¿Puede un gobierno, por más transitorio que sea, con un gabinete de lujo, según ciertos comentaristas, darse el giro de ser engañada por una taifa de diplomáticos deshonestos que ha hecho de la Cancillería una chacra privada y escenario de sus movidas particulares que incluyeron venganzas, robos, soplos, coordinaciones aviesas con los delincuentes Fujimori y Montesinos, durante 10 años? Si esto es así ¿qué esperanza puede alentar la ciudadanía que en el Perú vamos a erradicar la corrupción a todos los niveles? ¿Y cuál la diferencia con la dictadura si quienes fungen ahora de diferentes, no hacen nada por exterminar a los figurones envilecidos, en este caso de la Cancillería?

Hay un documento en mis manos y que bajo el título sugestivo de "Canciller engañado por viceministro" dice entre otras lindezas que el embajador José Antonio Arróspide del Busto, transmitió una información completamente equivocada al embajador Pérez de Cuéllar, primer ministro y canciller, porque de los 117 diplomáticos cesados por la RS 453/RE-92, sólo podrán incorporarse, a petición de parte, 7 de ellos. Desde el cese, un importante grupo de diplomáticos inició acciones judiciales, obteniendo 36 de los mismos, sentencias favorables en el Poder Judicial y en el Tribunal de Garantías Constitucionales, razón por la cual se encuentran en situación de actividad trabajando en Lima y en el exterior. Pero, hay otro grupo -dice el texto- que no sigue en la Cancillería, a pesar de haber obtenido sentencias favorables, pero que debe pasar al retiro por los menores límites de edad que el DL 894 del 25-12-96 establece.

Es más, el doctor Valentín Paniagua, hoy presidente de la república, abogó por varios de los cesados y se le solicita en tal virtud la corrección del dispositivo para que se reincorporen de manera efectiva y sean compensados económicamente todos los funcionarios víctimas del cese ideado por la pandilla gobernante en 1992 en Torre Tagle y VIGENTE a la fecha.

Resulta de suyo interesante consignar el nombre de uno de los más cuestionados diplomáticos que es nada menos que embajador en los Estados Unidos, Alfonso Rivero Monsalve. Este sujeto no podía reingresar al país porque tenía orden de detención hace pocos años y su presencia era requerida por la dictadura para su consejo profesional en ocasión del tema de los Tratados del Perú con Chile, país donde era embajador, el susodicho. Pero, ¿por causa de qué era solicitado Rivero? Porque había sido encausado en una denuncia que le involucraba en malos manejos públicos como fue la creación del "Fondo Contingente" que se estableció para financiar mayores gastos que debían afrontar las misiones diplomáticas y oficinas consulares e incrementos y asignaciones extraordinarias para las misiones que lo requieran. Los fondos de esta cuenta se manejaban en Nueva York y se otorgaban a los miembros escogidos del clan de Rivero. La 4ta Fiscalía Superior Penal, vio el caso y éste está registrado bajo el número 616/93 contra Luzmila Zanabria, genízara a órdenes de Rivero y por el cargo de peculado.

Entre los jueces que después de muchos ajetreos y sesudas como cómplices y muy convenientes resoluciones dieron por archivado el caso, estuvieron Iberico Mas, Montes de Oca Begazo, Almenara Bryson, Sanchez Palacio Paiva y Villafuerte Bayes, algunos de ellos en el bolo para ocupar, en la actualidad, cargos de la más alta importancia. ¿No sería interesante que la ciudadanía conociera qué más lauros infames adornan las testas de estos jueces tan suaves con casos tan graves e inmorales? ¿No sería mejor para la salud ética del país, que a estos los echaran o los pusieran en el refrigerador mientras se esclarece sus conductas pasadas, pesadas y sospechosas? ¿Vamos a cambiar mocos por babas?

Retorna la pregunta filuda: ¿es la Cancillería chacra privada?

¿Para qué sirve una diplomacia infestada de pirañas que al alimón con los delincuentes Montesinos y Fujimori, hicieron festín y destrozos para beneficios exclusivos, de casta, olvidándose del país y de su política exterior? ¿Qué prestigio pueden ostentar los que han sido soplones de sus propios compañeros de carrera y que tejieron rumores sobre las honras, defectos, aficiones, cuentas y vidas privadas de sus propios congéneres profesionales? ¿Por causa de qué habríamos de tener mano blanda con la pandilla que se refugia en Torre Tagle?

El país exige cuentas claras a quienes tienen que darla por las buenas o a la sombra que es el lugar que les corresponde. ¿Cuál la diferencia entre un ladrón harapiento y uno con cuello y corbata? El fujimorismo se encargó de igualar a estas sub-clases sociales: unos y otros roban porque en ello les va la vida, su razón de ser, su consciencia activa de parecer útiles a sus degradantes vidas.

Aquí no sirven los afeites o maquillajes diz que a favor de los diplomáticos si no poseen sinceridad exenta de oportunismos, como el demostrado hace pocos días por el señor Luis Gonzales Posada, ex-candidato al CAL que "coincidencialmente" abogó por los cesados en 1992. Tampoco los esfuerzos huelecámaras de cierto ex-parlamentario, rechoncho y cordialmente odiado por sus ex-compañeros, diplomático reintegrado y aspirante a ministro y que se llena la boca de palabras ahora que se avecinan los comicios en el afán de participar en alguna de las listas. Si lo admiten, ciertamente. Lo que hay que hacer es agarrar un insecticida y fumigar Torre Tagle. No debe permitirse que sigan los autores de los mayores estropicios contra la propia Cancillería y contra la política internacional del Perú, recuérdese los Tratados con Chile, con Ecuador, a cargo del mando.

Si el canciller y primer ministro, embajador Pérez de Cuéllar quiere pasar a la historia como un hombre ilustre, con lustre y rectilíneo, apenas si tiene un camino: ¡limpiar de bichos la Cancillería! ¡Y eso no lo puede hacer apelando a los mismos bichos! ¡Es como poner a los gatos de despenseros!

*Liberación, Lima-Perú, dirigida por César Hildebrandt. **Entre los sacados de sus ataúdes fujimoristas y proditores, por el actual gobierno de Alan García Pérez en este 2006 que se acaba, están: el susodicho ex jefe de la mafia Alfonso Rivero Monsalve (Vaticano); Jorge Voto Bernales (NNUU); Eduardo Ponce de Vivanco (Ginebra, de donde extirparon, sin anestesia, como muela de alveolo, a Manuel Rodríguez Cuadros) y Jorge Valdez (embajador especial, también, para el TLC con la bendición de Hernando de Soto). Poco o casi nada ha cambiado Perú en ¡apenas siete años!