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La mendacidad multimediática de la tripleta israelí-anglosajona ha alcanzado grados inconcebibles y asombra que sus ciudadanos comiencen a despertar de su letargo. Durante la guerra de 34 días contra Hezbollah, los israelíes creyeron más los asertos del líder chiíta Hassan Nasralá que a sus voceros gubernamentales, según el Instituto Ben Gurion de la Universidad Beer Sheva (Yedioth Ahronoth, 7/9/06). El "síndrome Rubén Aguilar", el mendaz cuan pueril portavoz foxiano, cunde en las capitales del neoliberalismo volcado a desinformar.

Las doctrinas del unilateralismo y sus guerras permanentes en el contexto del choque de las civilizaciones (Fukuyama, Wolfowitz y Huntington), surgidas como producto de la disolución de la URSS, promueven el engaño (v.g las "nobles mentiras") como arma política para que las elites puedan gobernar, según las enseñanzas hobbesianas del filósofo antidemócrata israelí-alemán Leo Strauss, con el fin de contrarrestar las "verdades letales" al estilo de Nietzche.

Poco se conoce en los multimedia orwellianos que controla la banca israelí-anglosajona, el charlatanismo anticientífico del racista Samuel Phillips Huntington quien, desde la dirección del Centro de Estudios Internacionales de Harvard, además de tener vínculos en los más altos niveles de la seguridad nacional, se atrevió a desear formar parte de la prestigiosa Academia Nacional de Ciencias, que rechazó dos veces su forzada nominación en 1986 debido a la tenaz oposición de Serge Lang, profesor emérito de matemáticas de la Universidad de Yale, quien lo exhibió como un notorio anticientífico, sobre lo que abundó en su libro Desafíos.

Lang se basó en las evidencias de Neal Koblitz, otro gran matemático de la Universidad de Washington y creador de la "curva híper-elíptica en criptografía", quien acusó a Huntington de mal utilizar las matemáticas para enfrascarse en los artilugios de una seudo-ciencia que distorsiona los hallazgos históricos mediante seudoecuaciones con el fin de que sus conclusiones parezcan más convincentemente edulcoradas. Es el caso similar en México del orwelliano antidemócrata Enrique Krauze Kleinbort, quien sin usar matemáticas abusa de su soliloquio plutócrata, afín al unilateralismo de la banca israelí-anglosajona, para violentar la historia contemporánea gracias al apoyo multimediático que le procuran el Grupo Monterrey, Roberto Hernández Ramírez y Carlos Salinas de Gortari, que han llevado la desinformación a niveles del totalitarismo soviético.

Está bien que los servicios secretos de Alemania (el reporte BND), Francia y Rusia, no hayan avalado la versión bushiana del 11/9. Es entendible que el mayor general Yahya Rahim Safavi, supremo comandante del Cuerpo de Guardias Revolucionarios Islámicos de Irán, fustigue que la "administración Bush y los servicios secretos israelíes del Mossad perpetraron los atentados criminales del 11/9 con el fin de aplicar su estrategia bélica de guerra preventiva y unipolarización para dominar Medio Oriente(...) la estrategia de los neoconservadores era dominar los abundantes recursos energéticos del golfo Pérsico para controlar Europa, China e India, y así llevar al mundo al estado unipolar" (Iran, Focus, 6/9/06).

Pero llama poderosamente la atención que 36 por ciento de los estadunidenses no crea la versión oficial, como resalta Paul Craig Roberts, anterior secretario asistente del Tesoro en el gobierno de Reagan: "Cinco años después y todavía no sabemos" (ICH, 7/9/06).

La contracorriente es tan poderosa que los multimedia del establishment no han tenido más remedio que difundir a cuentagotas el punto de vista contrario del "Movimiento de la verdad del 11/9" que ha cobrado notoriedad global. ¿El maravilloso Internet destruirá las mendacidades bushianas?

Las teorías conspiratorias forman parte de la sicología colectiva de Estados Unidos, tan proclive a la paranoia. Las conspiraciones no existen hasta que se demuestran, lo cual no es una tarea sencilla para los honestos ciudadanos carentes de las herramientas para verificar sus inquietudes. Las teorías conspiratorias, desde las más alocadas hasta las más razonables, son abonadas cuando las versiones oficiales se tambalean por insustentables.

Como que suena fantásticamente increíble que "19 terroristas árabes" (Nota: cinco de ellos están vivos, pero a nadie le conviene difundirlo) dirigidos por un barbudo fundamentalista islámico desde las cuevas de Afganistán -además, ex agente de la CIA y anterior socio petrolero del nepotismo dinástico de los Bush-, haya horadado la tecnología de ensueño de la otrora superpotencia unipolar que exhibió tantas fallas grotescas en materia de seguridad.

Paul Craig enuncia que "existen tantos agujeros en la versión oficial que la hacen poco creíble, así como poca evidencia para sostenerla", y se pregunta: "¿Cocinó el gobierno una historieta?" Aduce que la "ínfima energía de una aeronave, un poco de combustible de jet y la gravedad no pudieron haber colapsado los tres edificios", y enjuicia el reporte de la comisión del 11/9 (seguramente entrenada por la PGR y el IFE de México).

El israelí-estadunidense Larry Abraham Silverstein, a cargo de la renta de las tres torres (las gemelas y el tercer edificio WTC-7) que cobró el doble del monto asegurado, confesó que la tercera torre WTC-7, destruida por la tarde, fue demolida porque no podían detener el fuego que, curiosamente, nunca había alcanzado sus estructuras. ¿Se trató de una "demolición controlada"?¿O Silverstein quiso cobrar más por sus seguros?

De la lista aportada por la inmaculada FBI sobre la identidad de "19 terroristas árabes" implicados, destaca el supuesto piloto saudita Waleed Al Shehri, quien supuestamente murió en el atentado, y quien vivía, como otros cuatro enlistados, 12 días más tarde en Casablanca, Marruecos (BBC, 23/11/01). Cinco años más tarde, el piloto "asesinado" por la FBI persiste en proclamar desde Marruecos tanto su existencia como su inocencia. ¿Quienes fueron, entonces, los pilotos y/o conductores automáticos de los aviones estrellados?

Sobre el tercer avión, estrellado en el Pentágono en circunstancias todavía más mágicas, no vale la pena perder el tiempo.

Steven Jones, profesor de física de Brigham Young University, fue obligado a abandonar su trabajo por haber sugerido que se trató de un autoatentado (ksl.com, 8/9/06), al estilo del oaxaqueño José Murat.

Insignes científicos, ingenieros y profesores de Estados Unidos han desmontado y desmentido la versión oficial que violenta todas las leyes de la física y que a final de cuentas desemboca en la teoría conspiratoria de Baby Bush sobre la amenaza islámica global para llevar agua a su bélico molino petrolero. ¿Sabremos algún día que pasó realmente el 11/9?

10/9/06

Fuente
La Jornada (México)

Fuente: La Jornada, 10/9/06.