Las investigaciones independientes e imparciales realizadas en Estados Unidos han descubierto el grado altamente tóxico del glifosato, pero como es lógico, las pruebas de este pesticida se han realizado en ratas y cobayos de laboratorio. Desafortunadamente para los habitantes de la frontera norte, los intereses políticos del presidente Álvaro Uribe han hecho que este producto sea utilizado en esta zona fronteriza, convirtiéndola en el laboratorio natural para probar los efectos devastadores del herbicida sobre el ser humano y la naturaleza.

Tres son los factores que convierten a este herbicida en una verdadera arma química:

1. La aplicación por avioneta

El glifosato es un producto que en la agricultura comercial se lo aplica por vía terrestre, y con medidas de bioseguridad, como son la utilización de gafas, mascarilla, ropa impermeable, guantes y botas.

Al ser asperjado desde el aire en forma de lluvia, el producto cae indiscriminadamente sobre las personas que se encuentran desprotegidas en tierra, produciendo graves trastornos en su salud, que ya han sido constatados por el personal médico de la frontera, así tenemos: irritaciones dérmicas y oculares, náuseas y mareos, edema pulmonar, descenso de la presión sanguínea, reacciones alérgicas, dolor abdominal, pérdida masiva de líquido gastrointestinal, vómito, pérdida de conciencia, destrucción de glóbulos rojos, arritmias cardíacas y daño o falla renal.

Al ser el glifosato un herbicida no selectivo, afecta a cualquier especie vegetal, y no solo a los cultivos de coca. De acuerdo a reportes de la Federación de Organizaciones Campesinas del Cordón Fronterizo de Sucumbíos (FORCCOFES), cerca de treinta y cuatro mil hectáreas de cultivos lícitos (plátano, yuca, maíz, cacao, café), han sido afectados, produciendo grandes pérdidas a los agricultores ecuatorianos.

Las especies nativas que conforman el bosque húmedo tropical, también son afectadas por la acción del herbicida; al morir los árboles se pierde la principal fuente natural de oxigenación del planeta y de eliminación del CO2, a través del proceso fisiológico de la fotosíntesis.

Con la desaparición del bosque primario se produce una acumulación de CO2 en la atmósfera, principal causa para el calentamiento global del planeta y el efecto invernadero, propiciando el deshielo de las nieves perpetuas y las inundaciones de las zonas bajas de la Tierra.

A esto se suma la muerte de animales domésticos, ganado vacuno, aves de corral, tilapias, así como de especies silvestres de mamíferos y aves que habitan en esta zona geográfica.

2. El uso de dosis mayores

Este herbicida se debe aplicar por vía terrestre en dosis máximas de cuatro litros por hectárea. En la frontera se están aplicando hasta 16 litros por hectárea, con una concentración del producto al 100%, cuando la concentración del glifosato, comercialmente, es de 48%.

3. El uso de coadyuvantes

Los coadyuvantes son químicos que potencian la acción de los pesticidas, en el caso de las aspersiones de glifosato en la frontera se está utilizando un surfactante que cumple con tres funciones en el caldo pesticida:

1.- Aplanar la gota del glifosato, para que éste se adhiera mejor a la planta;

2.- Que el producto penetre rápidamente por las aberturas naturales del vegetal; y,

3.- Que el producto se expanda externa e internamente.

El uso de la mezcla de glifosato-coadyuvante, aplicado en forma de lluvia, lo convierte en una verdadera arma química contra el ser humano, puesto que el producto ingresa rápidamente por la piel de las personas, y se expande en su cuerpo, con las consecuencias toxicológicas anteriormente descritas.

La aplicación del glifosato atenta contra las normas internacionales de protección del medio ambiente y del ser humano.

La importancia que tiene para la humanidad la protección del medio ambiente, tomando como eje de éste al ser humano y su interacción con la naturaleza, ha permitido establecer una importante normativa jurídica a nivel internacional para proteger el medio ambiente en período de conflicto armado, así tenemos:

La Convención sobre la prohibición del desarrollo, la producción, el almacenamiento y el empleo de armas químicas y sobre su destrucción, del 13 de enero de 1993 (Convención sobre Armas Químicas) vigente desde el 29 de abril de 1997.

Esta decisiva Convención complementa y potencia el Protocolo de Ginebra de 1925, por el que se prohíbe el empleo de armas químicas y biológicas, ya que en ella también se prohíben el desarrollo, la producción y el almacenamiento de las armas químicas —así como el empleo de éstas— y se exige la destrucción de las reservas existentes.

El Protocolo de Ginebra de 1925 fue aprobado, a finales de la Primera Guerra Mundial, tras un acuciante llamamiento del CICR contra la guerra química. En virtud de la Convención sobre las Armas Biológicas, que surte efectos desde 1975, se prohíben el desarrollo, la producción y el almacenamiento de esas armas.

La resolución 31/72, de 10 de diciembre de 1976, de la Asamblea General de la ONU, en su Artículo 1 manifiesta: “Cada Estado Parte de la presente Convención se compromete a no utilizar técnicas de modificación ambiental con fines militares u otros fines hostiles que tengan efectos vastos, duraderos o graves, como medios para producir destruccio nes, daños o perjuicios a otro Estado Parte”.

También la Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, del 3 de junio de 1992, manifiesta en su PRINCIPIO 19: “Los Estados deberán proporcionar la información pertinente y notificar previamente y en forma oportuna a los Estados que posiblemente resulten afectados por actividades que puedan tener considerables efectos ambientales transfronterizos adversos.”

* Catedrático de la Facultad de Ciencias Agrícolas de la Universidad Central del Ecuador, Vicepresidente de La Federación de Profesores de la UCE.

El glifosato, arma química del Plan Colombia

¿Qué es el glifosato?

El glifosato, N-(fosfonometil) glicina, es un herbicida generado por la empresa estadounidense Monsanto en la década del 60. Su modo de acción es no selectivo, esto quiere decir que mata todo tipo de especie vegetal, tanto de hoja ancha como angosta.

El mecanismo de acción del glifosato está ligado a la inhibición de tres aminoácidos aromáticos esenciales para la formación de las proteínas en las plantas, produciendo la muerte de sus tejidos.

La toxicidad del producto

Este herbicida ha sido catalogado por sus formuladores como ligeramente tóxico, es decir que la dosis letal media por ingestión es de 4g por Kg de peso vivo, y 6g por Kg de peso vivo por inhalación.

Un hombre de 70 Kg necesitaría recibir un baño de 420 centímetros cúbicos (cerca de medio litro) del herbicida para causar su muerte.

Un bebé con pocos días de nacido, con tres Kg de peso corporal, necesitaría recibir una aplicación de 18 centímetros cúbicos (2 cucharadas soperas) de glifosato para poner en riesgo su vida.

Existen reportes de investigadores independientes de Estados Unidos, que manifiestan que los estudios realizados sobre la toxicología del producto fueron alterados con fines comerciales por la empresa formuladora, por lo que el herbicida sería más tóxico y peligroso para la salud humana.

Los nuevos estudios de la toxicidad del glifosato

La Agencia de Protección Medioambiental (EPA) de los Estados Unidos acusó públicamente a Industrial Biotest Laboratories (IBT), laboratorio que condujo 30 estudios sobre glifosato y fórmulas comerciales en base a glifosato en 1976, de falsificación rutinaria de datos y omisión de informes sobre sus efectos mortales en ratas y cobayos.

Estudios sobre residuos de Round-up (nombre comercial del glifosato), en papas, uvas y remolachas fueron realizados en 1991 por Cravenven Laboratories, por encargo de la empresa Monsanto, formuladora del herbicida.

La EPA acusó a esta corporación de falsificar las anotaciones de registros de laboratorio y manipular manualmente el equipamiento científico para que éste brindara resultados falsos.

En 1992, el dueño de Craven Laboratories y tres de sus empleados fueron declarados culpables de 20 diferentes causas penales. El dueño fue sentenciado a 5 años de prisión y a una multa de 50 000 dólares; la multa para Craven Laboratories fue de 15,5 millones de dólares.

En base a estos estudios la Agencia de Protección Medioambiental (EPA) ya reclasificó los plaguicidas que contienen glifosato como clase II, altamente tóxicos, por ser irritantes a los ojos.

La Organización Mundial de la Salud, sin embargo, describe efectos más graves; en varios estudios con conejos los calificó como “fuertemente” o “extremadamente” irritantes. El ingrediente activo (glifosato) fue clasificado como extremadamente tóxico (categoría I).

Un estudio reciente, publicado en el Journal of American Cancer Society por eminentes oncólogos suecos, reveló una clara relación entre glifosato y linfoma no Hodgkin (LNH), una forma de cáncer. Los investigadores sostienen que la exposición al herbicida incrementa los riesgos de contraer LNH.