Luego de haber recibido la paliza verbal del presidente García Pérez, el ministro de Defensa, el peruanoide Allan Wagner Tizón, debió haber hecho lo que haría cualquier persona normal: renunciar e irse a su casa. No sólo el ridículo de su “seguridad cooperativa” ni que se enterara de algún tema de defensa sólo y con carácter de exclusividad, 24 horas antes de asumir ese delicado portafolio, sino que, a todas luces, es uno de los más ineptos y torpes que la historia de los gabinetes registre en el Perú. ¿Se puede ser tan pobre diablo?

¡No me hablen de sindéresis! Cuando un ministro que debía defender a sus Fuerzas Armadas y no hacer escarnio de ellas, mete la pata, hay que botarlo sin contemplaciones. Que del Castillo, otro colega suyo, fantoche creado por los medios de comunicación, le dé su visto bueno, no asombra para nada. Que después el jefe de Estado haga otro tanto, antes que sorprender, molesta porque no hay coherencia, ni ética: hay complicidades y compadrazgos y el precio, como de costumbre, es la dignidad del pueblo del Perú.

Algún integrante de ONG, si ser intelectual de ONG constituye dudoso título suficiente, dijo, semanas atrás, que Allan Wagner Tizón, era uno de los pocos ministros con “bagaje intelectual y político propio”. ¡Cómo no! En 1986 aceptó el planteamiento chileno sobre Arica que venía desde 1964 en el primer gobierno de Belaunde. Fue quien cohonestó las sucesivas concesiones obsequiosas al vecino del sur; fue el jefe de una misión diplomática que entre brebajes y mohínes a altas horas de la noche, perdió una valija de documentos secretos del Perú ¡en Chile! Aclarado hasta la saciedad, en aquellos años, por el patriota Alfonso Benavides Correa, sin respuesta de su parte, quedó ridiculizado por su entreguismo, pusilanimidad y falta de casta para defender los sagrados intereses del país. Otra vez ministro de Relaciones Exteriores durante el toledato, no hizo sino promover misiones de turismo masivo de sus diplomáticos por todo el orbe, con magros y deleznables resultados como denunciamos en el 2003, sin que pudiera refutarnos ¡una sola línea! Hoy es el poder tras el trono precarísimo de un difunto como José García Belaunde, gobierna en Torre Tagle y pretende hacer lo propio en Defensa y ya vemos los resultados ridículos, ínfimos, tremebundos en inconductas como aquella que para disimular su inacción, ordena la prisión de ocho campesinos ayacuchanos que debieron salir de la cárcel por falta de pruebas. ¿Por causa de qué el país tiene que aguantar a pobres diablos como éste?

A no dudar la complicidad de los miedos de comunicación, infestado de rábanos caviares, compañeros de ruta del peruanoide Wagner Tizón, promoverán cortinas de humo de toda laya para disimular tanta estupidez compendiada y olímpica como la que demuestra a cada instante el personaje de marras, pero el país está noticiado de qué clase de incompetente tiene en Defensa. Ni el mamarracho de su “seguridad cooperativa” de la que ningún país habla, salvo el imperialista Estados Unidos, ni el mercenarismo de sus “hacedores” de imagen, puede tapar el sol con un dedo porque los hechos son más fuertes y demostrativos de una mentecatería pocas veces vista. Y encima, incapaz de mostrar reflejos para renunciar y largarse ¡lo antes posible!

¿Hay que seguir soportando esta clase de “lecciones inversas” de cómo destruir o terminar de aniquilar la moral pública con esta clase de pobres diablos? El jueves fue la ministra vendepatria Verónica Zavala, también Allan Wagner Tizón, la Mazzetti, la Aráoz, es decir, quién le sugirió esta colección de alimañas mediocres como ministros al señor García Pérez? ¿Es que este pseudo-equilibrio muestra del “cambio responsable” o será, más bien, el pasado vergonzante que tendrá que exhibir en adelante a la ciudadanía? ¡Más dignidad carajo!

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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