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Aunque parte de la estrategia de los medios de información fue declarar una guerra de encuestas, el hecho es que tal guerra no ha existido. Desde bien comenzada la campaña, la mayoría de las encuestadoras nacionales e internacionales dan como vencedor de los comicios de diciembre al Presidente Chávez, dejando clara constancia de su popularidad, la intención de voto y las percepciones de triunfo del presidente-candidato.

Algunos sondeos le dan hasta un margen de 20 puntos de diferencia, al candidato a la reelección presidencial, de su más cercano competidor, Manuel Rosales, el candidato que ha aglutinado a la mayoría de los partidos y agrupaciones políticas de la oposición.

Uno de los más recientes, de la firma norteamericana Zogby le otorga a Chávez el 60 % de los votos, el próximo 3 de diciembre, mientras que a Rosales le da el 31 %.

Igualmente, la encuestadora AP-Ipsos, que realizó el estudio para la agencia norteamericana Associated Press (AP), da como vencedor a Chávez con un 59 %, mientras que Rosales obtendría un 27%.

Solamente dos encuestadoras pretenden dar como un empate técnico, aunque dan como vencedor a Chávez. Es el caso de Alfredo Keller y Asociados (AKSA) (Chávez 52 % - Rosales 48 %) y Observatorio Hannah Arendt (Chávez 51 % - Rosales 49 %). La credibilidad de estas dos empresas está claramente comprometida con la campaña de Manuel Rosales. AKSA tiene entre sus clientes a Radio Caracas Televisión, Veneconomía, Fundación Konrad Adenauer, entre otras que se han mostrado contrarias a la Revolución Bolivariana y participaron en el sabotaje petrolero de 2002. Mientras que el directorio del Observatorio Hannah Arendt está compuesto por activistas opositores como Heinz Sonntag, Elías Pino Iturrieta y Manuel Caballero, entre otros.

La campaña del Presidente-Candidato

Luego de mucho tiempo invertido en la política internacional al principio de la campaña, el presidente Chávez tuvo que asumir más decididamente el trabajo electoral recorriendo varias veces el país para entrar en contacto directo con sus seguidores.

En ese lapso, la constante en su campaña ha sido identificar y personificar su adversario en el presidente norteamericano Bush y su política imperialista, apenas denominando a los adversarios nacionales como lacayos de aquel. En la segunda parte de la campaña, introdujo una variante al vestirse de azul e impregnar de amor su mensaje. Esto que fue duramente criticado por la oposición, se convirtió en un bálsamo ante el discurso rojo radical que posiblemente le hizo ganar terreno en sectores de la clase media. Al mismo tiempo, el presidente candidato consciente de su ventaja, se ha negado a debatir con el “aspirante a frijolito” como denominó al adversario.

El Presidente Chávez ha sabido administrar los beneficios de las misiones, que contribuyeron de forma decisiva a que Chávez ganara el referendo. Según Schémel, “…alguna gente ya comenzó a reinterpretarlas. Consideran que son buenas pero no funcionan por la corrupción y la falta de eficiencia. Alivian la pobreza pero no saca a las personas de ella; prefieren un buen trabajo”.

Sin embargo, en términos sociales, es indudable que juegan a favor del Presidente-candidato: la democratización de la renta y el aumento de la inversión social hacia la mayoría del pueblo. Sólo que nos debemos interrogar sobre la sostenibilidad de esta inversión que es a largo plazo y que no soportaría un descenso brusco en los precios del petróleo. Es indudable la penetración y los beneficios de las misiones sociales educativas, de salud, trabajo, alimentación, etc., también se puede comprobar, con las recientes inauguraciones, la alta inversión en infraestructura, transporte, vialidad, vivienda, etc. que buscan cubrir la inmensa deuda social acumulada, pero al mismo tiempo habría que interrogarse sobre las nuevas formas de clientelismo que podrían estarse generando, ya que se están generando protestas en todo el país de personas aún excluidas de programas, tales como de vivienda.

La campaña de la oposición unificada

Luego de un proceso de lucha interesante entre grupos de presión de la “sociedad civil”, los tres precandidatos: Teodoro Petkoff, Julio Borges y Manuel Rosales, tomaron las riendas de la oposición y mediante estudios realizados determinaron que el candidato ideal era Manuel Rosales, quien una vez que obtuvo el visto bueno del Consejo Nacional Electoral para separarse de la Gobernación del rico estado Zulia, y asegurarse de no perder el cargo, se dispuso a realizar una ardua tarea: unificar a la oposición, así como aislar y disminuir la fuerza de los abstencionistas.

Para tal fin, la estrategia electoral ha sido bastante original. Promete conservar todo lo bueno del gobierno de Chávez y mejorarlo. Pero a esto agrega una propuesta calificada de demagógica que consiste en depositar directamente en la cuenta de cada hogar venezolano pobre una significativa suma de dinero fruto de las entradas petroleras, mediante una tarjeta de débito denominada “Mi Negra”. Esta propuesta sigue los pasos de aquellos años 90’s donde los pobres podrían disponer de bonos en dinero efectivo para decidir por las distintas ofertas de servicios educativos, de salud, etc.

En el camino, se fueron olvidando las exigencias de condiciones para la elección y fueron desapareciendo las expectativas de que ocurriera un retiro al igual que en las elecciones parlamentarias del año pasado. En general, se disminuyeron las posturas extremistas de la oposición y hasta agrupaciones como el “Comando de la Resistencia” se han sumado a la convocatoria electoral.

Desde temprano, el discurso del candidato opositor ha sido “Vamos a ganar y vamos a cobrar…”, no dejando dudas de los objetivos finales que tiene aún cuando habla de gobernar para los 26 millones de venezolanos, unificar al país y no pasarle facturas a ningún sector.

Lo novedoso del período ha sido la rápida recuperación de la oposición, a raíz de una estrategia inteligente de autoproclamar una candidatura unitaria que logró recuperar la movilización de calle para quienes han adversado al gobierno todos estos años, y con ello la recuperación casi total del capital político que poseía en 2004 en el momento del referéndum revocatorio presidencial que posteriormente fue dilapidado por la campaña abstencionista

El debate sigue pendiente luego de las elecciones

Con nuevos elementos en el frente internacional como la victoria de Correa en Ecuador, el avance de las reformas en Bolivia, la incertidumbre en Cuba, la segura reelección de los presidentes en MERCOSUR y nuevos escenarios en Centroamérica, el proceso bolivariano parece contar con una posibilidad de consolidarse a lo interno y seguir contando con un soporte externo

El mayor reto pendiente de avanzar serán las definiciones y praxis del “Socialismo del Siglo XXI”. Cuestiones tales como el partido único o la democratización de las organizaciones políticas existentes (incluidas las opositoras); el modelo económico de desarrollo endógeno que de manera incipiente se comienza a levantar y las insuficiencias de la economía social como parte de ese modelo.

El aspecto económico es particularmente importante. Puede que la coyuntura nos apunte a "una película que ya vimos". Los indicadores macroeconómicos expresan una vuelta a la "bonanza petrolera" de los años 70’s y 80’s. El alto crecimiento económico (PIB), las altas reservas internacionales, el exceso de liquidez, disminución del desempleo, el alza desmedida del consumo y de las importaciones, etc., nos señala un cuadro al parecer positivo, pero que al mismo tiempo tiene su otra cada de la moneda: altos precios (inflación) y escasez (a pesar del control de cambio y el control de precios) todas figuras ya conocidas por la sociedad venezolana, amén de altos niveles de endeudamiento interno. Como también es conocida la fragilidad de este modelo mono-productor que profundiza la dependencia de un recurso y su aporte fiscal. El resto lo pagan los propios ciudadanos a través de los impuestos que han mantenido su peso en el presupuesto nacional. En todo caso, están avanzando proyecciones que nos recuerdan "La Gran Venezuela" con toda su carga de obras y sueños que generaron tras de sí pobreza y corrupción.

Finalmente, para comentar sobre los movimientos sociales. Podemos observar el incremento de la participación ciudadana por todos los rincones del país, alentada por la mano del Estado/Gobierno que cada vez es más larga y poderosa. Es decir, si bien proliferan por todos lados los comités de tierra, las mesas técnicas de agua, los comités de salud, las mesas de energía, y ahora los consejos comunales, todas estas iniciativas está de alguna manera u otra subordinadas a entes gubernamentales/estatales o responde a un programa de la administración pública.

Muchos de los debates desde las organizaciones de base y en los movimientos sociales se han pospuesto debido a la ofensiva de sectores de la derecha opositora para derrocar el proceso bolivariano, especialmente en lo relacionado con la participación protagónica. Según Marta Harnecker “Todo indica que a medida que la llamada revolución bolivariana se consolide, la contradicción entre centralización y participación se irá acentuando. La coyuntura postelectoral parece favorable a la ampliación de esos debates que, casi inevitablemente, chocarán con funcionarios gubernamentales proclives a tomar decisiones desde las alturas”.

Fuente: ALAI AMLATINA, 30/11/2006.