La 11a Cumbre de la Francofonía se desarrollará en Bucarest durante los días 28 y 29 de septiembre. Se espera la participación de 53 países y, según algunos observadores, la ausencia del Líbano –en caso de producirse esta– permitirá la incorporación de Israel a esa organización internacional.

Hay que precisar que las decisiones de las cumbres de la OIF (Organización Internacional de la Francofonía) se toman por voto unánime de los miembros presentes. Gracias a las presiones que Francia ejerció sobre Rumania para que el presidente Emile Lahoud no fuese invitado, no habrá veto libanés a la entrada de Israel a la Francofonía. Bastará entonces con que Canadá proponga la candidatura del Estado hebreo –como se piensa que hará– para que esta sea aceptada, probablemente sin discusión.

Cabildeo israelí

Todo empezó con el acuerdo Bush-Chirac de repartición del «Gran Medio Oriente». Estados Unidos aceptó que Francia «ponga orden» en su zona de influencia, de la cual forman parte Siria y el Líbano desde el fin de la Primera Guerra Mundial. Las grandes maniobras en ese sentido arrancaron en septiembre de 2004 con el voto de la resolución 1559 de la ONU y el rechazo del presidente francés a la prolongación por tres años del mandato del presidente libanés Emile Lahoud. Desde entonces, los ministros franceses que han pasado por Beirut se han negado a reunirse con el presidente Lahoud.

La idea de Jacques Chirac de integrar rápidamente a Israel a la Francofonía también data de 2004. En febrero de aquel año, al recibir en París al presidente israelí Moshé Katsav, Chirac declaró que un consenso debería «permitir tan pronto sea posible la admisión de Israel en el seno de las instancias de la Francofonía». Rafic Hariri, en aquel entonces primer ministro del Líbano, estaba sin dudas al corriente del asunto. El Estado hebreo, que piensa que está siendo mantenido al margen de las organizaciones internacionales, podía presentar a partir de ahí su candidatura a la cumbre de la OIF, lo que hasta entonces había preferido no hacer por estar seguro de que sería rechazado, lo cual constituye una afrenta en el mundo de la diplomacia.

Desde la visita de Moshé Katsav, el Alto Consejo Científico Franco-Israelí está activo. Las ventas de armas y la cooperación militar franco-israelí se restablecieron discretamente. Tres ciudades israelíes –Tel Aviv, Eilat y Natanya– entraron a la Asociación Francófona Internacional de Cooperación Descentralizada (AFICOD). En 2005, la universidad de Tel Aviv fue admitida en la AUPELF (Asociación de Universidades Parcial o Enteramente de Lengua Francesa), Israel se convirtió en uno de los principales socios del Foro Francófono de Negocios, etc, etc.

En junio de 2006, los senadores André Ferrand [1] y Philippe Richert –presidente del grupo Francia-Israel del Senado– tenían motivos para ser optimistas: Edouard Balladur, presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Asamblea Nacional, le había dicho a Shimon Peres, en Jerusalén, que deseaba «una entrada rápida de Israel a la francofonía» y que «el único obstáculo era el Líbano» [2]. En París, Ehud Olmert era considerado un «hombre de paz» e Israel era presentado –con toda la seriedad del mundo– como un país francófono y francófilo. Un mes después, «Tsahal» atacaba el Líbano, las víctimas civiles sobrepasaban el millar y la infraestructura del país era destruida. Qana volvía a convertirse en sinónimo de crimen de guerra.

«Injerencia directa» en los asuntos del Líbano

Cualquiera hubiera creído que la guerra pospondría para las calendas griegas el proyecto de candidatura israelí a la Francofonía. Nada de eso. Christian Prada, ministro rumano de Estado encargado de la Francofonía, estaba en Beirut a principios de septiembre para convencer al primer ministro libanés, Fouad Siniora, de asistir a la cumbre. Le propuso aprovechar el encuentro para «proseguir negociaciones serias sobre el proceso en desarrollo en el Líbano» [3]. El año pasado, el ministro canadiense responsable de la Francofonía, Jacques Saada, fue más lejos al sugerir la incorporación simultánea de Israel y la Autoridad Palestina a la OIF para que la presencia de ambos sea un «valor agregado al proceso de paz israelo-palestino» [4].

La mayoría de los libaneses condenó la exclusión del presidente Lahoud de la cumbre de Budapest. El 21 de junio de 2006, el presidente libanés recordó, con el apoyo del general Michel Aoun, que Francia no tenía derecho a «decidir quién presidirá la delegación libanesa a la cumbre». Se desarrolló entonces una violenta campaña contra Chirac en la que se acusaba al presidente francés de «injerencia directa» en los asuntos libaneses.

Fouad Siniora, el primer ministro libanés, al que ya se criticaba antes debido a sus amistades extranjeras, está ahora en una situación embarazosa. Si va a Rumania, todo el mundo pensará definitivamente que es un traidor. Es cierto que declaró, el 30 de agosto de 2006, que «el Líbano será el último país del mundo árabe en ratificar un tratado de paz con Israel», y que agregó que no firmará «ningún tratado separado hasta que una paz global y justa no se instaure en la región sobre la base de la iniciativa saudita» [5], pero no agregó si era hostil a los contactos indirectos con el Estado hebreo en ese campo internacional.

La admisión de Israel como miembro pleno de la Francofonía será interpretada como una concesión al terrorismo de Estado. ¿Quién puede creer que después de eso Israel no mirará más hacia las aguas del Litani? ¿O que el Estado hebreo desmantelará sus colonias y renunciará a su arrogancia? ¿Estamos dispuestos, en nombre de la solidaridad entre países «francófonos» a aceptar como enemigos prioritarios aquellos que nos señale Israel? Dos meses después de la agresión contra el Líbano, país considerado con toda justicia como uno de los pilares de la francofonía a nivel mundial, no podremos asombrarnos si el truco de Chirac es interpretado en los países musulmanes como una imposición proisraelí.

[1] También presidente del grupo Francia-Yemen del Senado.

[2] «Edouard Balladur à Jérusalem souhaite une entrée rapide d’Israël dans la francophonie». Comentarios de Max Semory, el 7 de junio de 2006 sur a7fr.co.

[3] «Bucarest «insiste» sur la présence de Siniora au sommet de la francophonie», L’Orient-Le Jour del 8 de septiembre de 2006.

[4] «Israël et la Palestine futurs membres de la Francophonie» por Elias Lévy, The Canadian Jewish News, 1ro de septiembre de 2005.

[5] «Siniora pessimiste pour un traité de paix entre le Liban et Israël» Libaniews 30 août 2006.