por Javier Lazo Lajo; [email protected]

Nunca hasta hoy he querido recordar, menos escribir sobre mis "olvidos" o recuerdos heridos de aquel Santiago de Chile conflagrado y prisionero de un grupúsculo de fascistas de las FFAA chilenas y de la armada norteamericana, desde el 11 de septiembre de 1973 en adelante. Es el mismo nudo en el corazón que no me deja cantar con la guitarra otra vez las canciones de Víctor, de Violeta o de Tito Fernández, el Temucano. Será ese vacío mudo que siento de no querer o no poder olvidar jamás toda la rabia que me dejó aquella fragmentación o división del pueblo chileno, fraguada por la CIA, verdaderos auspiciadores y sostenedores del pinochetismo desde aquel 11 de septiembre.

Pienso que si Allende hubiera tenido solo el 1 por ciento de lo bestia y lo inhumano que son los que aun defienden y lloran a Pinochet; si Allende hubiera sido de la misma especie de bestia que fue Pinochet y sus admiradores, los hubiera aniquilado muy fácilmente de un solo plumazo, aprovechando el fallido golpe del 19 de junio, el oficial fascista Souper sacó los tanques a la calle, en el llamado "tancazo" y en donde, luego de su develamiento, el general Prat le exigía insistentemente a Allende, hasta por radio: "Presidente, declare el estado de sitio... declare el estado de sitio". Acaso Prat estuvo motivado por su instinto de supervivencia, aquel que no le sirvió luego para morir destrozado por una bomba activada por los esbirros de Pinchote ; y es que Prat como militar sabía, olía que la política ya estaba de más, que la cosa estaba por resolverse por las armas, sin embargo la excesiva humanidad de Allende y sus exagerados principios democráticos lo llevaron hasta el colmo de creer que ciertos humanos bestializados en esas contiendas políticas en que la derecha fascista siempre pierde; creía acaso Allende que esas bestias iban a respetar el constitucionalismo y la democracia. Allí supe que esas bestias se cagan y se limpian con "el contrato social" y cambian a su antojo aquello de "la fuerza de la ley" por la "ley del mas fuerte" (o del mas bestia), atavismo humano que subsiste (¿?) y lo hemos visto en el entierro del "Idi Amin" sudamericano. Qué pena y que vergüenza para aquel noble y culto pueblo chileno dividido por los intereses mezquinos de USA, que azuzó a un cuasi-gorila para desangrarlos y dividirlos.

Y hasta hoy me parece increíble, como fue que Allende confió tanto en la también increíble tolerancia de la izquierda chilena para reprimir democráticamente al fascismo descarnado de "Patria y Libertad" y de la derecha de la DC (cuya autocrítica aun no he escuchado) que insistían en que la UP se estaba armando para desatar una revolución violenta. Pero si "El Chicho" hacia toda la política como un padre, mas aun, "un abuelo amoroso", demasiada ternura para hacer política, ¿Pensó acaso en una reciprocidad?, ¿de los chacales?: Pero no estuvo del todo equivocado, porque los fascistas, los chacales son siempre tan pocos. Voy a recordar porqué.

Semanas antes del 11, Hernán Cuentas, viejo militante de la izquierda peruana, nos fue a visitar al Dpto. donde vivíamos algunos estudiantes de la colonia arequipeña, y me pregunto ¿Qué hacer, frente a la inminencia de la guerra civil que se veía venir?, mi respuesta fue inmediata: ¿Qué otra cosa podemos hacer? Pelearemos junto al pueblo y si salimos vivos regresar a nuestra patria a seguir luchando por la democracia y por nuestros pueblos. Sin embargo hasta el 9 de septiembre estuve de vacaciones en Arequipa y volé de Arica a Santiago en el ultimo avión de LAN, porque ya el paro general de los transportes sonaba a golpe por anticipado. Llegue a Santiago el 10 de septiembre, preocupado presintiendo el peligro en que se encontraba Manuel, mi hermano que por su trabajo en la Universidad estaba expuesto a la muerte inminente en el caso de un golpe de estado y porque no quería perderme la emoción de aquellos momentos por los que transcurría la política chilena... cosas de la adicción juvenil a la adrenalina; supongo.

El 11 de septiembre por la radio anunciaban aquel golpe de Estado contra Allende, poco después escuchamos y grabamos al "Chicho", en una despedida en la que anunciaba su voluntad de "resistir" y se notaba ya la voz del hombre frente a la muerte. Desde el balcón trasero de la casa vimos los avioncitos disparando los "cohetes" contra La Moneda y los estruendos de los impactos, ¿ Contra un hombre y un régimen democrático hasta la saciedad ?... pensaba, contra alguien que parecía "mas papista que el papa" para defender esta caricatura de libertades y de democracias que son las de nuestros países criollos, estos engendros de corrupción que son nuestros estados. Dentro de mi pensaba que lo estaban castigando mas bien por exponer un estado falso y farsante, ante un pueblo bullente y ansioso por una verdadera democracia y por una auténtica libertad. Allende murió por creer que podía hacer realidad una democracia y una libertad para todos y quitarle la mamadera a una pequeña oligarquía que no se inmuta en dividir y desangrar a aquello que considera su chacra.

A la una de la tarde nos vimos con Manuel concentrados en la universidad en espera de las armas para defender al gobierno democrático y constitucional, como lo estaba todo el pueblo, en sus fábricas, en sus oficinas, en sus talleres, en sus casas... a la espera de articular las trincheras de combate, todos estábamos con el espíritu armado hasta los dientes, no se podía abandonar fácilmente un sueño, además esa guerra no iba a durar ni unas pocas horas... la superioridad moral, patriótica y numérica del pueblo iba a aplastar al grupúsculo fascista que se apoderó de los mandos de las FFAA chilenas, íbamos a aplastar aquella influencia nefasta de la embajada norteamericana sobre ciertos oficiales rastreros antipatriotas y antinacionales. La moral y la fuerza del pueblo chileno estaba al tope. Luego me despedía de Manuel pues partía con su grupo organizado a otro sitio de defensa y le dije con mucha determinación: "si no te dan armas no pelees". Y nunca le dieron armas, y nunca llegaron las armas a la universidad. ¡¡ El PC estaba jugando a la política cruenta¡¡... ¡¡ sin armas!!, ¡la dirección política del proceso estaba desarmada!, el pueblo chileno estaba derrotado...lo que vendría después fue la masacre. A las cinco de la tarde estuvimos nuevamente en nuestra casa tristes y sin saber qué hacer, puesto que los fascistas eran dueños de la calle y de todo el espacio de comunicación. Helicópteros blancos fácilmente reconocibles se regodeaban en el cielo de Santiago. Las radios fieles al gobierno habían sido calladas y tomadas cruentamente. La bestia fascista estaba suelta. Había que esperar la buena noticia de la articulación de algún frente democrático armado, algún cuartel u oficial y su tropa que defienda al pueblo y a la democracia... alguna trinchera donde dirigirse a pelear. Pero fue en vano, todos los días y noches se escuchaban tiroteos y explosiones de alguna reyerta por las calles y la periferia de Santiago... luces de bengala en las noches, ráfagas de alguna patrulla amedrentando a la gente.

Eran las siete u ocho aproximadamente del 15 de septiembre, cuando escuchamos un disparo muy cerca de la casa, luego alguien golpeó violentamente la puerta y yo fui a abrir...

- ¡Sus papeles y manos a la nuca!... nos gritaron, eran milicos chilenos que entraron de frente a rebuscar la casa, todos salimos a la sala y nos echamos boca abajo...
- ¡ La cocina esta llena de botellas!, dijo uno de los "pelados" (recluta chileno)
- Y luego la pregunta (de Bush) : -¿Dónde están las armas?.

Uno por uno fuimos "interrogados", todos gritaban y aullaban de dolor, a mí me llevaron al departamento de enfrente; yo temía por Manuel, la cantidad de libros que guardaba fueron motivo de curiosidad de los milicos. Pero más les llamó la atención mi forma de responder a los golpes, solo los miraba con desprecio, hasta que se hizo visible un oficial gringo, con bigote rubio que extrañamente no hablaba, después me di cuenta que no era chileno –norteamericano pensé- mi cara estaba muy hinchada como para seguir golpeándola y absorbía los golpes en el cuerpo con pequeños esquivos, él gringo tomo un FAL y con la punta me hundió las costillas apenas debajo del corazón, sentí como un golpe eléctrico y caí redondo de espaldas luego de dar una vuelta completa en el aire, me puso la bota en la garganta y allí si lancé un aterrador grito, pues sentí que me quería asfixiar, fue tal el grito que el gringo sacó la bota de mi cuello,... y dale con la pregunta de los otros oficiales (la de Bush):

- ¿Dónde están las armas? Y mi respuesta - ¿Cuáles armas carajo?... De la cocina sacaron una pistola... me la mostraron... y allí me percate de algo que me acompañaría toda la noche... les grité resueltamente:
- ¡ Eso no es de acá! ; ¡Aquí no hay armas!

Luego un oficial dijo: ¡bájenlo al patio!, allí me pusieron contra la pared y me dijeron que si sabía rezar, porque me iban a matar, luego de un rato escuché el rastrillar de los FAL, yo solo sentía un peso muy fuerte en la cabeza, como un "casco negro" muy pesado dentro de mi cráneo y mucha electricidad en la base de las muelas y los dientes, esperé nuevamente ...esta vez sí es de verdad dijo alguien ... otra vez sentí el rastrillar de las armas, otra vez el casco pesado y negro y la electricidad en la raíz de los dientes, luego alguien me volteó de espaldas contra la pared, era un oficial gordo que alternaba y hablaba con el oficial gringo y que le daba ordenes solo con señas, me dijo:

- "Si soi cristiano weón... reza porque te vamos a fusilar..." y esta vez de cara a ellos los miraba y dentro de mí pensaba... ¡Porqué la muerte si no había hecho mal a nadie!... ¡Y no había tenido hijos!... se prepararon para disparar, otra vez el sonido metálico de las armas, el peso negro en el cerebro y la electricidad en las muelas... ahora sí vi el rostro de preocupación de los pelados, ni siquiera una sonrisa... ¡estaban preocupados por mí!,... me miraban de forma preocupada... pensé que era admiración por mi aguante ante los golpes y la tortura psíquica de los fusilamientos.

- "A éste nos lo llevamos" dijo el oficial.

Al salir a la calle me percaté que habían traído hasta un pequeño cañón, era una patrulla de unos dos camiones y un jeep, al borde del camión donde me llevarían, el oficial gordo hizo la finta de entregarme mi pasaporte delante de los tres pelados que estaban ya para subir, pero arrojó el cuadernillo verde debajo del camión sobre el asfalto, y pensé que ya estaba perdido, pues me llevarían a algún sitio para matarme sin documentos, después de unas cuatro horas supe que uno de los pelados recuperó mi documento y lo guardó para el momento aportuno..., de panza en el piso del camión sentí la bota de uno de los pelados sobre mi hombro..., pero muy delicadamente..., algo pasa, pensé; luego de unos minutos el pelado me acarició la cabeza, a la manera de los jugadores que se quieren disculpar con alguien al que han "fauleado" y me dijo en voz baja, pero clara,

- ¿Tu, soi boliviano weón? ,

- No, soy peruano respondí, también bajito... y ahí fue que escuche lo increíble, me dijo:
- Hablas como indio... discúlpanos peruanito, pero...
- Ya estamos cansados de matar gente inocente..., mi compañero se mató frente a tu casa por esto...

Allí comprendí que eran "pelados" mapuches. Luego el cruce de otras patrullas, y el silencio hasta llegar al estadio Chile (coliseo que queda cerca de la Estación Central), después supe que esa misma noche del 15 de septiembre, allí mismo fue asesinado Víctor Jara; me ayudaron a bajar del camión y caminar por el pasaje que lleva a las puertas de ese mismo escenario, allí mismo nos reuníamos los universitarios en los mítines de UP o para escuchar cantar a Víctor Jara, a los Quilapayún o Inti Illimani, llegando a la puerta, el oficial que estaba a cargo me gritó: - - ¡Contra la pared, las manos arriba!; me pateo los pies para que separara las piernas y después sentí una patada en los testículos que casi me desploma...

- ¡Este esta caliente!, dijo ¿De donde vienen?, ... Es extranjero le contestaron....
- ¿Tendrá documentos? Llévenlo abajo, para su clasificación... Camina, me gritó el oficial gordo...

Los tres pelados venían atrás, pasamos tres ambientes muy grandes, creo que eran canchas de básquetbol o gimnasios, llenos de gente torturada, filas de gente maltratada pero en silencio, me pareció el infierno, muchos de rodillas con las manos en la nuca, otros tendidos boca abajo, cada uno con su charco de sangre, pero todos con una expresión de dignidad e integridad en la cara... nadie se quejaba, nadie lloraba, estábamos moralmente superiores, daba coraje, a pesar de todo... en uno de los pasillos escuché a un chileno contestar de forma temeraria a un oficial e increparle por su comportamiento y no le hicieron nada, el oficial ni le respondió. Ahora pienso que la distancia entre los oficiales y la tropa se acrecentaba a medida que pasaban las horas... hubiera bastado una pequeña trinchera democrática para voltear la suerte de la revolución democrática y socialista de Chile y aislar al fascismo. Esto mismo pasó hace poco con la Venezuela de Chávez. Llegamos hasta una habitación donde estaba un oficial sentado en un escritorio...

- Este parece cubano, dijo... -Mas bien boliviano... replicó uno de los pelados... Sacó su pistola el oficial y me gritó: -¡Tus documentos! ¿Eres cubano? ... Me quedé en silencio pues no tenía mi pasaporte, pensé que había llegado mi hora... todos los extranjeros indocumentados eran "cubanos comunistas que habían venido con armas a matar chilenos"; y aquí fue donde sentí con fuerza esa extraña complicidad de aquella noche, sentí claramente que no estaba solo...

- Aquí están sus papeles... le dijo al oficial uno de los "pelados" mapuches, y le alcanzó mi pasaporte, él lo había rescatado y lo guardó; y ahora no me resulta difícil recordar esa atmósfera de insubordinación de la tropa, que tal vez fue lo que salvó mi vida aquella noche... y asimismo pienso ahora ¿a cuantos les habrá salvado la vida esa confrontación sorda entre la oficialidad y la tropa?, ¿cuánta de esa fiereza mortal que enfrentaba hermano contra hermano, que desgarró y desgarra hasta ahora al pueblo chileno, cuánto de ese veneno solo era inyectado como virus mortal por los oficiales yanquis que supervisaban aquella matanza?

El oficial gordo hizo una expresión de desagrado, pero quedó mudo y el pelado sonrió con cachita. Luego el dueño de esa "oficina" me empujó contra la pared, golpeándome en la columna vertebral con su pistola, y otra vez la pregunta (de Bush):

¿Dónde están las armas?

Yo no tengo armas, si hubiera tenido armas, las hubiera usado... ¿No le parece?... ...le respondí con mucha serenidad... la vuelta de mi pasaporte y la solidaridad de los pelados mapuches, me devolvieron el alma y la serenidad esa noche. Siguieron los golpes y patadas, pero ya tenía una leve esperanza de salir bien librado. Y así fue, el oficial me tiró mi pasaporte, ordenándole al gordo,

- Llévenselo y bótenlo en la calle.... Me sacaron a la calle los tres pelados y el oficial, me dijo amenazante: ¡Escápate ahora peruano... nos vemos el 79...!

Antes de salir corriendo mire a los ojos a mis hermanos mapuches, como para despedirme y corrí, ... corrí esperando el disparo, pero no me dispararon y no permitieron que el oficial dispare... corrí agazapado por las calles de Santiago, mi casa no quedaba tan lejos, escondiéndome en los dinteles de las puertas, detrás de los cilindros de basura, estaba libre, podría llegar a mi casa.... . Los sentidos se me habían aguzado totalmente y mis fuerzas se multiplicaron por mil, aquella noche del 15 de septiembre... mientras corría agazapado por las calles de Santiago, bajo una luna llena grande, muy grande y con mucha sed... y mientras corría recordaba muchas cosas... un cúmulo de recuerdos... otros tiempos?... ¿regresiones ocasionadas por la tortura física y psíquica?, no sé... pero muchas imagenes de esa noche ahora vienen guiando mi vida.

El 19 abandonábamos con Manuel y decenas de peruanos, aquel Santiago conflagrado, ensangrentado, en el avión que nos envió Velasco, junto con la determinante advertencia a Pinochet: "Le pido respetar la vida de Corvalán", la mejor forma de decirle : Asesino; levantaba vuelo en la noche el bimotor de la FAP sobre Santiago, y yo mirando las luces de las calles, juramentaba en silencio, regresaré... .

No sé, ni quiero saber, cuánto esa noche pudo afectar mis escasos veinte años, cuánto sentido le dio a mi vida, a mis conflictos, mis obsesiones, mis pasiones. Hace pocos años invitado por mi hermano José Luis Huilcamán y su hijo Aucán, grandes líderes del pueblo mapuche del sur de Chile, marché otra vez, por las calles de Temuco gritando a pleno pulmón ¡El pueblo unido jamás será vencido!, ¡El pueblo armado jamás será aplastado! Encabezábamos una columna de unos quinientos bravos mapuches, guerreros invencibles del pueblo araucano, hermanos andinos de los Inkas. A veces la historia se repite para que aprendamos a superar nuestros errores, nuestras debilidades.