¿Tiene el presidente de la República, Alan García Pérez que rebajarse a contestar una majadería desinformada que aparece en El Mercurio de Chile?

¿Y por causa de qué el mandatario, no bota de un buen puntapié a un traidor despreciable como Fabián Novak Talavera, del cargo de viceministro de Defensa, donde puede estar regalando o negociando o suministrando, las interpretaciones son varias, todas deplorables, el individuo que no duda en firmar documentos contra la política oficial del Perú que no reconoce límites marítimos con Chile?

O sea, el amiguismo compadrero de no dejar que el ridículo connatural que acompaña al peruanoide ministro de Defensa, Allan Wagner Tizón, ¿está por encima de los sagrados deberes de defender la soberanía patria, sus límites, las 200 millas del Mar de Grau como ofreció durante su campaña el hoy jefe de Estado, García?

El viceministro de Relaciones Exteriores chileno, Alberto van Klaverer, estuvo en Lima hace pocas horas y tuvo el desparpajo nada diplomático y sí muy altanero de escupir la sopa en nuestra propia casa. Pero, el eternamente muerto canciller José García Belaunde, que tomó, según dicen fuentes fidelísimas, cursos acelerados, todas las últimas madrugadas, sobre límites –jamás supo antes qué eran aquellos- es un mudo complaciente porque no se siente tocado por las inaceptables expresiones –en nombre de su gobierno, el de Chile- que el asunto de límites marítimos, no estuvo en agenda, no está y tampoco estará nunca en cualquier conversación con Perú. ¿Hay alguna forma de excusar lo que es a todas luces un comportamiento desdoroso y pusilánime?

Seamos justos, no hay que echarle toda la responsabilidad al canciller García Belaunde. El aprendió, a medias, en torno a límites, en las últimas 72 horas, de modo que puede exhibir las fallas garrafales que acompañan a los denominados “demócratas” cuando se meten a asuntos de Estado de los cuales ignoraban casi todo, o todo. ¿Y qué hay del viceministro, Gonzalo Gutiérrez o pesan más cuatro largos años de estancia en Chile que le enajenaron cualquier dignidad y le hicieron olvidar que pertenece a la diplomacia peruana?

Pocas horas atrás, en charla con alguien que sí conoce de todos estos asuntos y que en su momento o no supo, no pudo o se aterró, para tomar las riendas como lo hacen los buenos capitanes contra viento y marea, me dijo una verdad de a puño, frase feliz que propagaba Luis Heysen Incháustegui: el problema no es Chile, son los peruanos.

Se divulga en el diario La Razón que el desavisado y distraído ex canciller Javier Pérez de Cuéllar firmó un tema anuente con el norte, Ecuador, para claudicar en el sur, Chile. Y hay un silencio de esos traidores que pretenden amainar la ventisca con el relativo y bobo consuelo que los peruanos se olvidan de todo. ¿Es esa la maldición del oro y esclavos que enunció con odio y antipatía Bolívar sobre el Perú? ¿Es éste un país de hombres de barro, ídolos de mugre, líderes de pacotilla y demócratas o luchadores de paja? ¿Pueden las vacas sagradas permanecer en sus podios de fragilísima y sucia construcción?

¿A qué se deben estos silencios que protagoniza tristemente la mayoría de los miedos de comunicación; el gabinete, el Congreso, las ONGs, los partidos, etc.? ¿O hay lo que Jacinto Benavente en su genial creación bautizó como los intereses creados? ¿O la desvergonzada endogamia de primos, compadres, hermanos, tíos, tías, amantes, esposas, cuñados que como nomenclaturas recicladas se alaban entre sí, se perdonan entre ellos, y se endiosan para seguir siendo los recipendiarios de todos los dólares esos a los que odian salvo cuando los tienen en el bolsillo, prevalece ominosamente?

Una gacetilla, muy afín a la mermelada, me coloca como “enemigo” del traidor Fabián Novak y al lado de ilustres peruanos como Alfonso Benavides Correa y Víctor Mejía Franco. ¡Qué yerro tan absurdo! Yo, modesto periodista, honro la memoria de los mártires y estoy al servicio de las causas de justicia social y revolución que tiene el pueblo como sus motivaciones fundamentales. Nada más. Y sí, es cierto, a los traidores hay que escupirlos y aniquilarlos. La historia será la gran jueza para dar la razón a quienes la tienen y condenar al infierno proditor a los sucios que osan levantar mamarrachos contra su país.

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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