Autor: Jonathan Malgón Gonzáles

Economista, Investigador Anif

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Por cuenta de los pronunciados déficit externos que exhibe Estados Unidos en relación al resto del mundo, los mercados financieros internacionales llevan más de dos años en espera de una fuerte depreciación del dólar frente a otras “monedas duras” como el euro, el yen y el yuan.

Resulta difícil determinar con precisión cuál debería ser la depreciación adecuada del dólar frente a dicha cesta de monedas, pero se estima que se requeriría una devaluación promedio-ponderada entre el 10 y el 20% real (adicional a la ya registrada). Así las cosas, cabe preguntarse hasta qué punto es sostenible la moneda norteamericana como el patrón de transacciones internacionales, en especial ahora que se avecina un enfriamiento en la economía de Estados Unidos en simultánea con una ganancia en el peso relativo de las economías de China e India dentro del panorama mundial.

Dado que el grueso de los países en vía de desarrollo mantienen un alto porcentaje de sus “ahorros-líquidos” bajo la forma de dólar, una devaluación pronunciada de la divisa norteamericana frente a las mencionadas monedas duras podría causar una “corrida” en contra del patrón-dólar de los Estados Unidos. En este caso, el llamado señoraje de monedas se desplazaría en favor del euro, el yen, y en otras monedas del G-7. En efecto, las Reservas Internacionales Netas (RIN) de los mercados emergentes denominadas en dólares se habían reducido al 60% del total al cierre de 2005, frente a un 68% observado en 1996. Entretanto, la posición en euros se ha venido elevando y alcanzaba cerca del 29% hacia finales del 2005.

Sin embargo, la posición en dólares de los países desarrollados ha mostrado un incremento debido al papel dominante que allí juega el propio Estados Unidos. Por ejemplo, mientras la fracción en euros se ha mantenido alrededor de un 20%, la denominación en dólares se elevó de 58% en 1996 a 72% en 2005.

Analizando el comportamiento agregado de todos los países, cabe destacar que las preferencias por libras esterlinas se han incrementado en los últimos años gracias al buen desempeño económico de Gran Bretaña, constituyéndose en un “vector ortogonal” frente al euro a la hora de diversificar portafolios. La demanda por ellas ha aumentado en 77% entre 2004 y 2006. En este mismo periodo, los euros pasaron de representar un 17.4% a un 16.6%, mientras que el dólar descendió de 49.6% a 44.4% (ver gráfico adjunto).

Resulta determinante que los analistas sigan de cerca los movimientos particulares en los portafolios de los “grandes jugadores” mundiales en cuanto a reservas internacionales se refiere. Por ejemplo, en Junio de 2006, el gobierno de Rusia anunció un cambio importante de sus RIN-dólares a favor de sus RIN-euros, lo cual tuvo una incidencia directa sobre las perspectivas de ajustes en las tasas de interés de la Reserva Federal de los Estados Unidos. Las RIN de Rusia, después de esta medida, se distribuyen así: 40% euros, 50% dólares y un 10% libras esterlinas. Dichas RIN han crecido rápidamente debido al alza en los precios de petróleo y el gas natural y cabe recordar que hoy por hoy Rusia es el cuarto jugador más importante en materia de reservas internacionales (después de Japón, China y Taiwán).

En el caso de Colombia, las RIN totalizan U$14.991 millones al cierre de Agosto de 2006. Cerca del 92% de dichas RIN se encuentran en portafolio de inversiones, donde el 48% son administradas por el propio Banco de la República y el remanente 52% se concesiona a reconocidas firmas internacionales.

De momento, no sería favorable un cambio significativo en la composición de reservas internacionales de Colombia. El portafolio de inversiones sigue de cerca (adecuadamente) las obligaciones externas del país según monedas, y en la actualidad las RIN se distribuyen de la siguiente manera: 85% en dólares, 12% en euros y 3% en yenes. Estando denominado en dólares el grueso del endeudamiento nacional, mal haríamos en jugar a “ingeniería financiera” con los ahorros del país, tratando de recomponer unos activos insignificantes frente al tamaño del mercado financiero internacional. Con ello no se lograría nada distinto a aumentar el riesgo cambiario del país frente a una posible reversión de flujos financieros en favor de Estados Unidos. Las RIN de Colombia sólo deben moverse marginalmente entre monedas, tratando de arbitrar entre las respectivas coberturas y dejando entonces a los “grandes jugadores” marcar la ruta del señoraje internacional ahora que la primacía del dólar empieza a ser lentamente cuestionada