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Chávez se presentó anoche en una entrevista de tres horas con cuatro de las principales televisoras del país, dos estatales (Telesur y Venezolana de Televisión), dos privadas (la poderosa Venevisión y VenTV) y La Jornada, de México, desde su oficina en el Palacio de Miraflores.

Detrás de las cámaras, dos altos ejecutivos escuchan la advertencia del dirigente y mueven la cabeza acusando recibo. Son Carlos Bardasano, presidente ejecutivo de Venevisión, que fue archirrival de Chávez durante el golpe de Estado de 2002, y Jorge Camero, de VenTV.

El nuevo choque entre los concesionarios de la televisión y el presidente no parece ameritar una amenaza así. Pocas horas antes los ejecutivos de Globovisión, que habían anunciado el lanzamiento de encuestas de salida ­realizadas por una organización cercana a la candidatura del opositor Manuel Rosales, del partido COPEI­, habían desistido.

En la entrevista se habla del socialismo venezolano que vislumbra Chávez ­con su vertiente indoamericana­, los puntos flacos de su gestión, su diplomacia sui géneris, su nostalgia por jugar beisbol y respecto de sus años en prisión.

Un eventual conflicto poselectoral no parece estar en agenda. Por eso sorprende cuando, estando con los micrófonos más críticos en su oficina durante un intercambio largo y distendido, sube los decibeles.

Una de las figuras de la pantalla de Venevisión, Eduardo Rodríguez, modera la entrevista. Y a su derecha se sienta Carlos Croes, una institución del periodismo venezolano, conocedor y crítico del proceso bolivariano, director del periódico Quinto Día. Participa también Jorge Arreaza, de la oficial VTV. Tras las cámaras observa el director de Telesur, Andrés Izarra.

"Voy a estar muy pendiente estos días de las televisoras. Si otra vez se salen de la legalidad, si toman el camino del golpismo, serán cerradas."

­¿Se pueden cerrar sumariamente? ­pregunta Croes­ ¿Qué tipo de democracia es esa?

­Hay leyes que acatar. Por ejemplo, si Televen, este domingo, comienza a lanzar exit polls a las 12 de la noche, ten la seguridad de que la cierro en cumplimiento del orden jurídico. Aquel Hugo Chávez permisivo del 2002 ya no existe.

­¿Se arrepiente de algo?

­Me arrepiento, aquel 2 de abril, cuando el golpe, de no haberlas cerrado. Fui ingenuo. Convoqué a una cadena nacional. Y las televisoras ya tenían todo técnicamente preparado. Trajeron su marcha hacia Miraflores, y ya estaban esperando los francotiradores. Tenían todo listo para sacar la pantalla partida: en un lado yo, dando mi mensaje, y en el otro la calle. Me arrepiento, porque hubo muertos.

Más adelante vuelve el tono de advertencia. Había dicho que su aspiración era "que todos acataran el resultado". Añadió: "Pero si la oposición sale con una marramuncia (cochinada) acusándonos de fraude, si dicen que se van a ir a las cortes internacionales o van por la vía de la guarimba (mítines), ya tengo listo el decreto para convocar a un referéndum para preguntar al país si quiere un cambio constitucional para ir a la elección indefinida".

Ese proyecto le permitiría estar en el poder, al menos, hasta 2021.

­¿Se va a quedar aquí hasta ese año?

­Voy a gobernar seis años más.

­¿Nada más?

­Eso no te lo puedo decir ahora, porque va a depender de las circunstancias. Esa sería mi respuesta a un intento golpista de una oposición irresponsable, sería el contraataque político.

Descarta cualquier tipo de alianza con la oposición, aun cuando ésta reconozca su derrota. "Porque si mañana yo, confundiendo lo que es la falsa concordia, llamo a algunos viejos carcamanes de la política a mi gabinete, es cuestión de tiempo para que empiecen a quitar a la gente los proyectos populares, a liberar los precios de los alimentos en los mercados, a entregar todo al Fondo Monetario Internacional, a hacer acuerdos con el diablo. Entonces se volvería a activar la bomba de una explosión social."

Chávez nunca evade el tema de su fallido alzamiento militar, en 1992. Tenía 37 años. Pasó dos años en prisión. Al salir, en 1995, el periodista Carlos Croes le preguntó:

­¿Y ahora adónde vas?

­A buscar el poder ­respondió Chávez.

Cuatro años después, al frente de su partido Movimiento V República, alcanzó su objetivo. En ese momento, asegura, no era socialista, sino que creía en la tercera vía. Ahora, durante su campaña, habló de llevar a Venezuela a un "socialismo latinoamericano, que tome como vertiente principal el indigenismo de nuestras tierras". Cita a Galeano: "Nada menos foráneo en estas tierras que el socialismo". Y a Mariátegui, "quien decía que nuestro socialismo debe ser indoamericano".

Y se explaya en el tema de su diplomacia sui géneris. Asegura que "no hay nada como verse a los ojos, de líder a líder". Así ha hecho giras por todo el mundo y ha tejido una red insólita de relaciones. Llama "grandes amigos" a gobernantes disímiles, que van de Alvaro Uribe, de Colombia, al presidente de China; también a los de Rusia, Libia, Nigeria y España, José Rodríguez Zapatero. De igual forma, al rey Fahd de Arabia Saudí, "que en paz descanse", y al de Argelia. Se tutea y conversa seguido con el "eje del mal" sudamericano: Lula, Kirchner, Tabaré, Evo Morales, Zelaya (de Honduras), Bachelet (Chile), a quienes ahora se sumará Correa, de Ecuador. Por supuesto, el vínculo fraterno con Fidel Castro.

Fuente: La Jornada (México), 2-12-2006.