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Pero no es preciso aguzar demasiado la imaginación para comprender la magnitud de la tragedia en términos humanos, si se tiene en cuenta, más allá de las escenas casi idénticas mostradas diariamente por las televisoras, que se trata de una guerra cuyos enfrentamientos fundamentales acontecen en ciudades densamente pobladas.

Ello explica por qué la información sobre bajas militares y civiles adquiere categoría estratégica, pues de conocerse la verdad el rechazo a la guerra y las exigencias para retirar las tropas intrusas serían mucho mayores, en primer lugar, entre la población norteamericana.

La manipulación de la información crece en igual proporción en que lo hace la resistencia iraquí, hasta el punto en que resulta difícil formarse una idea aproximada de dónde se encuentra la verdad.

Solo unos datos son suficientes para ilustrar el asunto. La revista médica inglesa Lancet reveló recientemente que desde el comienzo del conflicto bélico -marzo del 2003 - se han acumulado 650 mil bajas civiles iraquíes, cifra muy distante de las 50 mil informadas por los medios oficiales de Washington.

La metodología empleada por Lancet en la investigación fue revisada por cuatro fuentes profesionales independientes, las cuales, de manera unánime aconsejaron su publicación.

Una cifra casi idéntica a la ofrecida por Lancet la daban a conocer en un estudio realizado por especialistas de la universidad John Hopkins, con lo cual se refuerza lo afirmado por la reconocida publicación británica.

En relación con el manejo de las bajas norteamericanas, las estadísticas oficiales se encuentran igualmente a distancia de las ofrecidas por diversas fuentes independientes.

Así, mientras el Pentágono informa este 31 de octubre dos mil 813 muertos entre sus filas y oculta el número de heridos, otras fuentes norteamericanas contabilizan nueve mil soldados que han perecido y una cantidad elevada de jóvenes gravemente mutilados.

En los hospitales militares del Pentágono en Europa y en Estados Unidos está prohibido el acceso a los periodistas, restricción acentuada de manera evidente en las últimas semanas debido a la proximidad de las elecciones legislativas del siete de noviembre.

La censura norteamericana se extiende igualmente al tema de las víctimas de torturas, pues existen evidencias de un número elevado de muertes ocurridas durante los interrogatorios a los sospechosos de pertenecer a la resistencia.

También han convertido en "secreto" la inspección de algunos cadáveres de "enemigos", pues el examen de estos puede revelar el uso de armas prohibidas por las convenciones internacionales, entre ellas, las bombas de fósforo blanco y de racimo, y otras armas de micro ondas y de uranio empobrecido, en fase de experimentación.

Nada o muy poco se conoce acerca de otro aterrador saldo de esta guerra desatada supuestamente para acabar con el terrorismo: el aumento perceptible entre la población iraquí de las zonas beligerantes de enfermedades provocadas por radiación, en particular diversos tipos de cáncer y tumores, extendidos entre los pobladores infantiles, víctimas, además, del natural efecto psicológico provocado por la guerra.

Drama humano del que se conoce cómo comenzó, pero que al cabo de casi cuatro años nadie puede calcular sus efectos y menos predecir cuándo y cómo concluirá.

Agencia Cubana de Noticias