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Este funcionario, el cubanoamericano de más alto rango en el gobierno estadounidense, resuma en cada afirmación su odio visceral contra la Revolución, mientras deja ver su ignorancia sobre el pasado y el presente de la Isla, donde solo vivió siete años, de 1953 a 1960.

Ello hace que sea uno de los pocos capaces de defender apasionadamente, como afirma, la fracasada y anacrónica política mantenida por Washington contra la mayor de las Antillas desde enero de 1959, y arreciada desde el 2000, de manera obsesiva, por la actual Administración.

Demagogia y manipulación andan de la mano con la ignorancia a lo largo del discurso de Gutiérrez en la Conferencia organizada por el Consejo de las Américas, en Washington.

Por supuesto, no puede ser de otro modo, pues este cercano colaborador de Bush, comparte con Condoleezza Rice la presidencia de la llamada Comisión de Asistencia para una Cuba Libre, autora del Plan Bush, con mas de 400 medidas dirigidas a derrocar la Revolución y anexarse el país.

Gutiérrez vuelve sobre la gastada tesis de que " Castro ha tratado de echar la culpa de los problemas económicos de su país a Estados Unidos, pero la responsabilidad es de sus propias políticas."

Deliberadamente oculta que en 44 años de guerra económica la ínsula registra afectaciones superiores a los 86 mil millones de dólares, equivalente al PIB de varios años, y mientras escamotea esta verdad, subraya la utilización del bloqueo como pretexto.

Este señor, devenido vocero anticubano de última generación, rechaza tajante un posible diálogo Cuba-EE.UU. Otra reacción de Gutiérrez es impensable, pues su mentalidad prepotente e imperial lo incapacita para disponerse a conversar en condiciones de respeto e igualdad con quienes considera inferiores.

Pero donde este Míster toca fondo en el ridículo es cuando asume la pose de Gurú de los cubanólogos, y presenta a los cubanos de hoy como "los trabajadores de la última plantación de América Latina."

Lamentable ingenuidad la del flamante Secretario de Comercio. En este caso peca por ignorante y no de mala memoria, pues él era apenas un niñito cuando en Cuba las plantaciones de la United Fruit, el King Ranch y otras explotaban brutalmente a decenas de miles de obreros rurales, obligados a trabajar por salarios de hambre y a vivir en bohíos miserables, sin la menor asistencia social.

Ignora igualmente a las más de 100 mil familias de aparceros, precaristas y arrendatarios, precisados a laborar de sol a sol sobre una tierra que no era suya y sobre quienes pendía la amenaza permanente del desalojo cuando así conviniera al terrateniente.

En Cuba, con seis millones de habitantes en la misma época en que Gutiérrez nació, había un millón de analfabetos totales y otro tanto funcionales; el 20 por ciento de la población en edad laboral estaba desempleada y unos 600 mil trabajadores vinculados a la producción azucarera solo trabajaba tres meses al año, y apenas sobrevivía el resto, sumidos en el llamado "tiempo muerto", término del que, con toda seguridad, mister Gutiérrez no ha oído hablar jamás.

¡Da pena este personaje aliado de la mafia, en su papel de redentor! Se le puede recomendar, para ayudarlo a salir del mar de falsedades donde está sumido, que lea la investigación sobre la realidad cubana realizada en 1954 - un año después de su nacimiento - por la Agrupación Católica Universitaria.

Demasiado sería pedirle la lectura del alegato de autodefensa pronunciado por Fidel Castro durante el juicio por el Asalto al Cuartel Moncada, aunque resultaría lo más conveniente.

Agencia Cubana de Noticias