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Estados Unidos escala agresión radioelectrónica contra Cuba

El antiguo Hércules C-130, Comando Solo, aeronave utilizada por el gobierno de Estados Unidos como plataforma para intentar llegar a Cuba con las señales de Radio y TV Martí, ha sido reemplazada por un moderno bimotor Gulfstream G-1.

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Foto: ITERNET

La Oficina para las Transmisiones a Cuba (OCB, por sus siglas en inglés) declaró que el nuevo avión, con matrícula N820CB, es rentado a la empresa privada Phoenix Air, luego que el gobierno aumentó en 10 millones de dólares el presupuesto destinado a difundir informaciones a la Isla y promover la subversión interna.

Este año los gastos de ambos medios aéreos han superado los 37 millones, según lo establecido en el Plan Bush.

La aeronave está equipada con una tecnología de punta capaz de hacer transmisiones en vivo y volará dentro del espacio aéreo estadounidense, donde captará señales de satélite emitidas por TV Martí y las convertirá a UHF, al contrario del C-130, que solo trasmitía desde aguas internacionales y podía emitir programas grabados.

Pero esta nueva variante resulta igualmente ilegal y violatoria de las normas mundiales establecidas por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), y trasgrede el espíritu de numerosos instrumentos internacionales sobre la materia.

Baste mencionar algunos: La Constitución, el Convenio y el Reglamento de Radiocomunicaciones de la UIT, en particular su numeral 23,3, que limita las trasmisiones televisivas más allá de los límites nacionales.

También el artículo I común del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y el de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, adoptados por la Asamblea General de la ONU en diciembre de 1966.

Igualmente hace trizas la Resolución 37/92 de la Asamblea General de la ONU, del 10 de diciembre de 1982, que estableció los principios que han de regir la utilización por los Estados de satélites artificiales de la Tierra para las transmisiones directas por televisión.

Lincoln Díaz Balart, congresista y uno de los principales personeros de la mafia cubano-americana en la Florida, evidentemente muy al tanto del tema, declaró que el alquiler del avión y la posibilidad de transmitir en horario estelar "es una promesa del presidente Bush que con su ayuda pudimos incluir en el presupuesto."

La idea apunta a mantener el Gulfstream en el aire seis días a la semana durante cinco horas diarias, medida que costará al contribuyente estadounidense más de cinco millones de dólares al año.

La violación del espacio radioeléctrico cubano integra el grupo de medidas dirigidas a derrocar al gobierno cubano, contenidas en el capítulo uno del Plan Bush, aprobado en mayo del 2004, y su complementación, dada a conocer el 10 de julio último.

El referido capítulo aparece en mayo del 2004 bajo el título "Aceleración de la transición en Cuba". En julio del 2006 es aún más específico y clama "Acelerar el fin. Transición, no sucesión" e incluye hasta un peligroso anexo secreto que se niegan a revelar.

Cuba, en ejercicio de su plena soberanía, continuará enfrentando la grosera agresión de su espacio radioeléctrico con todos los medios a su alcance y no desmayará en sus esfuerzos para denunciar esta prepotente conducta de quienes pretenden imponer al mundo, desde la Casa Blanca, las leyes de la selva.

Agencia Cubana de Noticias

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