¿No se regala, con exquisita simpatía vendepatria, todos los días, vía televisión, radio y diarios cómplices, el ex ministro toledista del TLC (fungía estar en Comercio Exterior), Alfredo Ferrero Diez Canseco, al gobierno de Alan García Pérez? Bien advirtió hace muchos lustros, Luis Bedoya Reyes, que los técnicos se alquilaban. ¿Y esa merced conductiva es nueva o de reciente data? ¡No lo parece! Por tanto, cuando era titular Ferrero, ya estaba con propósitos de obsequiar al país. En buena cuenta ¿qué hacen los sicarios?: asesinan. ¿Y, no es matar a un país, canibalizarlo de a pocos, vía concesiones, tratados inequitativos, asimétricos, dañinos a la producción peruana?

Dos temas ineludibles que pasan por la ética y la responsabilidad política. El primero que denota, con mayúscula sinverguencería cómo un ex funcionario público del gobierno que culminó sus días en la absoluta orfandad, graficada en la pobreza electoral de abril, cual ramera de libre disposición (el mercado manda), carente de sindéresis o cualquier lealtad, abdica de lo anterior y se oferta cual mercancía, a los nuevos inquilinos de Palacio. Segundo, los controles políticos, Congreso y partidos, ¡NO existen! En el Establo a nadie inquieta la veleidad de Ferrero Diez Canseco y la agrupación política que dio el triunfo a García, el Apra, no tiene representación, fuerza o significación a nivel de gobierno.

La especie mañosa, muy bien edulcorada vía los miedos, plenos en especímenes de esta ralea, es que hay un divorcio entre tecnócratas y políticos. Mientras que los primeros tienen la llave mágica de las soluciones en tiempos de globalización; a los segundos, corresponde la cháchara en forma de debate y ningún crédito. Sin embargo, el gobierno es un arte político que va de la mano con lo económico. Lenin, el jefe bolchevique, que contrató con Armand Hammer para la explotación petrolera, tuvo el acierto de poner un comisario político al lado de los tecnócratas. Cuando la naturaleza profundamente traidora de éstos, afloraba, el paredón de fusilamiento cumplía su labor profiláctica. Pero, pedir aquí eso, es casi un disparate.

¿Hay precedentes? ¡Cómo no! Hay multitud de ex funcionarios estatales, poseedores de secretos e información confidencial privilegiada que luego, vía el mercenarismo dolarizado, se pasaron a empresas privadas y ¡lo que es peor! litigaron contra el Estado al cual “servían” poco antes. Recuérdese el caso flagrante y escandaloso del ex Defensor del Pueblo, Jorge Santistevan de Noriega que del cargo público migró a Telefónica, la empresita ibérica ladrona per se y expoliadora. En cualquier caso, los dólares fueron argumento convincente e irrefragable para persuadir a los vectores a hacer o decir todo lo contrario. ¡Harían lo propio si otro misil en moneda verde y dura, los vuelve a encontrar útiles a sus causas sicarias!

Esto ocurre porque en Perú los organismos naturales de control sufren orfandad de fuerza desde las bases o son parte del diseño perverso y cómplice que aplana la protesta y el soliviantamiento ante hechos aberrantes y que debían ser censurados per se. Los miedos se manejan según el avisaje publicitario. ¡No se toca a nadie que los sufrague en grado sumo! ¿De qué otro modo, se explica, por ejemplo, la neumática de silencio ante los atropellos, cotidianos, sempiternos, abusivos todos, en que incurre San Dionisio Romero Seminario y su banco? ¡Qué le van a decir, si muchos mercenarios y sicarios, entre periodistas y políticos, viven de la bondad interesada y mercantil de este individuo! ¿Acaso no tiene pandillas de abogángsteres y jueces a su servicio particular? Sólo por citar un caso.

El rechoncho ex ministro, cual hurí obesa, se regala a ver qué pesca en este gobierno. Esta administración, la del señor García Pérez, es muy afecta a esta clase de tecnócratas y, por definición, éstos tienen que tener altas cuotas espirituales de negación del Perú para ostentar la sinverguencería arrodillada de que hacen gala cuando mal negocian y descuidan los intereses del pueblo peruano. Son alquilables elementos, sicarios de ocasión, rufianes de saco y corbata. El problema no son ellos, sino ¿dónde está el contralor de la vida pública y política porque no funcionan los canales formales?

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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