron sino confirmar el papel que esta agrupación de países ejerce y la necesidad de que el Movimiento.

desempeñe un rol más activo y efectivo en el escenario internacional En medio de este panorama está a punto de inaugurarse la XIV Conferencia Cumbre del Movimiento la cual tendrá lugar en La Habana cuando Cuba reciba de manos de Malasia la presidencia del MNOAL para un mandato de tres años.

Oportuno momento para convocar a los Países No Alineados, consolidar su unidad y cohesión y enfrentar con éxito los numerosos retos y peligros que tienen ante sí, así como extender para beneficio de todos la integración y la cooperación en los numerosos ámbitos de la vida social, objetivos prioritarios de la nueva etapa que bajo la presidencia de Cuba se llevarán hacia adelante.

La presidencia de Cuba para los próximos tres años, constituye, sin duda, una muestra del reconocimiento y el prestigio ganado por nuestro país en la arena internacional y la confianza depositada en nuestro liderazgo para promover y llevar adelante, de manera eficaz, el proceso de revitalización y fortalecimiento de la agrupación lo cual implica promover la unidad, la solidaridad y la cohesión entre los países no alineados; continuar el proceso de revitalización emprendido por Sudáfrica y Malasia, orientar el Movimiento a la acción y promover la Cooperación entre sus estados miembros.

El 16 de septiembre, cuando la decimocuarta edición de las citas cimeras del Movimiento de Países No Alineados concluya habrán quedado aprobados el Documento Final que recogería, tal y como está previsto, sus posiciones frente a los principales temas de la agenda internacional. De igual forma lo que ya se califica como Declaración de La Habana identificará los propósitos, principios y objetivos comunes de sus estados miembros. Cuba, fue la única nación latinoamericana que estuvo entre los fundadores del Movimiento, consciente de la importancia histórica que tenía para los países subdesarrollados de esta parte del mundo, integrarse a un mecanismo de concertación política en la arena internacional en defensa de los intereses comunes.

El aval histórico de la Revolución Cubana y su vocación solidaria e internacional demostrada desde el 1ro de Enero de 1959 son fundamentales para augurar que la Cumbre de La Habana profundizará la consolidación y revitalización del Movimiento de Países No Alineados como insustituible y necesario grupo de concertación que representa como ningún otro la realidad, sueños y esperanzas de la inmensa mayoría de la población del Planeta, precisamente de aquella sobre la cual se intenta imponer a sangre y fuego la política hegemónica del imperialismo.

Cubadebate, 2 de septiembre de 2006