Estimado Compañero Presidente.

Desde las lejanias frías de Toronto, sentimos la nostalgia, la angustia y la tristeza sumergidas en su corazón, sentimos la soledad de una mujer noble embestida por la muerte en un momento intrépido.

Estamos llorando con la familia de la compañera Lupita, con sus compañeros de trabajo y con toda nuestra Patria hermosa que confía en usted.

Sentimos que sus lágrimas son parte del Cáliz que ofrenda por la causa de los más desposeidos, sentimos que su cansancio es un momento de meditación para seguir batallando en los tiempos más difíciles. Pero a la vez sentimos que el dolor atravesado en su corazón está anidando gritos de esperanza que van reciclando en los caminos cotidianos junto a su pueblo.

Querido Compañero Presidente, no tengo palabras para expresarle mi solidaridad. Tengo mi oración junto al Pueblo Migrante, la pérdida de un ’ilegal’ sin parientes, el dolor de muchas madres lejos de sus hijos, y todos los detalles que produce la inmigración.

Desde esta corta distancia y con su Pueblo Peregrino, nos solidarizamos y entendemos su dolor, el dolor de la familia de nuestra compañera Ministra de Defensa, su hija y la de sus compañeros que descansan en paz junto a los Mártires y Profetas Latinoamericanos.

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Con el llanto de este Pueblo Peregrino, levantamos un grito lleno de coraje, amor y solidaridad:

¡ Para que se levante y sienta que todos y todas estamos con usted !

Querido Compañero Rafaelito: le queremos un mundo y no dude que su Pueblo Peregrino, desde la distancia, oramos y continuamos caminando para construir juntos la Libertad.

Con mucho aprecio.

Su servidor en Cristo y con el Pueblo.

Fr. Hernán Astudillo

Fr. Hernán Astudillo

San Lorenzo

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