Gran parte de los que se hacen llamar empresarios o dirigentes del empresariado no son sino testaferros, rostros visibles, genízaros de saco y corbata, embajadores y cónsules asalariados de las grandes empresas transnacionales. Piensan como ellos, trabajan para ellos, defienden, por encima de cualquier otra consideración, sus diseños comerciales y financieros aun cuando, casi siempre, estas dinámicas estén por encima del interés de 26 millones de peruanos. Pero hay una raza de empresarios locales, con capital nacional y que arriesgan sus inversiones que no están representados por los sindicatos vasallos y a quienes no hay quién proteja, ni el Estado, ni las leyes y son más bien los patitos feos de la historieta.

Cada vez que se celebra un contrato-ley, las empresas que arriban no sólo traen capitales, también traen giros conexos, personal extranjero (que le roba el puesto a los peruanos) con el agravante que en Perú hay firmas de capital nacional que cumplen con idénticos estándares internacionales en la dación de servicios o producción de bienes. Entonces ¿cómo es que casi nunca logran ser parte del circuito económico alrededor de las grandotas?

Por ejemplo en Minera Yanacocha, Cajamarca, está la chilena CDR (Central de Restaurantes), que suministra –dicen ellos- alimentación y hospedaje. Antes estuvo allí Sodexho pero merced a múltiples deficiencias, salió expectorada, lo que no ocurre en Camisea donde esta empresa ha intoxicado en varias oportunidades y en los últimos años, a trabajadores de la zona. Claro, estos galos no pierden el tiempo y están en Chota en otra mina. ¿Qué amarre o pegatina especial protege a los foráneos y no permite que los peruanos con calidad y experiencia, puedan acceder en buena ley, en licitación abierta y sin trampas aviesas (como los montos de capital por encima de varios millones de dólares), a concursar para brindar sus servicios?

Cuando la inversión externa llega se generan mercados internos múltiples y diversos alrededor de la actividad económica. ¿Se sabe negociar con las transnacionales para desarrollar al Perú? Todo parece indicar que no ocurre así y por desgracia patética, hay casos de abusos de estas empresas extranjeras que no merecen siquiera la auditoría severa del ministerio de Trabajo. Verbi gracia: CDR ha sido acusada de explotar inmisericordemente a sus trabajadores, de pagarles menos de lo que la ley prescribe, de maltratos de toda clase, de no permitirles la conformación de un sindicato que los ampare grupalmente. Comuniqué por artículos a la opinión pública sobre estas aberraciones y a un viceministro notifiqué de la urgencia que su portafolio interviniera, pero aquél está más ocupado en las inexistentes propuestas ideológicas de que hace gala en lugar de tomar la bandera reivindicacionista de la dignidad y la ética del trabajador peruano.

¿No sería interesante pensar en períodos máximos para que todas estas empresas que tienen sus pares nacionales con igualdad de estándares internacionales, deban ser reemplazadas íntegramente, digamos que en tres años? ¿Por causa de qué los contratos-ley no establecen la rigurosidad obligatoria de esta aspiración nacionalista?

¿Hay que negociar con los capitalistas? ¡Sí, pero hay que usar las herramientas de la globalización para defender al capital nacional y a sus legítimos portaestandartes! El antimperialismo no presume de un conflicto sin solución con el de fuera, sobre todo, si se hace para abrir mercados y en aras de la protección de la persona humana del país. Gobernante que no entiende que esa es su prioridad fundamental e inequívoca, merece ser llamado oportunista y traidor, indigno de la confianza popular. Aunque la prensa servil y sus miedos de comunicación le endiosen estúpidamente.

¿Qué debiera hacer el empresario nacional? Entender que el tiempo político no tiene que ver con el vulgarmente pragmático tiempo rentable. Aquí se siembra para cosechar en el futuro, haciendo país a través de ideas-fuerza, de educación paulatina y vigorosa de los líderes que tienen que aprender a amar la generación limpia de riqueza y a protegerla de la voracidad de las empresas transnacionales que tienen a sus socios gángsteres en los bufetes y en los poderes del Estado. Apoyando con logística, recursos y toda clase de solidaridad, sí será posible, que el empresario nacional, el verdadero, el que invierte su dinero y que está dispuesto a morir por el Perú y en su ámbito, avance, consolide y forje un horizonte y un porvenir. A menos que sigan considerándose como los patitos feos de la historieta.

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

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