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La meta es aumentar las intervenciones a 200 por mes a partir de septiembre. La Misión, impulsada por Cuba y Venezuela, proyecto operar a 6 millones de latinoamericanos en 10 años. Desde 2004, sólo en La Habana, se ha operado a 295.791 pacientes extranjeros

Las operaciones de cataratas y ptirigión a enfermos chilenos las han realizadas médicos venezolanos en el Hospital Central Universitario de Barquisimeto, Estado Lara, en el centro del país. El programa incluye el traslado –en vuelo charter de la empresa venezolana Conviasa–, alojamiento y alimentación en la Villa Bolivariana (ex Villa Olímpica) de Barquisimeto, rigurosos exámenes médicos previos a la intervención, la operación misma y el tratamiento y control postoperatorio, con suministro gratuito de medicinas y fármacos.

Eventualmente, los pacientes tienen la ocasión de hacer algunos paseos turísticos por el Estado Lara, en particular si arriban en fin de semana o por grupos, mientras otros se atienden en el hospital. El segundo grupo de chilenos, por ejemplo, que llegó una tarde de viernes de fines de julio, realizó paseos el sábado y domingo, conociendo Quibor; donde hubo un hallazgo arqueológico y existe un museo; el pueblo de artesanos de Tintorero y otras atracciones del Estado Lara.

El primer día se dedica al descanso y aclimatación al calor del trópico. Lo que más extrañan los chilenos es el té, que en Venezuela es un brebaje exótico que más bien se consume frío, como refresco. Pero en la Villa Bolivariana se habilitó una tetera gigante exclusiva para pacientes chilenos. La Villa alberga a deportistas que viajan a competir a Barquisimeto, pero uno de sus edificios está destinado al hospedaje de los pacientes de la Misión Milagro que pueden proceder de distintos países de América Latina. Las habitaciones y suites tienen las comodidades de un hotel, aire acondicionado, televisión, reproductor de DVD, etc., y otras comodidades que la mayoría no tiene en sus propios hogares.

Riguroso control médico

En el aeropuerto de Barquisimeto los pacientes son recibidos, con música venezolana y cuecas. Pero también se les “lee la cartilla”: no es un viaje turístico, hay que someterse a una disciplina médica y no se puede salir de la Villa Bolivariana, restricción que incluso se aplica a los médicos chilenos que trabajan como acompañantes voluntarios.

El primer día hábil los enfermos son trasladados por grupos al hospital para un examen general, chequeos médicos, análisis, radiografías, tomografías y cuanto sea necesario, además del acucioso estudio de la patología ocular que se va a operar. Mientras atiende a extranjeros, el Hospital continúa asistiendo a su “clientela” principal, o sea, los pacientes venezolanos.

El primer examen se realiza en Chile, por médicos voluntarios de todo el país. Luego, una misión médica venezolana revisa caso por caso en la sede de la Embajada, territorio venezolano, para evitar reclamos de “ejercicio ilegal” del Colegio Médico. Estos exámenes han sido practicados por Nevis Navas, jefa del departamento de oftalmología del Hospital de Barquisimeto, y Adriana Barreto, oftalmóloga especialista en retinas, del mismo centro. También ha participado la Dra. Linda Amaro, directora del hospital venezolano.

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En cada viaje se constata que cerca de un 5% de pacientes no pueden operarse, porque se les declaró una bronquitis o tienen otras dolencias que ocultaron y no fueron detectadas antes del viaje. La Misión descarta a pacientes diabéticos y con hipertensión, pero si llegan, se les estabiliza, para decidir si se les opera.

En el último grupo de 67 pacientes que viajaron en agosto, tres no pudieron intervenirse. Jacqueline Guzmán, quien en mayo se intervino el pterigión de uno de sus ojos, esta vez presentó problemas de coagulación que impidieron operar el segundo, al igual que Sonia Baeza, en tanto a Magdalena Corbalán le detectaron una cardiopatía coronaria y no fue posible intervenirla.

Mayoría femenina

La Misión Milagro quiere reducir al mínimo el riesgo siempre presente en cualquier acto quirúrgico. Desea evitar situaciones como la de María Salomé, del primer grupo de pacientes chilenos, quien tenía un ojo perdido y sólo 20% de visión en el otro. Durante la intervención se le declaró alta presión ocular, que arruinó el trabajo quirúrgico. Con el apoyo de la UDI, Salomé está ahora demandando a la Misión Milagro en los tribunales de Chile.

Las mujeres conformaron el 78% del último grupo chileno que viajó a Venezuela. Esta mayoría femenina es una constante. La mujer más joven, Felicinda Gallardo, tiene 22 años. Hilda Huerta, de 79, es la mayor de todas. En el primer viaje, el de mayor edad fue Filadelfo Marchant Ponce, de 85 años, de Cerro Navia. Los menores han sido “los hermanitos Lara”, que hicieron dos viajes para operarse cataratas congénitas en ambos ojos. Una hermana, de 29 años, sólo pudo ser operada de estrabismo, porque su catarata está muy avanzada: la pobreza y la falta de atención médica oportuna la condenaron a una ceguera precoz.

Los enfermos chilenos beneficiados por la Misión Milagro proceden de los lugares más variados del país. En general, de barrios pobres de comunas como Buin, Calera de Tango, Cerro Navia, Concepción, Conchalí, Coquimbo, Coronel, Curacaví, Estación Central, La Granja, La Florida, La Ligua, La Pinana, La Serena, Limache, Lo Espejo, Maipú, Ovalle, Pedro Aguirre Cerda, Peñalolén, Quillota, San Joaquín, Talcahuano, Valdivia de Paine, Valparaíso.

El avión destinado a estos vuelos especiales es un Boeing 737 con capacidad para 112 personas y una autonomía de 3.500 km, lo que hace indispensable al menos un reabastecimiento. La escala más indicada es Lima, pero las autoridades peruanas pusieron dificultades en dos oportunidades, haciendo esperar al avión con pacientes en la losa del aeropuerto. Los vuelos desde Santiago se han visto obligados a una vuelta por Asunción (Paraguay) y Manaos (Brasil), para concluir en Barquisimeto. Hasta la fecha se han realizado tres viajes, con un promedio de casi 90 pacientes, más acompañantes y médicos voluntarios chilenos.

En el primer vuelo viajaron tres médicos, Oriel Núñez, Vilma Sánchez y Camilo Bass. También, otros 11 acompañantes, quienes resultan indispensables para organizar y asistir a 94 pacientes que jamás habían viajado en avión. El segundo grupo estuvo a cargo de la Dra. Ana Tania Toro, médico chilena-venezolana, y del Dr. Jorge Orellana, graduado en Cuba. El tercer grupo fue acompañado por los doctores Rodolfo Leveque y Carlos Tamayo. En los dos primeros viajes, los pacientes fueron asistidos, además, por el Embajador de Venezuela, Víctor Delgado. En todas las misiones han viajado como responsables los funcionarios diplomáticos Ulises Jiménez y Nelly Piña.

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Desde que el Hospital de Barquisimeto se incorporó a la Misión Milagro, en octubre de 2005, se han operado de los ojos 3.800 pacientes, entre venezolanos y extranjeros. De ese total, 3.120 pacientes venezolanos conforman la gran mayoría, en tanto el resto, es decir 680 enfermos, el 18% de los operados en esa ciudad, se trasladó desde Chile (260), Ecuador, Nicaragua, El Salvador y República Dominicana, informó la doctora Linda Amaro, directora del centro hospitalario. P

La Misión Milagro también utiliza hospitales de otras ciudades venezolanas donde han operado de cataratas, pterigión y ptosis palpebral a 17.970 pacientes entre enero y agosto de 2006, entre ellos 14.976 venezolanos y 2.994 extranjeros. El 17% de las operaciones solidarizaron con latinoamericanos pobres. Sin embargo, la cifra total de intervenciones fue de 19.381. Hubo más cirugías que personas operadas debido a que un 8% se intervino ambos ojos. Es el caso de Norma Hernández, una modesta habitante de La Granja, que viajó en mayo a operarse de pterigión y regresó en agosto para intervenirse el segundo ojo. En otros casos, algunos pacientes se quedaron 10 días más en Barquisimeto para operarse el otro ojo.

Experiencias personales

“Cuando me sacaron la venda y abrí los ojos no pude contener la alegría de volver a ver con mi ojo malo y comencé a gritar ¡Viva Venezuela!” Lilian Bravo Zamora, escritora chilena. Recibió cirugía de cataratas en sus dos ojos en tres semanas.

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En algunos casos, los pacientes deben quedarse más días. En el primer viaje, tres pacientes que presentaron complicaciones causadas por diabetes y presión alta regresaron en un vuelo comercial. Conviasa, una empresa recientemente creada por el gobierno de Hugo Chávez, sólo cubre por ahora rutas internas. Realiza vuelos especiales al exterior con aviones destinados exclusivamente a ese propósito, al servicio de la Misión Milagro. Sin embargo, en julio y agosto debieron realizar numerosos viajes a El Líbano para rescatar a cientos de venezolanos atrapados en la agresión de Israel a ese país.

“Yo llegué tuerto y hora tengo de nuevo mis dos ojos buenos como para seguir trabajando”, dice Mario González, de 60 años, campesino de Valdivia de Paine, que viajó a operarse en agosto, en el tercer grupo de pacientes.

“Ya no me acordaba cómo era ver bien: cuando abrí los ojos pude ver la luz y las finas y hermosas manos de la oftalmóloga venezolana que me operó las cataratas”, explica la escritora Lilian Bravo. “No sé cómo expresar mi agradecimiento ante tanta generosidad del pueblo venezolano porque soy un hombre muy inculto, sin educación, no tengo lenguaje: lo cierto es que en Chile no tenía ninguna posibilidad de operarme”, agrega Mario González.

Sonia Cárdenas, del Valle de Elqui, se expresa de manera similar: “En mi pueblo, les contaré a todos lo bien que nos atendieron en el Hospital de Barquisimeto y en la Villa Bolivariana”.

Mario González, al igual que la mayoría, jamás había salido al exterior ni viajado en avión. “Volar me da terror; nunca más volveré a hacerlo”, asegura este trabajador rural. En el viaje de regreso del tercer grupo prefirió hacer el vuelo con la ventanilla cerrada, para no ver las nubes y hacerse la idea que en viajaba en autobús.

El último grupo de pacientes operados tuvo un azaroso viaje que se alargó por 25 horas cuando las autoridades peruanas retuvieron el avión por más de 4 horas en Lima, durante el reabastecimiento de combustible, bajo el pretexto de reparos al plan de vuelo autorizado a Conviasa por la aeronáutica de ese país.

Mil operaciones en 2006

Durante una larga permanencia en Mendoza esperando que se despejara la neblina en el aeropuerto de Santiago, Mario González se encargó de averiguar con los pilotos los detalles técnicos del avión venezolano. Le informaron que recorre 3.500 km con 19.000 litros de combustible. Transporta 112 pasajeros y varias toneladas de equipaje. Le explicaron que el mayor gasto de combustible está en el despegue. Averiguó cuántos kilómetros había viajado y concluyó que el avión tenía un rendimiento de 4 litros por km. González se gana la vida cargando a pala arena y piedras en una camioneta de su propiedad.

En lo que resta del año, hay el propósito de trasladar a Venezuela a 200 pacientes en dos grupos mensuales entre septiembre y diciembre, para totalizar mil operaciones en 2006, informó el Embajador Víctor Delgado. Ya existe financiamiento, itinerario de viajes de Conviasa y un programa de trabajo con el Hospital de Barquisimeto.

¿Qué hacer para postular a Milagro?

Los interesados en operarse de los ojos en Venezuela no necesitan otro requisito que ser pobres sin acceso a la salud. No se les exige militancia política alguna, ni siquiera que sean simpatizantes del proceso que lidera el gobierno del presidente Hugo Chávez.

El primer paso consiste en reunir papeles médicos que hagan constar los diagnósticos de cataratas, pterigión o alguna otra patología considerada por la Misión Milagro, que suele incluir ptosis palpebral y –con menos frecuencia– estrabismo, miopía, trasplante de córnea, retinopatía diabética, glaucoma, desprendimiento de retina y otras menos frecuentes.

Las patologías prioritarias son las cataratas y el pterigión, o pterigium, que consiste en una invasión de tejido fibro-vascular en la córnea, desde la conjuntiva del lado interno del ojo, aunque también suele presentarse en la superficie externa de la córnea.

La catarata es una patología que nubla u opaca el cristalino del ojo, que debe ser claro y transparente. La enfermedad rara vez es congénita, se adquiere a mediana edad y abunda entre los pobres latinoamericanos del campo y la ciudad.

El Embajador Víctor Delgado explicó los pasos que deben dar los postulantes en Chile (y en cualquier país latinoamericano):

1.- Dirigir una carta –notariada– a la Misión Milagro, manifestando el deseo de operarse, asumir la responsabilidad de la decisión y eximir a la Misión de algún eventual riesgo quirúrgico.

2.- Adjuntar certificados médicos que hagan constar las patologías oculares, indicar qué enfermedades padecen, sin ocultar ninguna (por ejemplo, hipertensión, diabetes, cardiopatías) y señalar qué medicamentos consumen a diario para controlar enfermedades (insulina, pastillas anti-hipertensión y otros fármacos).

3.- Incluir una fotocopia de la cédula de identidad por ambas caras, indicar claramente el domicilio y citar algún teléfono de contacto donde se les pueda ubicar.

4.- Todos esos papeles deben ser enviados por correo certificado a la embajada respectiva, en el caso de Chile a Misión Milagro-Chile, Embajada de Venezuela, Bustos 2021, Providencia, Santiago.

Publicado en Revista Punto Final Nº 624, 22/9 al 5/10, 2006.