Los peruanos solemos holgarnos con frecuencia –a veces razones sobran y dan orgullo- del ingenio nacional. Hemos producido una encíclica: “Los derechos humanos son una cojudez”, Cipriani dixit y hemos, también, dado al mundo paradigmas como el de nuestros días que dan cuenta de una aceleradísima estudipización en todas las esferas de la vida cotidiana. Así, los pobres circos que llegaban en julio con sus espectáculos, ya no lo harán, porque aquí se mata a los payasos y no a los dueños. Ha dicho el presidente García que se castigará duramente a los asesores de la aún ministra del Interior, la peruanoide Pilar Mazzetti Soler, pero que ella goza de todo su respaldo. No olvidó subrayar, el mandatario, que su gobierno no permitirá ningún nivel de corrupción.

Bajo el silencio cobarde de múltiples miedos de comunicación, ciertos traidores pretenden cubrir sus desmanes con las palabras manidas de “descontextualización”, “87 años” y adefesios por el estilo. ¿Serán aquellas salidas entendibles por la gente digna que puede mirarse al rostro sereno y sin dobleces o están las maquinarias dolarizadas pagando urbi et orbi para que se calle y enmudezca lo que todos saben que ocurrió desde hace largos decenios contra la patria?

El gobierno del señor García no ha repudiado las expresiones singulares de un quintacolumna pagado por la Cancillería para que sea un servil gonfalonero de intereses ajenos al Perú. Acusé, en blanco y negro y públicamente, a Felipillo Fabián Novak Talavera, en mayo del 2005, de haber traicionado al Perú en noviembre de 1999 cuando la actitud aviesa con Chile respecto de Arica y el Tratado y Protocolo del 3 junio de 1929. Pero, resulta que no era su única mugre. Habían otras que han salido a flote en el curso de los últimos quince días. Y este rábula de conciencia a lo Petain, ni renuncia ni se suicida. Pero sí manda cartitas y paga a mermeleros en los miedos. ¿Qué fácil, no?

La estupidización tiene ejemplos humorísticos de muy alto calibre. Una fuente fidelísima, de inconcuso conocimiento, me refirió que a muy altas horas de la madrugada un consejero ofreció al canciller José García Belaunde, un texto sobre límites. Quien sabe si no escuchó o su ignorancia es genuina, pero él asintió y no dejó de sugerir con energía: “pero con papas fritas”. No se puede negar que el paladar del “demócrata” es exquisito. Cada vez que recuerdo la justicia que hizo César Hildebrandt al homenajearlo con el calificativo de “débil mental”, confirmo que a veces hay sinrazones que tienen piernas y hasta rebuznan porque no hablan.

El paradigma de la estupidización se nota porque en cualquier otro país del orbe, la sola sospecha de sobrevaluaciones o precios recargados en 90%, hubiera hecho funcionar la guillotina y ¡fuera! las cabezas de esos ministros ineptos. Para justificar sus mediocrísimas gestiones Allan Wagner Tizón y Pilar Mazzetti, metieron presos a campesinos en Ayacucho. Derrotados por la presión pública debieron reconocer luego de un mes que eran inocentes esos ciudadanos. Pero ¡ninguna ONG dolarizada con dineros imperiales, les ha denunciado por atentar contra sus derechos humanos! ¿Será porque, a su vez, estos incapaces son miembros de ONGs? La decencia no alcanza, como tampoco la vergüenza, a quienes debían haber renunciado hace mucho tiempo. ¿Conocerán esa virtud estos ciudadanos?

Vaca sagrada de 87 años quiere cubrirse con el manto de su edad avanzada y el dudoso lauro de haber sido peón pro domo sua de los norteamericanos en Naciones Unidas. Hoy, el embajador Javier Pérez de Cuéllar no se acuerda de nada. ¡Qué raro, ante la acusación del entonces candidato Alan García Pérez, noviembre del 2005, dijo que había resuelto el asunto del norte! Lo que no se hizo notar fue que para ello, había desfavorecido al país en el sur. Y ¡lo que es peor! hasta hoy no se revela el contenido de las notas reversales de 1968 y 1969. Son dos juegos distintos y contradictorios. ¿Qué hay del mapa con límites equivocados que nuestra Cancillería jamás impugnó, porque siempre está más ocupada en cocteles y saraos, que en defender a la patria? ¿Por causa de qué, en citas privadísimas del cogollo, el amnésico don Javier siempre lamentó sus yerros de lustros atrás y los llamó fallas garrafales? Costumbre peruana ancestral es disimular, cohonestar, barnizar ¡las tremendas felonías de sus mamarrachos oficiales de turno!

¿Se acordará el embajador de su petición lacrimosa, años atrás, para que no se publicara un artículo que denunciaba la barbaridad, con su firma y la de Valentín Paniagua, en que con resolución burocrática, reponían en Torre Tagle a un muerto y con devengados? ¿Habrá olvidado a su chasqui, un dinosaurio con corbata que entonces era ministro y que bregó duramente en el teléfono para que se colaborara con aquello? Testigos hay varios diplomáticos y hasta dos periodistas. Sencillo recurso el de la amnesia no obstante la pusilanimidad de no asumir con hombría la totalidad de fallas atroces.

La estupidización es un paradigma que ha tenido éxito en Perú. No puede negarse aquello. En el conchabo están los miedos de comunicación en inmensa mayoría; los partidos políticos, mejor dicho, clubes electorales, que no opinan, no entienden nada, guardan silencio; las figuras y figurones de barro construidas de fango dolarizado que recorren mesas de redacción y canales televisivos para vomitar textos resobados y siempre en la tesitura cruel e indigna que los peruanos carecemos de memoria. ¿Por causa de qué meternos a todos en el mismo saco canceroso?

Ya lo saben, en Perú se ejecutan a los payasos y no a los dueños del circo. La estupidización y su mercadotecnia colonizadora, están triunfando. ¿Va a permitir, amable lector, semejante infección en el cuerpo nacional? Sólo usted tiene la respuesta.

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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