Ha informado el eternamente muerto canciller, José García Belaunde, que el señor Hernando de Soto será reemplazado por el embajador en Estados Unidos, Felipe Ortiz de Zevallos, en todo lo referido al TLC. Agregó e.m., que, sin embargo, de este no tan sorpresivo abandono del barco, aquél seguiría procurando convencer a los congresistas gringos. ¿No sabía de Soto que este asunto para el cual fue comisionado, tenía un pronóstico bastante malo desde el principio? ¿Quieren hacernos creer los entendidos que ya tomaron debida nota que la “situación política” en Yanquilandia, es otra en nuestros días?

Conviene preguntar de modo directo: ¿para qué han empleado decenas de miles de dólares en viajes reiterados –léase excursiones placenteras- para algo que ya veía asomar en el horizonte las orejas demócratas en lugar de las torpes, cretinas y autosuficientes de las republicanas? Sólo que la presea fue por doble envión: en representantes y en senadores. Es decir, el reinado demócrata en Capitol Hill no es un asunto a ser desdeñado.

Cuando alguien engaña o estafa, a la postre es lo mismo, se convierte en un rufián. Si un Estado, que está conformado por hombres y mujeres de carne y hueso, durante decenios, a sus ciudadanos, hace lo mismo, deviene en Estado rufián porque expolia el dinero público y exacciona, lastra y envilece la fe ciudadana. Gobierno y Estado en el Perú son sinónimo de esas acciones que los retratan como ladrones sempiternos de las esperanzas populares.

¿Alguien, en su sano y puntual juicio, puede creer que Hernando de Soto desconociera la imposibilidad de lo que se le encomendó? ¿Qué sagrados designios le hicieron aceptar a sabiendas? Por eso, ahora sí muy claro, a mitad del río, el señor de marras, mostraba un descontento más que manifiesto. Imposible olvidarse que de Soto ha construido su imperio de soluciones financiadas, sebo de culebra, en Estados Unidos donde se expide como un genuino American citizen y por eso su ciencia amplia e inequívoca sobre ese país.

La congénitamente inepta ministra del Interior, la peruanoide Pilar Mazzetti, reconoce que en las pruebas de absorción atómica, realizada para comprobar si los ocho campesinos ayacuchanos tuvieron manejo de armas o algo por el estilo, es ¡absolutamente negativa! Entonces ¿por causa de qué el Estado rufián no suelta a esos connacionales, será porque hay que tapar la bestialidad de Mazzetti y de ese obelisco con patas, monumento a la nulidad que es Allan Wagner y su ridícula “seguridad cooperativa”, otro peruanoide, en Defensa?

Mal ejemplo recientísimo. El no-carismático y e.m. canciller García Belaunde, anunció que Perú acometería el tema de la delimitación marítima con Chile. No dijo cuándo ni de qué manera. Sabidas son sus anteriores expresiones acerca de que es un intríngulis “por cuerda separada” y que no se debe “mezclar” con los tratos dirigidos a consolidar un TLC para Chile y un acuerdo de complementación económica para Perú. Discurrir por un acápite, en el que la cobardía y pusilanimidad han vuelto a ser el arma predilecta y sublime de Torre Tagle, debía ser motivo de vergüenza y no de frívola como malhadada alusión. Pero ¿desde cuándo un Estado que engaña y estafa, como todos sus predecesores, tiene mayor interés en definir, con pantalones y voz cantante, un asunto de esa envergadura?

La pregunta es ¿qué hace la sociedad para combatir a un Estado rufián?

¿Puede oponerse a lo que el Estado rufián –y todopoderoso- conviene en aceptar como limosna de las empresas mineras que hacen cuanto les viene en gana, sólo si tienen buenos precios para sus metales en el mercado internacional?

¿Está la sociedad premunida de mecanismos para lidiar con arreglos extraños que impone la ladrona Telefónica que se mueve en Perú como Pedro por su casa? ¡Y no vengan con el cuento del Congreso o las veedurías o pamplinas por el estilo!

Bien afirmaba Manuel González Prada: “Para verme con los muertos, yo no voy al camposanto, busco plazas no desiertos, para verme con los muertos ¡corazones hay tan yertos, almas hay que hieden tanto! ¡Para verme con los muertos, yo no voy al camposanto!

Y puedo parafrasear, habida cuenta de mi modesta estatura frente a la del prócer civil: ¡para verme con los muertos, yo no voy al camposanto, prendo la televisión, leo diarios limeños que se creen nacionales, escucho radios y lo que allí dicen son “noticias”, para verme con los muertos, yo no voy al camposanto! ¡Lo que logra un Estado rufián!

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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