por Nila Vigil; [email protected]

El Ministerio de Educación del Perú ha aplicado una evaluación para conocer el nivel de la comprensión lectora de los estudiantes de segundo grado de primaria. Esta evaluación, sin duda, es una pieza más del caballito de batalla del Ministerio: “un Perú que lee, un país que cambia.” Ese lema, para quienes no lo saben, es el principio rector de la emergencia educativa. Un lema que se fundamenta en la sacralización de la escritura y en la negación de las culturas ancestrales. No recuerda la educación oficial que las culturas amerindias no conocían el libro y desde su rica tradición oral dieron origen a una avanzada civilización. Una civilización que según Chomsky fue “uno las más grandes de la época, quizás a escala, mucho más grande que el imperio chino u otomano e incluso el ruso” . Pero para la emergencia educativa lo importante es el libro.

Como fue importante el libro cuando el Padre Valverde se lo dio a Atahualpa en Cajamarca. Las crónicas nos lo cuentan: el sacerdote salió al encuentro de Atahualpa. En una mano llevaba a Biblia y en la otra un crucifijo afirmando que ahí estaba Dios, “el verdadero," Atahualpa escuchaba esto traducido por Felipillo. Cuando Atahualpa preguntó dónde se podía sostener tal afirmación, Valverde le dijo que en la Biblia, el libro sagrado." Atahualpa quería escucharlo y por eso pidió la Biblia, la miró, le dio vuelta, quiso escuchar lo que decía, se la apretó al oído y dijo: "No dice nada". “Está vacía” y la dejó caer. Pizarro gritó y se abalanzó, a la señal, se abrió la trampa. Sonaron las trompetas, y estallaron los arcabuces, desde la empalizada, sobre el gentío perplejo y sin armas.

“Un Perú que lee, un país que cambia”, efectivamente, la historia está ahí para recordárnoslo.

Quede claro que no dudamos de la importancia que tiene la lectura. Sí dudamos de la sacralización de la misma. Pero en este artículo no queremos ahondar en ello. Lo que nos interesa es denunciar el atropello que ha cometido el Ministerio de Educación al pretender una prueba única, en castellano, para todos los niños del Perú, un país en el que se hablan cuarenta y dos lenguas indígenas. Lenguas que en muchas zonas son las lenguas maternas de los niños que van a escuelas bilingües en las que se les enseña en su lengua materna y aprenden castellano como segunda lengua. Estamos hablando de muchos niños de las zonas rurales, hablantes de quechua, aimara, asháninka, bora, shipibo, etc.

Por sentido común, no es lo mismo pensar en una prueba de comprensión lectora en castellano para niños hablantes de castellano, que la misma prueba para niños hablantes de una lengua indígena (no sorprendería que además los contenidos sean pertenecientes al mundo urbano). Pero, por lo visto, el sentido común ha hecho huelga en el Ministerio de Educación y a pesar de que hay una Dirección Nacional de Educación Intercultural Bilingüe y Rural que, en teoría, debe velar por una educación coherente con la diversidad lingüística y cultural del Perú, no ha se ha pronunciado al respecto y no ha dicho nada sobre los pronunciamientos que organizaciones indígenas y educativas comprometidas con el desarrollo de la Educación Intercultural Bilingüe le han hecho llegar. (más que dos directores, pareciera que hay dos felipillos en esa dirección)

Desde el Ministerio de Educación, con esta prueba, se ha hecho evidente que no hay conciencia de que somos un país en el que coexisten distintas culturas, en el que se hablan distintas lenguas. Vemos con rabia y con indignación que el Estado sigue invisibilizando al “otro” y desconociéndole sus derechos. No hay ninguna conciencia de que son esas actitudes las que nos han llevado a situaciones dolorosas. Situaciones que si no queremos que se repitan exigen “una meta general, que es la edificación de un país que se reconozca positivamente como multiétnico, pluricultural y multilingüe” (Conclusiones de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación)