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Profesión, libertad y responsabilidad, conceptos que fundamentaron la necesidad de superación permanente surgida en los primeros años del ejercicio generalizado de la prensa revolucionaria, junto a la fundación de la UPEC y la creación de la primera escuela universitaria, siempre con la decisión de la autoexigencia orientada a estar a la altura de la Revolución, explican el significado del camino transitado.

Esos aciertos, el talento y la actitud abnegada de nuestros periodistas explican el por qué hoy la profesión periodística tiene tanto prestigio en la sociedad cubana y también la apreciación del Fidel sobre que la prensa es su más importante fuente de información.

Si aquel pensamiento martiano del contenido combatiente del periodismo tiene hoy mayor vigencia y nos hace soldados en la defensa de los valores esenciales de la profesión periodística, cuando es peor su ejercicio ético en los medios del adversario, también es más grande la necesidad de ejercer el periodismo vinculado a nuestros problemas de todo tipo y de hacerlo sin favorecer las perversidades del enemigo imperialista. Hacer la labor profesional mediante el ejercicio del análisis crítico y realizada con espíritu investigativo, es la vía segura de abordar los más difíciles temas y contribuir a hallarles soluciones. Es más, se trata de la única forma verdaderamente responsable de hacer periodismo agudo, profundo, con el contenido revolucionario necesario. Y no se trata sólo de elevar el aporte periodístico en favor del perfeccionamiento de nuestra sociedad, deber principal, sino de demostrar que únicamente en la sociedad socialista existen las condiciones para el desarrollo del periodismo investigativo. Es la sociedad que lo reclama, que no puede prescindir de él, mientras en el capitalismo se le considera subversivo, junto a los piqueteros, los sin techo y sin tierra, como denunció Martín Almada que así clasifican hoy a la nueva versión de la Operación Cóndor.

El periodista revolucionario nunca será testigo incómodo ante los intereses y valores esenciales de una Revolución como la nuestra, sino su factor más activo y positivo en la esfera de la dirección política. Se trata, nada menos, del acercamiento a las condiciones requeridas por el estadista como el propio Fidel vinculó a la capacidad que debe tener el periodista revolucionario, lo que representa el reconocimiento mayor hecho al profesional de la prensa y reafirma la complejidad de una profesión que no es segunda de las otras.

Realizar el periodismo señalado en una sociedad como la nuestra, donde todo lo que se publica tiene repercusión y se debe responder por ello y hacerlo, además, cuando el país se convierte en una gigantesca universidad, así como en plena expansión de las facultades de periodismo y con escasez de profesionales en muchas redacciones, representa todo un esfuerzo adicional que no debe impedir la acción aun más activa y eficiente de la labor periodística. De lo que se trata es de trabajar con espíritu investigativo en todos los casos y de la investigación a fondo, especialmente en temas priorizados. La respuesta sólo podrá tenerse en la capacidad creativa de cada colectivo y de su dirección. Lo seguro es que las exigencias de los lectores crecerán, condición indispensable para la búsqueda y hallazgo de formas que permitan dar contestación a la demanda creciente hasta hacer ascender al periodismo a su más plena función. Nada de esto será posible en sociedades donde lo que crece es el desconocimiento, provocado en gran parte por los medios destinados a la desinformación y el engaño.

Hacer realidad el principio rector del verdadero periodismo de que este cumpla con el derecho colectivo, de la sociedad, a la información veraz, base única de la verdadera libertad de prensa, es algo alcanzado en Cuba por primera vez en América Latina durante los años del proceso revolucionario. Este hecho, que no niega nuestras imperfecciones, debe estar más a la ofensiva en la batalla de ideas, porque es a la vez un tema sobre el que más se nos difama por los secuestradores con el dinero de esa libertad tan proclamada como falsa. Su denuncia permanente en toda la línea, por parte de los lectores, periodistas, organizaciones de periodistas, prensa alternativa y organizaciones de masas y sociales, observatorios de los medios que están surgiendo, elevará la conciencia crítica de los hombres y mujeres víctimas de la forma de realizar crímenes de guerra, la mediática. Estos nuevos criminales de guerra, que pretenden más impunidad que los de la guerra física, tendrían menos posibilidad del engaño porque serían menos cada vez los que les crean, aunque conserven las más modernas tecnologías y sus mensajes tengan amplia difusión. Contribuir a elevar la conciencia crítica en la sociedad debe ser objetivo central en este combate. De esa manera se daría contestación también a la llamada sociedad de la información, que pretende cerrar una brecha digital esencialmente política e ideológica, con supuestas vías de ampliación del uso de las modernas tecnologías.

Si se vive hoy la sociedad de la desinformación –lo que sus organizadores no quieren reconocer– lo fundamental de ello es el carácter mentiroso de los mensajes dominantes, aunque agravado por sus alcances masivos e internacionales.

¿Habría posibilidad en América Latina de establecer la Sociedad de la información sin la integración previa de sus países? No hay la menor duda de que sería imposible, que sin patrias libres el periodismo estaría bajo la influencia de los medios imperialistas y de sus seguidores internos. Por supuesto, esto no supone esperar en forma pasiva el momento ideal, sino luchar por alcanzarlo con los más diversos medios, siempre modestos pero valiosos, en el combate que se da en cada lugar.

Este Festival tiene lugar en una ocasión apropiada para el análisis colectivo de estas reflexiones y otras, todas seguramente vinculadas con políticas informativas, planes y controles. Al hacerlo deben surgir ideas mejores que nos ayudarán a demostrar ampliamente las enormes potencialidades existentes en la profesión periodística que se ejerce con la mayor libertad, porque es defensora del más hermoso hecho social del siglo XX, realidad indispensable para poder ejercer la solidaridad integral con toda causa justa en cualquier parte del mundo.

Nuestro periodismo, digno y ético, consecuente con los principios de la Revolución Cubana y el magisterio de Fidel, que ha avanzado tanto hasta convertirse en el rescate de la prensa independentista de nuestros países, asume con humildad y firmeza la función de gran prensa alternativa antiimperialista de la región latinoamericana y de alcance internacional. Todos nuestros medios y periodistas, en tiempos de Internet, integran esa legión de manera concreta y práctica, cada día. Todo lo que sea capaz de desarrollar el periodismo, esa profesión joven históricamente, tendrá las bases seguras para surgir en la prensa revolucionaria cubana.

# Portal de la UPEC (Cuba)