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Arma atómica

Rusia debe seguir siendo una fuerte potencia nuclear

Pese a que se ha reducido al mínimo la probabilidad de guerras y conflictos militares entre los mayores Estados del mundo, de momento no se observa una reducción radical del papel que en su política desempeña el arma nuclear.

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Lo evidencian la nueva doctrina nuclear de EE.UU., la disminución del umbral de empleo del arma nuclear, lo que genera la amenaza de una escalada incontrolada. A ello contribuyen asimismo la sucesiva proliferación de las armas de destrucción masiva y de sus vectores, así como la creciente inestabilidad regional.

En vista de ello, Rusia simplemente no tiene otra opción que seguir siendo en una perspectiva visible una fuerte potencia nuclear.

A nuestro modo de ver, en función del cariz que tome la evolución de la situación político-militar en el mundo, hacia 2012, las fuerzas estratégicas nucleares de Rusia deberían disponer de:

- unos 600 misiles con base en tierra;

- 10 ó 12 submarinos estratégicos;

- 50 bombarderos estratégicos capaces de portar armas nucleares y convencionales;

- de 1.000 a 1.200 cargas nucleares en misiles balísticos intercontinentales (ICBM) y misiles balísticos lanzados desde submarinos (SLBM).

Semejante configuración de nuestras fuerzas estratégicas contribuiría a mantener relaciones estratégicas especiales con Estados Unidos y haría políticamente ponderable el papel ejercido por Rusia en la palestra internacional. De todas formas hemos concertado con EE.UU. el Tratado de reducción de armamento estratégico, documento jurídicamente vinculante, que refrenda los compromisos de las partes de seguir reduciendo los armamentos estratégicos ofensivos hasta 1.700-2.200 cargas durante 10 años.

Pero no es un tratado comprehensivo que estipule reducciones irreversibles y controlables de los armamentos estratégicos, en el que originariamente insistía Rusia. Además, a pesar de las reiteradas aseveraciones sobre el carácter limitado de la defensa antibalística norteamericana (capaz de interceptar tan sólo varias decenas de misiles) en proceso de desarrollo, Washington se ha negado a refrendar estas limitaciones.

Así las cosas, el Tratado de reducción de armamento estratégico no recoge nuestras exigencias de principio sobre el carácter irreversible y controlable de las reducciones y, además, no estipula limitaciones para la cobertura de la defensa antibalística. Hablando en rigor, no es un tratado de desarme y ni siquiera de reducción del arma nuclear, sino tan sólo de la disminución del nivel de la adaptabilidad operacional de los armamentos estratégicos ofensivos. En realidad, Estados Unidos no reduce los vectores estratégicos ni las cargas nucleares que pueden portar. Esto significa que en cualquier momento Washington podrá incrementar hasta el nivel anterior sus armamentos estratégicos. Nosotros, en cambio, tomando en consideración las características de nuestros armamentos estratégicos ofensivos, los plazos de su vida útil, la desintegración del sistema anterior de cooperación entre los productores de armamentos y varios otros factores, nos vemos obligados a reducir realmente nuestros armamentos estratégicos ofensivos, siendo de señalar que son bastante fuertes los gastos económicos en que incurrimos al eliminarlos y reciclarlos.

Desde que Rusia no tiene otro camino a seguir que el de cumplir el Tratado de reducción de armamento estratégico. Pero paralelamente es imprescindible ir modificando la política nuclear nacional. Hemos de estar conscientes de que EE.UU., sobre todo en vista de la creación en un futuro no muy lejano de la defensa antibalística y en caso de que nuestra política nuclear no sea enmendada en el sentido arriba mencionado, obtendría superioridad estratégica absoluta a escala mundial.

Por lo que a las negociaciones con EE.UU. se refiere, en la medida de lo posible hay que continuarlas. A tales efectos se podría proponer comenzar a elaborar conjuntamente los métodos de minimizar los riesgos objetivamente generados la situación actual de disuasión nuclear recíproca. Ello no obstante, dada la actual actitud de la Administración de George Bush hacia el control bilateral y multilateral sobre los armamentos nucleares, no cabe confiar en el logro de tales acuerdos.

En esta tesitura cabe analizar la conveniencia de reanudar el diseño de medios capaces de contrarrestar con eficacia la defensa antibalística norteamericana con vistas tanto a burlarla como neutralizarla. El desarrollo de "ojivas de guiado independiente y de trayectoria impredecible para el adversario potencial", a lo que se refería el Presidente ruso Vladimir Putin en su Mensaje a la Asamblea Federal, no es suficiente ni mucho menos, porque tales ojivas fueron diseñadas todavía en la época soviética. Importa elaborar todo un entramado de medidas de protección activa y pasiva de las Fuerzas Estratégicas Nucleares de Rusia. Según apreciaciones, es la vía más económica.

Las reducciones sucesivas de los armamentos estratégicos se realizarán, en el mejor caso, a través de medidas paralelas unilaterales o, posiblemente, sin afinación recíproca, o sea, a tenor con la conveniencia tecnológica y económica que cada parte definiría por cuenta propia, sin sostener consultas algunas con la otra. Tamaña situación de veras significa el fin del control clásico de los armamentos al que se han habituado no sólo los políticos, diplomáticos y militares de carrera sino también la opinión pública mundial.

EL PUNTO DE VISTA DEL AUTOR NO COINCIDIRÁ NECESARIAMENTE CON EL DE LA REDACCIÓN.

Fuente
RIA Novosti (Rusia)

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