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El viernes 5 de enero, el Washington Times [1] reportaba, refiriéndose a altos representantes de la administración Bush, que Estados Unidos había decretado sanciones contra tres empresas rusas: Rosoboronexport, las oficinas de estudios Priborostroenie de Tula y Machinostroenie de Kolomna [2]. También se adoptan sanciones contra un ciudadano ruso llamado Andrei Safonov. La lista negra, que estaba lista desde el 22 de diciembre, fue firmada seis días más tarde por Andrew Semmel, subsecretario de Estado interino encargado de la seguridad internacional y la no proliferación.

Las sanciones se aplican en total a 24 personas físicas y morales de China, Corea del Norte, Irak, Irán, Malasia, México, Pakistán, Rusia, Sudán y Siria.

El pretexto para la adopción de las sanciones fueron los acuerdos que la empresa Rosoboronexport firmó con Siria por un monto cercano a los 10 mil millones de dólares. Según las autoridades estadounidenses, Rusia facilitó armamento de alta tecnología utilizado por los combatientes del Hezbollah durante el conflicto armado del verano pasado con Israel [3]. Se trata de los misiles antitanques Kornet y Metis.

Las mencionadas sanciones prohíben a las estructuras del gobierno federal estadounidense toda operación de contrato ligada a entregas o prestación de servicios con las personas físicas y morales inscritas en la lista, no pueden prestarles asistencia a nivel del gobierno estadounidense ni concederles licencias de exportación.

Para Valeri Kartavtsev, jefe del servicio de prensa de Rosoboronexport, la empresa pública federal «aumenta de año en año sus exportaciones de armamentos y de material militar que, de hecho, se duplicaron en 5 años. [La empresa] entra a nuevos mercados, sobre todo en América Latina. Por eso creemos que es posible que las nuevas sanciones contra nosotros sean de cierta manera una forma de competencia desleal, dirigida contra nuestra empresa y, de forma más general, contra la Federación Rusa». Valeri Kartavtsev agrega que Rosoboronexport se abstendrá de todo comentario en espera de que las sanciones le sean notificadas de forma oficial.

Priborostroenie tampoco ha recibido ninguna notificación oficial. Según su director general, Alexei Butenko, «es la cuarta vez que el Departamento de Estado estadounidense nos inflige sanciones. No entendemos su posición. Actuamos en el marco de las reglas internacionales y de las leyes de la Federación Rusa».

Las criticas se hacen patentes del lado de la Duma. Leonid Slutski, primer vicepresidente de la Comisión de Relaciones Internacionales, estima que las sanciones son injustificadas. «Como siempre –declaró– Estados Unidos trata de desempeñar el papel de gendarme mundial». Afirma que se trata de la vía que han encontrado los estadounidenses para sacar del mercado mundial al armamento ruso ya que le temen a la competencia. El vicepresidente de la Duma, Vladimir Pektin, menciona también, entre otros motivos, los temores que el crecimiento de Rosoboronexport suscita en Estados Unidos. Subraya que, este año, «Rusia consolidó considerablemente sus posiciones en la escena militar y política, sobre todo en los ejes asiático y latinoamericano».

La Duma analizará el asunto después de las vacaciones, durante su primera reunión plenaria. Como anunciara Constantin Kossarchev, presidente de la Comisión de Relaciones Internacionales, «tenemos, en el plano político y por vía diplomática, que expresar nuestro firme rechazo hacia esas medidas. Tenemos, una vez más, que orientar a nuestros socios estadounidenses hacia el respeto de las decisiones que se toman a nivel internacional».

Ruslan Pukhov, director del Centro de Análisis de Estrategias y Tecnologías, no cree que las sanciones logren un impacto importante en la actividad de las empresas rusas ya que Rusia vende armas principalmente a países que no se encuentran en la órbita de Estados Unidos.

Las sanciones estadounidenses de agosto 2006 contra Rosoboronexport siguen en vigor aún, precisa Ruslan Pukhov. Según él, Rusia podría, de manera totalmente lógica, responder con la imposición de restricciones a la compra de Boeing. Eso haría que las sanciones resultaran casi más penalizantes para las propias empresas estadounidenses. Así que Rosoboronexport no tiene ya de qué preocuparse puesto que, siendo propietaria del mayor productor de titanio del mundo (VSMPO-Avisma), que controla el 50% del holding de construcción de helicópteros Oboronprom, esa empresa es además el único exportador de armas de Rusia.

Un tal Alexei Safonov figura también entre las personas afectadas por las sanciones estadounidenses. Pero ni los expertos ni el vocero de Rosoboronexport conocen a ese personaje, que no forma parte del equipo de colaboradores de la empresa.

Desde el 2001, la administración Bush decretó alrededor de 40 sanciones contra empresas extranjeras. También menciona su ley sobre la no proliferación en Irán y en Siria que, ley que, según la opinión de numerosos expertos, tampoco se adapta al derecho internacional. En realidad, Estados Unidos trata de obligar a las empresas extranjeras a que se adapten a la legislación estadounidense.

Fuente
RIA Novosti (Rusia)

[1] «Sanctions imposed on Iran, Syria arms suppliers» por Bill Gertz, The Washington Times, 5 de enero de 2007.

[2] Desde principios de los años 90, 18 empresas rusas se han visto sancionadas por Estados Unidos. Durante el verano pasado, Rosoboronexport y Sukhoi fueron acusadas de cooperar con Irán e incluidas en una lista negra. El ministerio ruso de Relaciones Exteriores habló entonces de acusaciones ficticias. Al cabo de verificaciones complementarias, las sanciones contra Sukhoi fueron levantadas posteriormente.

[3] «Israël accuse les lance-roquettes russes de ses revers au Liban» por Viktor Litovkine, Réseau Voltaire, 12 de agosto de 2006.