No hay soberanía nacional sin soberanía popular. Pueblo que no reivindica su historia aprendiendo de sus yerros ¡vuelve a cometerlos!

Escribe en Historia de la República, Jorge Basadre, refiriéndose a “La inopia del erario en enero de 1859. La “caridad” de los consignatarios: Salcedo acababa de ser protagonista de un hecho concreto que le podía servir de apoyo a su tesis. No sin patética ingenuidad, expresó en la misma memoria que, cuando se encargó del despacho de Hacienda el 12 de enero de 1859, el parte de Tesorería no arrojaba más existencia disponible en arcas que la de 3.599 pesos 2,5 reales, aunque para cubrir el presupuesto de gastos en ese mes se necesitaban más de 700 mil pesos. El ingreso normal más considerable al que se podía acudir era el suministrado por la aduana del Callao; pero apenas iba a llegar a más de 100 mil pesos ya que el despacho de las mercaderías en los primeros meses se reduce a esa cifra o a otra análoga.

A Salcedo no se le ocurrió más que una solución. Fue la de pensar que el producto del guano era el más efectivo y que la naturaleza de su negociado ofrecía prontos reembolsos por los adelantos que hacían al gobierno las casas consignatarias conforme a las estipulaciones de los contratos vigentes. Por eso llamó a los señores Gibbs, Zaracondegui y Rey; y (dice él) “les manifesté, no obstante los fuertes saldos que tenían en su favor en esa fecha, la situación de la Hacienda, las enormes inversiones que había que hacer en los gastos ordinarios, en llevar a cabo las disposiciones de la ley de 28 de octubre de 1858 (se refiere a la expedida en relación con el conflicto peruano-ecuatoriano) y para las atenciones del crédito público por intereses y amortizaciones extraordinarias y las que se realizan en períodos fijos a que no era justo ni conveniente faltar sin comprometerlo en su esencia, en su vida misma.

Los jefes de las indicadas casas se aprestaron a proporcionarle a Salcedo, en circunstancias tan aflictivas los auxilios mensuales que solicitaba en proporción a los capitales que manejaban. Hicieron adelantos con 5% de interés. Salcedo expresó su gratitud personal ante caridad tan conmovedora y dijo que los prestamistas eran dignos de “mención honrosa” (Memoria del ministro de Hacienda al Congreso de 1860)”.

Consigna Basadre la terminante como lapidaria opinión de Manuel Toribio Ureta sobre la casa Gibbs: “Centenares de millones de pesos en valores del guano nacional han pasado por las manos de las consignaciones Gibbs. Estos han quedado opulentos en Londres; y de esa opulencia no se ha formado en el Perú la pobre fortuna de un aldeano”.

¿No hemos escuchado, ha poco, en una capital latinoamericana, de cómo una patota de empresas mineras, todas ellas muy bondadosas, van a dar un “aporte voluntario”, de 2500 millones de soles para el próximo lustro, en reemplazo gracioso, y permitido, por lo que no pagan en regalías, tributos, daño al medio ambiente, crimen contra el proyecto de vida de comunidades enteras y que un pusilánime gobierno estimula por miedo a que se “ahuyenten” a los inversionistas y la de dar “señales negativas” (estupideces del lenguaje actual)?

¿Y, no han sido miles de millones de dólares los que se han pagado por estos recursos peruanos no renovables extraídos de los Andes, que no han hecho la fortuna sino de un puñado de ladrones que aún sigue creyendo que son los nuevos consignatarios exaccionadores y chupasangre del Perú? ¿Esos que se hacen hacer contratos-ley de estabilidad tributaria para hacer legal su monra contra 26 millones de habitantes?

Ayer como en el doloroso presente habían turiferarios y enemigos internos infiltrados en Perú, trabajando para los explotadores foráneos de paso y hasta que duraran los caballos y cuando estos reventasen ¡simplemente se iban! En el pretérito eran notables de auto-impuesto lustre por apellido, sarita, bastón, rapé y casimir inglés; hoy son tecnócratas vendepatria, intelectuales y comunicadores de ONG; ministros de ideas conspicuas como seguridad cooperativa, gerencia por objetivos y consensos por doquier. ¡Bah, los traidores serán siempre del mismo corte proditor!

¡Ayer los consignatarios, hoy los mineros!

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

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