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El espaldarazo de la Asamblea General a la batalla cubana contra el bloqueo tiene una enorme importancia política y moral, pues sitúa a Bush y su equipo fundamentalista en solitario en un tema que como este, ocupa lugar destacado en su plataforma de política exterior.

Solo Israel, conocido aliado incondicional del imperio, y los perros falderos Palau e Islas Marshall, siguieron la voz del amo en su empecinada cuan ridícula posición.

La prepotencia y soberbia de Washington lo conducirá, como hasta ahora, a ignorar la voluntad del orbe, pero les resultará imposible impedir que con ello consolide su habitual actitud de desprecio por las decisiones del máximo organismo internacional.

La condena es también un claro rechazo a la cínica tesis norteamericana que sostiene se trata de un asunto bilateral, pues cada vez el alcance extraterritorial de esta guerra económica es evidente e inocultable, con lo cual crean un peligroso precedente atentatorio de la reconocida y necesaria libertad de comercio.

Sí en los círculos de poder en Estados Unidos existiera un átomo de sentido común, se podría afirmar que llegó el momento de rectificar una política fracasada, que solo conduce a su ejecutor en cada noviembre a la incómoda y humillante posición de hacer el ridículo, pues tampoco ha logrado sus torvos propósitos de rendir por hambre y enfermedades al pueblo cubano.

Agencia Cubana de Noticias