Desde la cárcel, el propio Fredy Muñoz señalaba que la acusación que hoy se le hace a él es la misma que han vivido centenares de periodistas en el mundo, luego de que el unilateralismo estadounidense decidiera acusar de terroristas a quienes con juicio y argumentos se les oponen, y bendecir a quienes bajan la cabeza, omiten sus crímenes y le siguen.

Para todos se trata de un atentado a la libertad de expresión y un intento de criminalizar el canal multiestatal latinoamericano TeleSUR, creado por los gobiernos de Venezuela, Cuba, Argentina, Uruguay y Bolivia con el objetivo de llevar la voz del Sur al panorama informativo internacional.

Los primeros ataques a TeleSUR ocurrieron antes del propio lanzamiento de la señal satelital de este proyecto audiovisual latinoamericano creado para fortalecer el proceso de integración de los pueblos del sur.

El 24 de mayo de 2005, apenas TeleSUR subió a su satélite un paquete de programación experimental, que se extendía tan sólo por 10 minutos, Richard Lugar, presidente del comité de Relaciones Exteriores del Senado de Estados Unidos, comenzó un juego de advertencias y amenazas contra La Nueva Televisión del SUR.

Tres meses después, en agosto de 2005, el congresista republicano del estado estadounidense de Florida, Connie Mack, proponía el lanzamiento de emisiones de radio y televisión con información ’’objetiva’’, hacia Venezuela, para contrarrestar las informaciones emitidas por TeleSUR, que en esa época aún no tenía noticias en el aire.

Un mes antes, el 13 de julio, desde Colombia se habían alzado ataques contra TeleSUR: un informe de los servicios de inteligencia colombiana, acusó a la televisora de transmitir mensajes que ’’estimulaban al terrorismo’’. Un tradicional diario controlado por la élite colombiana se sumaba a la campaña y señalaba que TeleSUR transmitía imágenes a favor del grupo separatista vasco ETA, pero en realidad, lo que la mujer cantaba formaba parte del coro de una canción del autor brasileño Caetano Veloso, quien con esa rima hizo referencia a ’’Tieta de Agreste’’, personaje de una novela del escritor Jorge Amado.

El 18 de julio de 2005, durante la XVI Cumbre de la Comunidad Andina, el vicecanciller colombiano, Camilo Reyes, rompió el protocolo para manifestar la indignación del gobierno de Colombia, ante la difusión de un corto video, de Manuel Marulanda, fundador y comandante de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Se trataba de una imagen de un segundo dentro de la promoción de una serie de Memorias del Fuego, sobre la recuperación de la memoria sobre los sucesos de las últimas décadas en nuestra región. Demás está decir que la imagen del líder histórico de la FARC aparece periódicamente en televisoras y prensa gráfica colombiana.

’’Fue muy doloroso’’ que TeleSUR escogiera a Marulanda ’’para sus dos primeros segundos de transmisión’’, decía el vicecanciller Reyes. Tras el incidente y en la misma cumbre, la Comunidad Andina se pronunció a favor de TeleSUR.

Un año después de la primera fase ofensiva, se conoce la orden de captura emitida contra el corresponsal de TeleSUR en Colombia, Fredy Muñoz Altamiranda. Los cargos en su contra hasta ahora son meramente enunciativos: rebelión y terrorismo, sin la presentación de pruebas que respalden las acusaciones.

El caso de Muñoz no es aislado. Son miles de periodistas honestos que pagan con cárcel, persecución, amenazas y violencia su convicción de informar con la verdad, con un aliento ético innegociable. Son miles los periodistas asesinados, torturados y sacrificados para silenciar la barbarie y la miseria.

Colombia vive hoy una grave crisis institucional, con la sucesión de escándalos ante la constatación de la infiltración de altos personeros del paramilitarismo en las altas esferas del gobierno, y eso es lo que reflejan a diario –también- los medios nacionales de comunicación.

En Colombia, la Fiscalía tiene una dirección de Protección a Periodistas, que brinda protección -con vehículos y escoltas armados- a los trabajadores de la prensa amenazados por el paramilitarismo.

La Fiscalía General colombiana calificó de ’’grosero montaje’’ la realización de un acto terrorista -atribuido en su momento a la guerrilla- por parte de un mayor y un capitán del ejército para escalar posiciones. Montaron un falso atentado con carro bomba en la zona sur de Bogotá el pasado 14 de julio, poco antes de las elecciones que terminaron con la reelección del presidente Álvaro Uribe. El de Fredy Muñoz es otro grosero, artero montaje.

Se trata apenas uno de los cinco incidentes de los llamados ’’falsos positivos’’: atentados denunciados como de autoría de la guerrilla que en realidad fueron realizados por las fuerzas de seguridad.

Pero estos hechos tampoco son nuevos. Recuerda la propia prensa bogotana el choque entre militares y policías en Guaitarilla, la muerte de campesinos en Cajamarca, presentación de civiles como guerrilleros muertos, la matanza de una unidad de élite de la Policía por una unidad del Ejército en Jamundí, la participación de militares en un supuesto ajuste de cuentas entre narcotraficantes en el departamento de Atlántico. Y muchos de ellos han sido silenciados por la prensa colombiana y, también, por la internacional.

Por eso TeleSUR incomoda. Porque visibiliza, hace público, lo que los medios tradicionales -coaccionados, amedrentados- no difunden sobre las realidades de nuestro continente. Por eso quieren acallar la voz de TeleSUR.

La respuesta solidaria de organizaciones de trabajadores de la prensa, de organizaciones sociales, de académicos, de políticos, incluso de funcionarios del Estado colombiano, nos ayudan a seguir por este camino. Cada vez hay más profesionales como Fredy Muñoz, dispuestos a seguir con esta lucha por la verdad, por la democratización de la información.

No lograrán estigmatizarnos como no lograron antes impedir nuestra salida con ataques y descalificaciones arteras. Hoy TeleSUR es ejemplo de un periodismo alternativo al mensaje hegemónico del norte, y no sólo en América Latina.

Más allá de exigir la inmediata liberación de Fredy Muñoz, nuestra respuesta es quizá la que no esperaban quienes montaron esta grosera patraña que ofende a un proyecto fomentado e impulsado por cinco estados latinoamericanos: seguiremos con nuestra información diversa, plural, contextualizada, verídica, desde Colombia y desde cada rincón de América Latina, coadyuvando el proceso de integración, desde la diversidad y la pluralidad.

Andrés Izarra Presidente

Aram Aharonian Director General

Ovidio Cabrera Director Adjunto